Autor: Romero Roldán, Emilio. 
   A Gutiérrez Mellado     
 
 El Alcázar.    11/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

A GUTIÉRREZ MELLADO

por EMILIO ROMERO

Oí por primera vez su nombre en casa del social-demócrata Antonio Garda López. Eramos cuatro a la

mesa: los otros dos fueron, nada menos, Adolfo Suárez y Dionisio Ridruej o. Vivía Franco. El presidente

del Gobierno era Arias Navarro, y ese almuerzo tenia las bendiciones de Fernando Herrero Tejedor,

ministro del Movimiento. Las cosas más sobresalientes de aquella conversación fueron éstas: Dionisio

dijo que "el Régimen estaba muerto, y con los muertos no se pactaba". (Adolfo y yo no íbamos a pactar

nada, sino a abrir la primera conversación con la oposición moderada). García López informó que había

seiscientos oficiales implicados en la Unión Militar Democrática (yo bajé la cifra a trescientos solamente,

para quitar triunfalismo catastrófico a García López), Dionisio señaló que las conversaciones de la

socialdemocracia con militares de alta graduación eran frecuentes, y entonces mencionó a cuatro tenientes

generales, o sus representantes. Pero como Ridruejo está muerto, renuncio a dar sus nombres, porque no

puede confirmarlo. Si viviera, lo baria, porque Dionisio era un personaje de una pieza. Tampoco se

trataba de conspiraciones, sino de porosidades para oír, para no cerrarse en banda, y hasta para coincidir

en determinadas cosas. Eso que se llama el placer de la conversación. Pues bien, el nombre de Gutiérrez

Mellado salió a relucir con admiración en ese almuerzo. Un buen día, y en una cena en casa de los condes

de Romanones, pregunté por usted a mi admirado amigo el teniente general Diez Alegría, y me dijo las

mejores cosas. Entonces, reflexioné purísimamente: "Son de la misma cuerda". Como eran de la misma

cuerda García Rebull e Iniesta. No hago juicios de valor, sino que clasifico, a la manera de los botánicos.

En el Estado Mayor parece que están los cerebros de las Fuerzas Armadas. Son los científicos de la

guerra, y los detectadores de la subversión; los estudiosos de los Ejércitos, los especialistas de los teatros

de operaciones, los grandes titulados en la ciencia y en el arte militar. Los otros son los realizadores, los

de los ríñones, los que hacen la güera, los que mandan fuerzas, sin perjuicio de que muchos de éstos

alcancen los diplomas académicos del arte militar. El Estado Mayor tiene la organización y la

información.

Hay dos grandes instituciones, en las que he entrado insuficientemente, y no por falta de gusto, sino

porque he sido un deficiente estratega social: la Iglesia y el Ejercito. No he cultivado a obispos y a

generales, y así me ha crecido el pelo. He admirado, sin embargo, a muchos de ellos. Mi sentido critico de

escritor me ha impedido el besamano o el besabotas. Pensaba que ellos mismos se compadecerían mucho

del lameculismo seglar o civil. Una vez fui a ver a don Camilo para interceder por un redactor del

periódico que yo dirigía, y a quien un gobernador había metido en la cárcel. Don Camilo me recibió

solemne y distante, y me dijo de entrada: "Nuestra conversación va a consistir en dos monólogos. Primero

habla usted lo que crea necesario. Pero cuando hable yo, no me interrumpaa". Me encogió un poco el

método, y largué mi speech. Después tomó la palabra don Camilo, y empezó asi: "Cuando el Caudillo me

hizo el honor de nombrarme ministro de la Gobernación, dejé el caballo a la puerta de esta casa..." Y le

interrumpí. Mi condición de escritor político me obligó a cortar al ilustre general con estas palabras:

"Pues el gobernador se ha montado en su caballo y se lo ha llevado". Y es que la carrera de político es

otra. En el toreo es "parar, templar y mandar". En la política es sonreír, encajar y abrazar". O esto otro:

"Paso de buey, vista de halcón, diente de lobo y hacerse el bobo". Confieso que he intentado todo, y no

me sale nunca lo de hacerme el bobo.

El caso es que yo conocía más a los obispos apostólicos y a los militares de guarnición que a los otros.

