Celebración de la Pascua Militar ; El Rey, a las Fuerzas Armadas. 
 "Me siento orgulloso de mandaros"     
 
 Pueblo.    07/01/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

LA PASCUA MILITAR

El Rey, a las Fuerzas Armadas

"La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firmé en que

se tienen que apoyar nuestros Ejércitos"

«EN OCASIONES, RESULTA ESPECIAL. MENTE DURO EL EJERCICIO DE LA LEALTAD»

"No no dejemos intimidar por aquéllos que desearían con buenos ojos vernos caer en él desaliento,

la desmoralización y la desunión"

MADRID. (PUEBLO.) — Su Majestad el Rey contestó al vicepresidente primero del Gobierno con las

siguientes palabras:

«Agradezco las palabras de adhesión que acabáis de pronunciar, que responden a la actitud permanente de

servicio a España, característica de las Fuerzas Armadas, y que expresan él propósito de conseguir una

mayor eficacia para nuestras unidades.

Me cabe hoy la satisfacción de reunirme con vosotros, mis compañeros de armas, en una festividad tan

significativa y tradicional como´ es la de la Pascua Militar. El rey Carlos III sintió el deseo de expresar a

sus tropas su afecto y confianza de una forma personal, sentimientos que coinciden plenamente con los

míos en estos momentos.

Deseo hoy felicitaros y al mismo tiempo exhortaros a seguir por el camino del deber, del honor, de la

disciplina y de la lealtad.

• «ME SIENTO ORGULLOSO DE MANDAROS»

Me siento orgulloso de mandaros y sé con cuánto entusiasmo y abnegación 95 entregáis :a. esa. labor

maravillosa de formar soldados, que en definitiva son hombres que al consagrarse por completo al

servicio de España constituyen la esencia misma de los valores patrios.

Estamos viviendo momentos delicados. El mundo en que vivimos está impregnado de materialismo y

pai´ece como si las virtudes morales hubiesen pasado de moda. Todas las entidades sociales, y las Fuerzas

Armadas son una importantísima parte integrante de nuestra sociedad, necesitan inexcusablemente de una

estrecha vinculación a los principios éticos y espirituales.

Nuestra profesión exige una gran vocación. Es cierto que, para el correcto desempeño de sus funciones,

los Ejércitos necesitan de unos medios modernos y eficaces, y por ella dentro de nuestras posibilidades

vamos a tratar de potenciar a nuestras Fuerzas Armadas. Pero no podemos olvidar que es el hombre, vos-

otros, nuestros soldados, los que tienen que manejar esos medios, y de muy poco nos servirían si nuestra

moral estuviera decaída o .adormilada.

La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que se

tienen que apoyar nuestros Ejércitos. Sin ella no es posible la acción de mando. E! principio de autoridad

debe prevalecer en todo momento y circunstancia. No debemos concedernos flaquezas ni a nosotros mis-

mos, ni permitirlas en nuestros subordinados.

Pero la disciplina debe estar basada en el espirita de justicia, en el prestigio del mando y en el ejemplo.

Cuando se manda hay que hacerlo de forma justa y buscando el mejor "servicio.

Somos profesionales del honor y la caballerosidad. Debemos sentirnos orgullosos del pasado histórico y

la tradición de nuestros Ejércitos y no podemos traicionar ese legado de elevada contenido espiritual del

que somos depositarios y qué debemos transmitir a las generaciones futuras.

En ocasiones resulta especialmente duro el ejercicio de la lealtad, pero es entonces cuando adquiere su

grandeza y constituye el complemento insustituible del espíritu de disciplina que debe animarnos a todos.

El camino difícil a seguir, cuando recibimos una orden que contraría nuestro sentir, se recorrerá con

satisfacción interior si pensamos que lo que estamos realizando lo hacemos de una forma

despersonalizada, por una causa superior, por el ibien de nuestra Patria, a la que hemos jurado defender y

a la que nos hemos entregado por completo.

Mantengámonos unidos, coordinemos nuestros esfuerzos, no nos dejemos intimidar por aquellos que

desearían con buenos ojos vernos caer en el desaliento, la desmoralización y la desunión. Somos fuertes,

pero vivimos en un mundo ciertamente difícil y hemos de estar prevenidos contra la tentación y el

engaño.

Os repito mi felicitación en tan señalado día, me alegra compartir este rato con todos vosotros y, creedme,

vuestro Rey os tiene muy cerca de su corazón porque sabe vuestro valer, vuestra abnegación y vuestro

espíritu de servicio a España.

¡Viva España!»

Finalmente. Su Majestad el Rey ofreció una copa de vino español en el salón de Columnas a los asistentes

a la recepción.

 

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