La Pascua militar en el Palacio de Oriente. 
 "Mantengámonos unidos y coordinemos nuestros esfuerzos"     
 
 Ya.    07/01/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 57. 

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INFORMACIÓN NACIONAL

7-I-77

La Pascua militar en el Palacio de Oriente

"Mantengámonos unidos y coordinemos nuestros esfuerzos"

El Rey dijo en su alocución a las Fuerzas Armadas que la disciplina debe ser el elemento más firme en

que se tienen que apoyar nuestros Ejércitos • Hemos de estar prevenidos contra la tentación y el engaño •

Él vicepresidente primero del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, ofreció al Rey lealtad,

honestidad y eficacia • Las Fuerzas Armadas constituyen un importante factor de estabilidad en

momentos de profunda evolución política y social • Queremos que la unión moral, dé doctrina y de acción

conjunta de los tres Ejércitos sea realidad palpable • Habrá que reconsiderar los tiempos mínimos de

permanencia en filas, siempre que se garantice el grado suficiente de instrucción

´La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que

se tienen que apoyar nuestros Ejércitos. Sin ella no es posible la acción de mando. El principio de

autoridad debe prevalecer en todo momento y circunstancia. Ño debemos concedernos flaquezas ni a

nosotros mismos ni permitirlas en nuestros subordinados. Pero la disciplina debe estar basada en el

espíritu de justicia, en el prestigio del mando y en el ejemplo. Cuando se manda hay que hacerlo de forma

justa y buscando el mejor servicio", dijo Su Majestad el Bey a los militares españoles en el acto de

recepción de la Pascua militar, celebrada en el Palacio Real.

A las diez cuarenta y cinco hicieron su entrada los Reyes de España en Palacio por la plaza de la Armería.

En el centro de la plaza «e bailaba formada una compañía del regimiento de la Guardia con bandera,

banda y música, así como una sección del escuadrón de caballería de la Guardia con batidores, a cuyas

fuerzas Su Majestad pasó revista.

Una vez en el interior del Palacio, Sus Majestades el Rey y la Reina recibieron en audiencia al consejo de

administración del Patrimonio Nacional, presidido por el marqués de Mondéjar; al Gobierno en pleno,

presidido por don Adolfo Suárez, y al Consejo del Reino, presidido por don Torcuato Fernández Miranda.

A continuación, Sus Majestades accedieron al salón del trono, en donde don Juan Carlos I procedió a la

imposición de condecoraciones concedidas con motivo de la Pascua militar. Inmediatamente después, el

vicepresidente primero del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, pronunció un discurso, en el

que dijo, entre otras cosas:

"Halléis cargado sobre la Monarquía la gran misión de asegurar los derechos húmanos en el orden y la

paz y que se llegue a establecer una verdadera justicia social, con equitativa distribución de cargas y

beneficios.

Sabemos de vuestro empeño para que nuestra sociedad sea cada vez más próspera, más alegre, más

auténticamente libre, con participación de todos los españoles en cuantos asuntos afectan a la comunidad

ya. la determinación de nuestro futuro político, orientado todo ello a nuestro bien común.

Lealtad, honestidad y eficacia

Os ofrecemos, entre otras cosas, lealtad, honestidad y eficacia. Contad con toda seguridad con las dos

primeras y COR nuestra promesa firmé de mejorar continuamente la última,

— Lealtad, adjetivada de entusiasta y consciente. Tenemos el convencimiento de la absoluta ne-

cesidad de que exista la lealtad del soldado hacia su jefe; pero está se ve reforzada por el entu-

siasmo y la razón cuando el que manda reúne las cualidades a las que el militar rinde culto por encima de

todo; es decir, entrega total a la Patria, sin miras personales; valor y serenidad; honradez y

ejemplo.

— Lealtad, además, basada en la disciplina, en la unión de los ejércitos y en la confianza «n los mandos.

Disciplina igual para todos los grados y niveles de mando, que rechace, entre otros, el grave pecado de la

soberbia y la gran tentación del abuso de poder. En su mantenimiento a ultranza no podemos tener el

menor desfallecimiento.

Unión que rechace el rumor, la insidia, la crítica malévola o la murmuración, según sabiamente prevén

nuestras inmortales ordenanzas.

Os ofrecemos también honestidad, para que toda Ja nación sienta que sus ejércitos son, ante todOj una

religión de hombres honrados, como los definió Calderón. Ello supone:

— Una actuación en los actos de servicio y en los de la vida privada presidida siempre por el

ejemplo, la responsabilidad y una vocación sin dudas ni vacilaciones.

— Una dedicación absoluta ni. servicio de las armas, sin desviación alguna que pueda afectar a la

esencia de las fuerzas armadas, aceptando las limitaciones que sean precisas fuera del ámbito militar, al

mismo tiempo que nos esforzáremos en asegurar a todos sus componentes una situación adecuada al

ámbito social en el que deben vivir durante su servicio activo, cuando se retiren y para sus familias

cuando ellos falten.

Por,último, os prometemos mejorar continuamente la eficacia de nuestras unidades. Fin primordial en los

ejércitos en tiempo de paz y de guerra, ya que el no conseguir el máximo en aquélla, proporcionada a los

recursos que la nación nos entrega, sería grave culpa y responsabilidad.

