El silencio de las fuerzas armadas     
 
 Ya.    08/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

8-I-77

EDITORIAL

El silencio de las fuerzas armadas

POCAS veces un imple estar, un disciplinado estar, un discreta estar, ha hecho más por un país. Estas

palabras ajenas que hacemos nuestras ponen de relieve lo que ha significado la conducta de las fuerzas

armadas durante el año que ha terminado. El mejor, premio a esa conducta han sido las palabras que el

Rey les ha dirigido en la celebración de la Pascua Militar.

EL Rey ha reconocido las dificultades: "La disciplina—ha dicho—, difícil de conservar en algunas

circunstancias"; "en ocasiones —ha insistido—resulta especialmente duro eI ejercicio de la lealtad".

Cuando se produce una modificación tan profunda como la de ahora, que pone término a un dilatado

período histórico e inicia otro, inevitable, pero lógicamente incierto, es natural que se produzcan dudas,

que a veces surja incluso el movimiento impetuoso de protesta; pero es entonces cuando la reflexión debe

sobreponerse a lo que parece irreprimible y, sobre todo, la apelación a los principios mencionados de

disciplina y de lealtad a quienes, encarnan la autoridad del Estado y llevan la responsabilidad del difícil

y—repetimos—inevitable cambio.

LA consecuencia es que las fuerzas armadas se coloquen donde deben estar: no en el plano mudable y

contingente de la política, no en el debate a nivel de grupos o partidos, sino en el plano de los grandes y

permanentes intereses nacionales, como ese gran factor de estabilidad que señaló en el acto citado el

vicepresidente del Gobierno teniente general Gutiérrez Mellado. Expuso éste también las medidas

concretas que de esos principios de profestonalización y despolitización se derivan. Una ha sido ya

tomada: la atribución a la jurisdicción ordinaria de la competencia sobre los delitos de terrorismo. Deben

seguir la revisión del Código de Justicia Militar, la regulación de los condicionamientos y limitaciones

para la actividad política de los componentes de las fuerzas armada» y las medidas que, dentro del marco

de la anunciada ley orgánica de la defensa, expresen la indispensable unión moral, da doctrina y de acción

entre los tres Ejércitos.

ALUDIO también el vicepresi-dente a la gran tentación del abuso de poder. En muchas ocasiones hemos

expuesto nuestra opinión, que no es sino la que hace más de un siglo exponía Balines: el poder civil no es

flaco porque el poder militar sea fuerte, sino al contrario: el poder militar es fuerte cuando el poder civil

es flaco. Y esto sucede no por avidez, sino por lo que un historiador como el norteamericano Payne expo-

ne como conclusión de su largo estudio sobre los militares y la política en la España contemporánea: el

Ejército se convirtió en factor político fundamental no tanto por ambición como porque se creó un vacío

de poder que alguien tenía que llenar.

UN poder que esté en su sitio tendrá siempre a su lado unas fuerzas armadas que estén igualmente en el

suyo. Este es el caso hoy.

 

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