Los obispos Argaya y Cirarda, que eran "contestatarios", me querían. Argaya fue conmigo hasta

emocionante. Nunca había oído hablar, sin embargo, de Vuestra Excelencia. Cuando me señalaron que

estabais en el ala liberal del Ejército, entonces busqué su biografía. En España, desde don Fernando VII

hasta don Juan Carlos I -^siglo y medio—, el Ejército y la política no han sido cosas diferentes. Sus

compañeros le llamaban a usted familiarmente "Guti". Podríais hacer.un libro apasionante y estáis en él

deber de escribirlo. No sería otro que el de su misión y sus acciones, en el servicio secreto durante la

guerra civil. Me dicen que entraba y salía usted de la zona republicana hacia la otra zona como Pedro por

su casa. Yo estuve en la zona republicana, casi un niño, y eso que hacía usted me parece asombroso.

Después, resulta que no habéis salido de los servicios técnicos y reservados del Ejército hasta que los

ascensos os obligaban a funciones esporádicas de mando directo. Sois como un cerebro militar de las

acciones .reservadas y de la organización. Por eso tenéis^ que saberlo todo. Podríais tener la radiografía

del país y de las Fuerzas Armadas, privilegiadamente. Su riesgo podría ser que sea más temido que

admirado.

Pero yo os quiero traer a mi terreno, porque a mí no me queda otro recurso que la técnica, que es el arte

militar de los guerrilleros, porque los que operamos por libre carecemos de estrategia o de Estados

Mayores. El Ejército que tenemos delante es el de la victoria de la guerra civil de 1939, y su cabecera

actual es la del Alzamiento de julio de 1936, que son los capitanes de entonces. La sublevación fue contra

el sistema político de la Segunda República —la--Constitución de 1931— contra el Frente Popular que

decidiera las elecciones a su favor en aquel célebre mes de febrero. El militar de la conspiración fue

Mola; el de la victoria fue Franco; el de la información y espionaje fue Ungría, a cuyas, órdenes estabais.

Las derechas españolas católicas, los monárquicos, los tradicionalistas, los republicanos excluidos del

Frente Popular y los falangistas fueron el acompañamiento civil, político y combatiente del Ejército. El

protagonismo de aquello no estuvo en otras manos que en las de las Fuerzas Armadas.

¿Y qué pasó después? Calvo Sotelo se había anticipado. "El Ejército —dijo— es la columna vertebral de

la Patria". El Ejército fue, a lo largo de cuarenta años, la "columna vertebral" del Régimen. El Jefe del

Estado era militar; los ministros de la Defensa fueron siempre militares; los capitanes generales eran

siempre autoridades de más rango y respeto que las civiles en las áreas de las provincias; muchos

ministros políticos y otras autoridades eran militares, aunque fueran jurídicos y de otros servicios. El

Ejército era, realmente, la columna vertebral ¿Jue garantizaba el equilibrio de todo aquello que tenía el

Régimen de plural. Y para reforzar legalmente todo ésto, se le hizo responsable del orden institucional

mediante el artículo 37 de la Ley Orgánica del Estado.

Pero un buen día, tras la muerte de Franco, la Corona entiende que la reforma política no. debe ser

solamente corregir errores o defectos de marcha, adaptar legalidad a realidad, sino cambiar un sistema por

otro sistema; modificar las reformas y los métodos del poder y de la representación pública.´ Quería ser

una Monarquía de los vencedores y de los derrotados; del Régimen y de la oposición. Una Monarquía

igual a las otras Monarquías europeas. Entonces, a lo que parece, el teniente general Santiago y Díaz de

Mendívil puso sus reparos en algunos asuntos concretos. Era vicepresidente del Gobierno, y se marchó o

cesó. Otro teniente general, Carlos Iniesta, famoso legionario, antiguo director general de la Guardia

Civil, ex embajador en Argelia, consejero nacional y procurador en Cortes, felicitó a su compañero

Santiago a través de un periódico. Ya los dos se les instruyó un expediente ´por si hubiera motivos para

ser enfriados definitivamente en la reserva. Ya erais, Excelencia, vicepresidente del Gobierno en

sustitución de Santiago. Tengo la obligación, mi general —y por mi oficio— de segur los

acontecimientos, y tengo alguna memoria. A Santiago y Díaz de Mendívil le conocí recientemente, y

después de su célebre discurso de clausura del XI ciclo académico del CESEDEN. Allí lo detecté. Ese

acto lo presidió quien hoy es el Rey y que entonces era Príncipe de España. El tema era nada menos que

el de la formación de una conciencia nacional de la Defensa. Me interesaron estas palabras del -general:-

"Nuestras defensas exteriores están atacadas desde hace tiempo y siguen adelante los trabajos de zapa.

