Ejército y política     
 
 Diario 16.    07/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ejército y política

Establecer un régimen democrático basado en una sociedad pluralista es una empresa compleja que no se

resuelve simplemente con leyes o instituciones nuevas. Son precisos además cambios de genialidad y de

actitudes a todos los niveles y en lodos los sectores. También al Ejército le afecta este proceso de

adaptación, pues no son los mismos el papel y las funciones de las Fuerzas Armadas en un sistema

democrático que en otro que no lo sea. Los discursos pronunciados,por los ministros militares con motivo

de la tradicional Pascua militar suponen, en este sentido, un importante progreso en la tarea de elaborar

una doctrina militar para las Fuerzas Armadas en esta etapa de la transición a la democracia.

En los sistemas democráticos propios de las sociedades industrializadas, uno de los axiomas

constitucionales es la neutralización política de las Fuerzas Armadas. El Ejército deja de ser una fuerza

política y sé convierte en un instrumento profesionalizado sometido al poder civil. La tradición francesa

de la grande muette es una de las expresiones más características de esta actitud que, sin embargo,

encuentra en los países anglosajones su concreción más lograda. La heteronomía de las Fuerzas Armadas

es la clave de esta situación. Aunque se atribuyan a los militares funciones distintas de la típica defensa

exterior, como lo sería una hipotética intervención antisubversiva, la decisión ha de ser tomada por una

instancia política no militar, quien determina además el modo, extensión y duración de la acción de las

Fuerzas Armadas.

Cuarenta años de régimen autoritario y de halagos continuos ^al Ejército considerado como "columna

vertebral" del sistema habían hecho perder de vista aquí algunos de estos principios, llegándose a atribuir

a las Fuerzas Armadas, al menos tácitamente, una función arbitral y de interpretación política

incompatible con su naturaleza profesional. La fórmula de la ley Orgánica que asigna a las Fuerzas

Armadas la función, entre - otras, de la "defensa del orden institucional", fue así interpretada por algunos

abusivamente como si correspondiera a los militares conceder o negar un visto bueno vinculante a las

eventuales transformaciones políticas. El reciente caso de los dos generales y la polémica sobre el

significado de los juramentos responden a esa mentalidad. Se convertiría así a las Fuerzas Armadas en

una especie de superpoder político de difícil encaje en una democracia.

Afortunadamente la conducta de la inmensa mayoría de los militares españoles y en concreto dé los altos

mandos ha ido por un inequívoco camino de realismo y comprensión de la coyuntura política que vive

nuestro pueblo. La subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil acaba de ser recordada en

expresivos términos por el vicepresidente Gutiérrez Mellado y por el ministro del Ejército, aclarando así

las dudas de quienes, como secuela del viejo régimen, comprendían el sometimiento al Rey en cuanto

primer soldado de la Patria, pero no acababan de entender la supremacía política y, por tanto, del

Gobierno y su presidente.

La fórmula de Gutiérrez Mellado del Ejército como "factor de estabilidad en toda circunstancia y en

especial en momentos de profunda evolución política y social", es una buena síntesis de esa nueva

filosofía militar. Ahí está uno de los elementos fundamentales que garantizará la consolidación de la

democracia. Desde esa base se puede iniciar una política militar de nuevo cuño. Un único Ministerio de

Defensa y una adecuada atención a las necesidades operacionales y profesionales de las Fuerzas Armadas

son algunos de los objetivos que deben ser alcanzados por mayor urgencia.

 

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