PROBLEMA A SUPERAR

Por otra parte, señor, bien sabéis que para todo militar no cabe mayor frustración que el que pueda

considerar que la capacidad operativa de su unidad no alcanza el nivel deseado y necesario.

Señor, los ejércitos se enfrentan con importantes" problemas, pero tienen la decisión firme de superarlos

pronto y bien.

No es el momento de desarrollarlos, pero sí os podemos adelantar las grandes líneas que estamos

siguiendo para conseguir nuestro fin:

— Queremos, señor, que vuestros ejércitos, los ejércitos de España, puedan cumplir su misión

constitucional siendo servidores del Estado y garantía de los valores permanentes de la Patria, cooperando

al logro de los grandes objetivos nacionales.

Creemos que así las fuerzas armadas constituyen un importante factor de estabilidad en toda circunstancia

y en especial en momentos de profunda evolución política y social. Son como salvaguarda del Estado,

garantía de que toda evolución necesaria se cumpla dentro de la legalidad, con respeto a la norma

fundamental Se convivencia, sin quebranto del cuerpo social ni mengua de las legítimas apetencias de

progreso y bienestar, dentro de un orden que equilibre la libertad y la justicia.

Desde su puesto serán centinelas de paz, fuertes en su cohesión y con su disciplinas pero sin entrar en lo

que, por ser opinable, es objeto de debate a nivel de grupos o de partidos.

Queremos también, Señor, que las fuerzas armadas sean un eficaz instrumento de nuestra política

exterior, constituyendo en si mismas un decisivo factor de disuasión contra todo lo que pueda atentar a la

seguridad, anidad e Independencia de la Patria. Pero, al mismo tiempo, capaces de cooperar eficazmente

con las fuerzas del mundo libre en defensa de la paz.

Creación de organismos superiores conjuntos

— Queremos, señor, que la unión moral, de doctrina y dé acción conjunta de los tres ejércitos sea

realidad palpable, suprimiendo, reajustando y modificando cuanto sea necesario, respetando todas las

tradiciones esenciales, pero dentro ´de las normas estrictas que lleva consigo el concepto de coste-eíica-

cia. Se irán sentando así las bases para que en el momento oportuno pueda ser considerada la creación de

aquellos organismos superiores conjuntos que exige la defensa nacional en analogía a lo existente en las

naciones más adelantadas.

I/a reciente decisión del Gobierno de S. M. de crear una comisión delegada para asuntos militares, cuya

primera reunión, bajo la presidencia del presidente del Gobierno, ha tenido logar hace cuarenta y ocho

horas, ha demostrado claramente la decisión del Gobierno de dar una prioridad a la resolución urgente de

los problemas que afectan a nuestras fuerzas armadas.

La actuación del Gobierno pretende ser desarrollada en dos acciones simultáneas.

Una, con la adopción de medidas limitadas argentes; otra, con una planificación a largo plazo.

Así, dentro de la primera, Be han promulgado ya, o están a punto de que se hagan, las siguientes

disposiciones fie diferente rango:

— Las correspondientes a la configuración de ios cargos de los Jefes de E s ta d o Mayor, de los

Ejércitos de Tierra y Aire, la Junta de Jefes de Estado Mayor y Consejos Superiores de los Ejércitos.

— La que resuelve el problema de los objetores de conciencia por motivos religiosos.

— La que determina lo» condicionamientos y limitaciones para la intervención en actividades políticas

de los componentes profesionales o no de las fuerzas armadas.

—La que realiza la reorganización del EMC del Ejército yi como consecuencia, la general de dicho

Ministerio.

— Las que actualizan, regulan y mejoran las diversas escalas de los Cuerpos de Suboficiales y Es-

pecialistas de los Ejércitos de Tierra y Aire.

— La que cubre las necesidades financieras de los Ejércitos en un período mínimo de tiempo que permita

continuar sus planes de dotación y armamento.

—La revisión de la jurisdicción militar y consiguiente del Código de Justicia Militar, adaptándola a la

época actual que vivimos y que se apunta para el futuro.

— Y, por último, la ley Orgánica de la Defensa, que asegure una atribución racional de misiones y

responsabilidades a los altos organismos y autoridades del Estado y de la Administración. en materia tan

importante.

Planificación a medio y largo plazo

Pero paralelamente, como queda dicho, en una segunda línea de acción es preciso realizar una pla-

nificación a medio y largo plazo, seguida de la programación y presupuesto anuales que permitan

configurar unas fuerzas armadas modernas y eficaces, capaces de responder al desafío que supondrá la

década de los años .ochenta.

Ello implicará:

— La definición clara y terminante de nuestra política de defensa como parte integrante (le nuestra

política general.

— La actualización constante de nuestra política militar de acuerdo con las circunstancias cambiantes de

cada momento que definan la situación Internacional.

— La fijación de los objetivos de fuerza que habrá que lograr como consecuencia de lo anterior en

un plan conjunto y armónico de nivel nacional.