Casi están ya ocupando los hornabeques y las medias lunas del rito y del mito. Las galerías de mina están

alcanzando el foso y progresan hacia los baluartes de la doctrina. El mito tiene actualmente mal ambiente;

hay que "desmitificarlo" todo, someterlo todo al frío juicio de la razón. Destruyendo el rito, también se

puede llegar a destruir el dogma que sirve: el rito de adoración de rodillas refuerza el concepto de la

Divinidad; como el rito de saludo militar refuerza el de la disciplina. Pese a los avisos que dan los

escuchas propios, que no apartan el oído de los geófonos, hay muchos en el recinto de la seguridad de la

plaza que se aferran a la creencia de que se trata de falsas alarmas, de temores infundados de pesimistas.

Incluso dentro de la plaza hay buen número de agentes del agresor, hábilmente disfrazados con los

mismos ropajes del defensor, que contribuyen a reforzar ese sentimiento de confianza y suicida seguridad

y que son siempre voluntarios para hacer guardia a la puerta de ´los polvorines".

¿Su documentación, admirado general, es parecida a la de Santiago? Santiago era el director de ese alto

organismo multar. Tenía en sus manos la documentación de la ~ guerra subversiva, y todas las demás

guerras. Tenía un gran prestigio militar. Usted ha sido uno de los grandes cerebros del Estado Mayor, que

es algo más que una alta academia militar. Todos sabían que su paso por Ceuta y por una Capitanía

General era un paseo militar de escalafón. Su destino era más alto ¿Dónde estaba el impulso? Salvador de

Madariaga, desde un periódico americano, respiró con su nombramiento.A continuación, el. presidente

Suárez llamaba a las autoridades militares de más rango en el país y les informaba de la reforma política.

Parece que el presidente estuvo suasorio, convincente y eficaz, y hasta los más temidos por sus

identificaciones personales con el franquismo puro —en la opinión de la gente— como Merry, Mateo

Prada, y otros, salieron tranquilos o tranquilizados de Castellana, 3. Los ministros militares del Gabinete,

Pita, Alvarez-Arenas, Cuadra y. después Franco, estaban complacedores. De ahí para abajo, refunfuñaban

o murmuraban muchos. El Ejército había hecho una profunda rectificación histórica. Eso que se había

definido —con muchas defunciones— como el espíritu del 18 de Julio se había evaporado. Quedaba el

edificio del Régimen, como un palacio antiguo, pero estaba siendo desamueblado. (Después del 15 de

diciembre ya es pura ruina). Estábamos, más o menos, como después de % dictadura del general Primo de

Rivera y de su muerte eÜ París. Con un Gobierno gestor de la transición, Con .una liquidación de los

exilios o los destierros y con ´una diferencia: esta vez la Monarquía no era la que aparecía gastada, sino

que era quien hacía la operación y mediante una audiencia suprema. ¿Por qué? Porque todos los que

estaban fuera, y a quienes se invitaba a venir al redil, eran republicanos. Y los que estaban dentro y eran

en su mayor parte monárquicos, por Decreto y por instinto de conservación o por recomendación dé

Franco, levantaban sus ojos al Rey y venían a decirle: "No es esto, no es esto", que es lo que dijo Ortega

al régimen republicano de abril.

Desde mi condición de observador, o de espectador, de los hechos políticos, e_l suceso capital es que el

Ejército ha renunciado a su identidad política, ha dejado de representar su gran mecanismo oseo de

equilibrio de toda la nación y, por supuesto, ha llevado al almacén de los tópicos eso de la "columna

vertebral" de España. El eje de gravitación de la política se ha desplazado al Monarca, y al pueblo

representado en el Parlamento.

Al Ejército se le prepara para "profesionalizarse" y no para "involucrarse". Pero para alcanzar ese objetivo

—si es que lo fuera— tendrán que marcharse los militares de las responsalibilidades del Gabinete

ministerial, o del Gobierno. O se está en la política, o se está fuera de ella. Los Gobiernos en la

democracia nacen de la voluntad general representada en los partidos. Los militares, si se profesionalizan,

no pueden estar en los partidos, y por ello no podrán ser vicepresidentes, o ministro, u otros cargos,

porque los programas de los Gobiernos son programas de partido, y la responsabilidad de los Consejos de

Ministros es colegiada. Únicamente podrán alcanzar los militares la condición de funcionarios

administrativos o técnicos en los Departamentos de la Defensa, y con cualquier ministro, de cualquier

partido.

