Autor: Andoain, Luis de . 
   Sobre el ejército y la política     
 
 Informaciones.    08/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EJERCITO

Por Luis DE ANDOAIN

EN las últimas semanas se percibe en nuestra Prensa un notable in-cremeete de atención hacia el tema, de

las fuerzas armadas, abordado desde las más diversos pontos de vista, y en este aspecto no pueden faltar

referencias al marca de la política general de! país. El tema está en el ambiente, esto es indiscutible.

Existe «na línea argumental que na puede ser tachada «a priori» de incoherente: ía defensa nacional no es

asunto privativo de las fuerzas armadas; por ei contrario•, sa actuación en este terreno debe ir en perfecta

coordinación con los más altos órganos del Poder polííico.´Se deduce que su «apoliticismo» puede

constituir un serio inconveniente, porque para defender una situación o un ´esquema determinado, lo

primero que se necesita es sentirse perfectamente integrado e_n el ambiente, prestarle su asentimiento

convencido. Si nuestra Patria está empeñada en estos momentos en un proceso cié democratización para

homologar su sistema político al de los restantes; países del mando occidental, será preciso que los

cuadros de sus fuerzas armadas se sientan partícipes de esta ideología. La injerencia es clara: nuestros

Ejércitos deben ser renovados, adoctrinados, politizados, parque» al sentirse en buena parte identificados

con el Régimen de Franco, encontrarán dificultades para adaptarse a la nueva situación.

Para centrarnos en el tema, partiremos de un principio filosófico y de un ejemplo historie», lo

suficientemente alejado del momento présenle- como para no herir suspicacias. El primero puede ser

enunciad en los siguientes términos: la defensa, nacional, única razón de ser de las fuerzas armadas, tiene

un carácter permanente, mientras que un sistema político determinado no es más que un momento, un

breve paréntesis en el largo curso de la Historia de un país, y nunca lo permanente puede quedar

subordinado a lo temporal, Para ilustrar este razonamiento es para lo que recurrimos al siguiente ejemplo:

En los siete años transcurridos entre 1868 y 1875, nuestra Patria, atravesó las siguientes vicisitudes en su

sistema ideológico y político: Monarquía «moderada» de Isabel U, Regencia del general Serrano,

Monarquía parlamentaria de don Amadeo de Sar boya,"República Federal de Figaeras, Pi y Margall y

Salmerón, República unitaria de Castelar,, y Monarquía restaurada, basada e» la ideología liberal

conservadora de Cánovas.

Cualquiera de estas transformaciones supuso un cambio tan brusco, por lo menos, como el que implica el

paso de la democracia orgánica, preconizada por Franco, al de la Monarquía de don Juan Carlos. En aquel

período histórico —-cuya semejanza con el actual no- cabe descartar en buena ortodoxia liberal

democrática, cuando nos vemos; abocados a un periodo constituyente— el militar hubiera estado

constantemente al borde de la locura, de haber tenido que adaptar su ideología a la imperante de cada

período de aquellos siete años de pesadilla, a menos de haberse procedido a sucesivas renovaciones

totales de cuadros de mando, lo que equivaldría a desmantelar las fuerzas armadas, porque un Ejército —

y esto resulta más evidente en la época actual— es una organización tecaificada > compleja, imposible de

improvisar. De hecho, fueron muchos los militares ilustres que sirvieron fielmente a los diversos

regímenes, y es que ía defensa de la Patria está por encima de los sistemas políticos en el orden de valores

del militar

De todas formas, no podemos dejar de tener en cuenta la línea argumental de que nos ocupábamos al

principio, porque indudablemente resulta válida, al menos en sus premisas, y porque, si bien, como ya

hemos dicho, lo permanente no debe subordinarse a lo temporal, no es menos, cierto que no puede existir

contradicción entre ambos. ¿Cómo podemos, entonces, armonizarles?

El problema queda resuelto si admitimos que los dos únicos pilares ideológicos de las fuerzas armadas

han de ser el amor a la patria y la fidelidad a las leyes vigentes en cada momento, porque — aclarémoslo

debidamente—, si bien es cierto que entre la misión de las fuerzas armadas figura la defensa del orden

institucional, hay que recordar que esta defensa se refiere sólo a los intentos de conculcar ese orden por

medios violentos, y por tanto, arbitrarios y antidemocráticos, no a las modificaciones por los cauces

legales" establecidos, porque en ese caso la ley asi modificada pasa a formar parte del ordenamiento

jurídico vigente y será aceptada con el mismo, entusiasmo que las precedentes. De hecho, ese Ejército,

que algunos consideran «franquista», ha pasado a asumir la nueva ley de Reforma Política con el mismo

respeto con que acató las anteriores.

La ley, en su dimensión, objetiva, y sin subjetivismos ideológicos, es, y debe ser, por tanto, la única base

doctrinal de los Ejércitos,- complementada por la emocional de amor a la Patria. De esa manera podrán

actuar siempre de acuerdo en cada momento con las más altas instancias políticas. Su adscripción a una

ideología determinada, sólo contribuiría a crear dificultades para posibles cambios futuros, que, sin

embargo, han sido previstos por núestras Leyes Fundamentales, al dejar un cauce legal establecido para

su modificación.

En este supuesto, la total identificación de las tuerzas armadas en cada momento con las más altas instan-

cias políticas, y, por supuesto, con la voluntad de la nación, impone a agüellas tres condiciones indispen-

sables:

Primera. Que las leyes, se ajusten a los auténticos deseos y necesidades de la nación.

Segunda. Que el poder ejecutivo actúe con estricta sumisión a la legalidad vigente, máxime teniendo en

cuenta sus facultades, en cuanto a la iniciativa para la proposición de nuevas leyes.

Tercera. Qué el poder judicial extreme el celo en sií aplicación.

Peto estas condiciones constituyen precisamente los supuestos básicos del tipo de democracia a que

aspiramos, con lo cual no sólo se deshacen Jas posibles y aparentes contradicciones entre el Poder político

y Jas fuerzas armadas, sino que constituyen el único medio de que ambos actúen constantemente de

acuerdo con ¡a voluntad del pueblo, manifestada bien directamente, por medio del referéndum, o a través

de sus representantes, en las Cortes.

 

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