— Lareconsideración de los tiempos mínimos de permanencia en filas que necesitan nuestros soldados,

asegurando siempre el grado necesario de instrucción y la capacidad operativa de nuestras unidades.

— La puesta al día en evolución constante de nuestros centros de enseñanza a todos los niveles para

lograr el mayor nivel de efectividad con los menores costos en tiempos y medios.

— La reorganización completa de nuestras industrias e investigación tecnológica relacionada con la

detensaj así como la creación de los organismos necesarios que permitan una política definida a largo

plazo en el sistema de adquisiciones en el exterior o cofabricaciones con apoyo de naciones amigas,

constituyendo un factor decisivo para el relanzamiento y desarrollo de nuestra economía.

— La Instauración y desarrollo de una amplia y generosa política de personal que asegure la im-

prescindible satisfacción Interior de los Ejércitos y que afronte valientemente todos los aspectos esen-

ciales de la misma, sobre todo en el económico y social.

Y antes de terminar, señor, un último ruego: Las fuerzas armadas os suplican que S. A. Real el Príncipe

don Felipe sea alistado en el Regimiento Inmemorial del Rey, y en las unidades que se señalen de la

Armada y del Ejército del Aire, y si es posible siendo ya Príncipe de Asturias, en espera de que su edad le

permita jurar la sacrosanta bandera de la Patria.

PALABRAS DEL REY

A continuación, S. M. el Rey pronunció las siguientes palabras:

Agradezco las palabras de adhesión que acabáis de pronunciar que responden a la actitud permanente de

servicio a España, característica de las Fuerzas Armadas y que expresan el propósito de conseguir una

mayor eficacia para nuestras unidades.

Me cabe hoy la satisfacción de reunirmg con vosotros, mis compañeros de armas, en una festividad tan

significativa y tradicional como es la de la Pascua Militar. El rey darlos III sintió el deseo de expresar a

sus tropas su afecto y confianza de una, forma personal, sentimientos Que coinciden plenamente con los

míos en estos momentos.

Deseo hoy felicitaros y, al mismo tiempo, exhortaros a seguir por el camino del deber, del honor, de la

disciplina y de la lealtad.

Me siento orgulloso de mandaros y sé con cuánto entusiasmo y abnegación os entregáis a, esa labor

maravillosa de formar soldados, que en definitiva son hombres que, al consagrarse por completo al

servicio de España, constituyen la, esencia misma de los valores patrios.

Estamos viviendo momentos delicados. El mundo en que vivimos está impregnado de materialismo y

parece como si las virtudes morales hubiesen pasado de moda. Todas las entidades sociales y las Fuerzas

Armadas son una impartantísima parte integrante de nuestra sociedad, necesitan inexcusablemente de una

estrecha vinculación a los principios éticos y espirituales.

Nuestra profesión exige una gran vocación. Es cierto que para el correcto desempeño de sus funciones los

ejércitos necesitan de unos medios modernos y eficaces, y por ello, dentro de nuestras posibilidades,

vamos a tratar de potenciar a nuestras Fuerzas Armadas. Pero no podemos olvidar que es el hombre,

vosotros, nuestros soldados, los que tienen que manejar esos medios, y de muy poco nos servirían si

nuestra moral estuviera decaída, o adormilada.

La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que se

tienen que apoyar nuestros ejércitos. Sin ella no es posi* ble la acción de mando. El principio de

autoridad debe prevalecer en todo momento |/ circunstancia. No debemos concedernos flaquezas ni a,

n&sotros mismos ni permitirlas en ««estros subordinados.

Pero la disciplina debe estar basada en el espíritu de justicia, en el prestigio del mando y en el ejemplo.

Guando se manda hay que hacerlo de forma justa, y buscando el mejor servicio.

Somos profesionales del honor y la caballerosidad. Debemos sentirnos orgullosos del pasado histórico y

la tradición de nuestros ejércitos y no podemos traicionar ese legado de elevado contenido espiritual del

que somos depositarios y que debemos transmitir a las generaciones futuras.

En ocasiones resulta especialmente duro el ejercicio de la lealtad, pero es entonces cuando adquiere su

grandeza y constituye el complemento insustituible del espíritu de disciplina que debe animarnos a todos.

El camino difícil a seguir, cuando recibimos una orden que contraría nuestro sentir, se recorrerá con

satisfacción interior si pensamos que lo que estamos realizando lo hacemos de tina forma

despersonalisada, por -una causa superior, por el bien de nuestra Patria, a la que hemos jurado defender y

a la que nos hemos entregado por completo.

Mantengámonos unidos, coordinemos nuestros esfuerzos, no nos dejemos intimidar por aquellos que

desearían con buenos ojos vernos caer en el desaliento, la desmoralización y la desunión. Somos fuertes,

pero vivimos en un mundo ciertamente difícil y hemos de estar prevenidos contra la tentación y el

engaño.

- Os repito mi felicitación en tan señalado día; me alegra compartir este rato con todos vosotros y,

creedme, vuestro Rey os tiene muy cerca de su corazón, porque sabe vuestro valer, vuestra abnegación y

vuestro espíritu de servicio´ u España.

¡VIVA ESPAÑAi

 

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