Las sanciones a los generales Santiago e Iniesta resultó una grave contradicción; Resulta que se les abría

expediente por sus manifestaciones políticas. ¡Pero si eran .políticos! - Santiago envió su célebre

comunicación como ex vicepresidente del Gobierno. Iniesta Cano es consejero nacional. Y quienes

ordenaban la apertura de ese expediente eran políticos en activo, como Vuestra Excelencia —

vicepresidente del Gobierno— y los ministros militares. La confusión es siempre lo peor. O errar, o quitar

el banco. O se está dentro, o se está fuera. Ño se puede decir que los militares no se involucren en la

política ni. hagan declaraciones si son ministros, subsecretarios, o gobernadores, o consejeros nacionales

o procuradores en Cortes.

Cuando aparecieron los tecnócratas abundantemente en los Gobiernos pasados, algunos de ellos, como

Alberto Ullastres, afirmaría más de una vez que no era político, sino catedrático. ¿Pero se pueden asumir

las responsabilidades del poder, y en el servicio ideológico de un sistema político, o de una Constitución,

sin identidad? Esto podrá ser cómodo, pero no es admisible. Quien regenta un Ministerio o una alta

función pública se moja. Y donde el país se moja hasta el cuello es en la democracia. En la denwcracia no

se salvan de la mojadura ni los que se abstienen. La Iglesia de ahora —por ejemplo— no solamente

aparece mojada, sino encharcada. El otro día me decía el cardenal Tarancón que la Iglesia está en este

mundo, y que desde este mundo —y no desde otro— se alcanza el trasmundo. Esa es, realmente, la

Iglesia apostólica.

Pero, ¿y el Ejército? Estaba bien mojado con su Alzamiento de julio del 36, frente a Socialistas,

comunistas e izquierdistas. Todos ellos perdieron aquella guerra, y los supervivientes, y -los nuevos

adeptos, se fueron a las catacumbas, y eran como partisanos en la vida social. Ahora han salido todos y ya

negocian con el Gobierno la concurrencia política. Han venido con los viejas himnos, las viejas ideas y

los fervores antiguos. El Ejercito representado en el Consejo de Ministros ha dicho que sí a este regreso.

El Ejército, representado en el "banco azul" de las Cortes Españolas, votó afirmativamente aquello que

condenó a lo largo de cuarenta años: el sufragio universal, los partidos políticos y la democracia liberal y

parlamentaria. ¿Qué no todos los militares piensan como los ministros militares y su vicepresidente

actual? Esto es sabido. Pero las Fuerzas Armadas donde aparecen representadas, o titularizadas, es en los

organismos ministeriales, y públicos, de la Defensa.

El propósito ahora está orientado a que el Ejército no se moje. Hay que liberarlo del compromiso de las

distintas opciones políticas. Hay que descomprometerlo de las ideas y ponerlo en la zona del concepto

país, o nación, o patria, y en la subordinación al Gobierno de turno, que títulariza la soberanía nacional

¿Tampoco con Su Majestad el Rey, que es el capitán general del Ejercitó? El Ejército no se mojó con el

Rey en 1931 después de haberse mojado hasta el cuello con la dictadura. Si no se mojara, grave asunto,

porque tampoco se ha mojado el pueblo con el Rey en el proyecto de Reforma Política aprobado en

referéndum —puesto que no se le ha pedido—; y no se sabe si se va a mojar después de las elecciones,

porque nadie sabe lo que va a salir de la prestidigitación electoral. Solamente se sabe hasta la fecha que el

pueblo es soberano. Lo que no se sabe todavía es que el soberano sea pueblo. Mire, general, esto se le ha -

escapado a Suárez en el texto de la Reforma.

Pero, a lo que íbamos. Se puede "profesionalizar" el Ejército por una reorganización de las Fuerzas

Armadas, que ya está en marcha. Lo que va a ser difícil en nuestro país es "despolitizar" a los militares.

Todavía no es posible. Lo que ya es evidente es que todos podemos tener un puesto en la mesa. La

liquidación de los exilios es un gran objetivo nacional. Únicamente se trata de saber lo que se hace debajo

de la mesa, porque la democracia es como una mesa camilla con faldas, y con un brasero dentro. Las

gentes meten la mano para calentarse; y nunca se sabe.

 

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