Autor: Eynde, J. van den. 
 Luis Jáudenes (presidente de Unión Regional Andaluza). En el período de transición. 
 No hay consenso     
 
 El Imparcial.    16/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Luis Jáudenes (presidente de Unión Regional Andaluza)

En el periodo de transición NO HAY CONSENSO

•• «Ideológicamente, la derecha está desvalida»

•• «La derecha no puede hacerse cómplice de situaciones de privilegio»

•• «Andalucía no siente la autonomía, siente el agravio»

• • «Hay más caciquismo en Cataluña o en las Vascongadas que en Andalucía»

LUIS Jáudenes, presidente de Unión Regional Andaluza, junto con ADE, de Silva Muñoz; UDC, de

Barros de Lis; UC, de Udina Martorell, tratan de favorecer una corriente de derecha progresista. Fue

director general de Relaciones Institucionales en el gobierno Arias. En 1962 promovió un llamado «grupo

institucional», cuyo reconocimiento legal fue denegado. En 1969, junto a Pío Cabanillas, Fanjul, García

Hernández y Leopoldo Calvo Sotelo, promovió Acción Política, cuyo funcionamiento también fue

denegado. Dimitió como director general y es abogado del Estado.

—¿A qué se debe la creación de la «gran derecha»?

-La razón de su necesidad obedece a que en España se está viviendo simultáneamente el tránsito de un

sistema personalista y autoritario a un sistema democrático y, al amparo de este fenómeno, la discusión

del sistema de sociedad al que va a enfrentarse España en los próximos años. Para dar respuesta a esto es

por lo que un grupo de hombres creemos necesaria la coordinación o coalición de las fuerzas

democráticas no marxistas. En definitiva, vamos a asistir a una discusión entre un modelo inspirado en

principios marxistas y otro inspirado en lo que yo denomino social humanista.

—Lo cierto es que la derecha tiene un cierto desvalimiento.

—Ideológicamente la derecha está desvalida. Hay un maniqueismo de la izquierda que se apropia de

conceptos comunes a todo hombre, cualquiera que sea su ideologia, justicia, libertad e igualdad, de los

que la izquierda ha hecho bandera patrimonial y pretende colocar a la derecha en una pura conservación

de intereses, de privilegios, si bien esta derecha ha dado motivos para que se piense así de ella. La

derecha tiene que plantearse seriamente su propia utopía, en la que es compatible la justicia, libertad e

igualdad, sin atentar a lo que es más importante en el hombre, su identidad y capacidad de creación. Lo

que no puede hacerse la derecha es cómplice ni corresponsable de situaciones de injusticia, de privilegio.

—¿Qué fundamento tiene el optimismo de esta operación?

-Nuestro optimismo reside en la necesidad coyuntural de esta operación para el desarrollo de la

democracia. Nuestra dificultad está en el personalismo de los líderes y de los grupos, pues no es fácil

prescindir de esos protagonismos ni de la capacidad de dispersión de los grupos más pequeños.

-¿Qué problema tiene planteado la autonomía andaluza?

—La autonomía andaluza tiene un primer problema que es la falta de conciencia colectiva, En segundo

término, los partidos generales utilizaron Andalucía como un campo de experimentación ideológica y

sólo después de las elecciones se ha utilizado la cuestión andaluza en función de la lucha política.

Andalucía no siente la autonomía, siente el agravio y por eso había que fortificar su posición política

dentro de España. El PSOE y la UCD hicieron una campaña ideológica en Andalucía, pero después han

creado un problema puramente artificial que va a defraudar a los andaluces y que retrasará la toma de

conciencia andaluza por lo menos una docena de años.

—Quizá el principal problema sea el del caciquismo.

—En Andalucía el caciquismo se liga a la tierra y no recae en una estructura como la industrial que tiene

capas intermedias, por tanto el conflicto se plantea en términos más directos entre; el obrero y el patrón,

mientras que en la estructura industrial está Vascongadas, a través de la gran empresa industrial, que en

Andalucía, aunque aquí sea más vistoso. Lo que le sucede a la burguesía andaluza, por otra parte, es que

no ha sentido el tema regional y no ha sabido que sus intereses coinciden con los de la región. La

burguesía andaluza es una burguesía desarraigada.

—Qué posibilidades tiene la gran derecha en Andalucía, que es una región de izquierdas?

—No creo que sea éste el problema de Andalucía. Como región subdesarrollada tiene problemas comunes

a su burguesía, a sus clases campesinas, a sus clases obreras industriales, mientras esto no se resuelva, su

capitalismo, sus clases trabajadoras serán subdesarrolladas. El planteamiento de Unión Regional

Andaluza es que a partir de despersonalizado. Hay más caciquismo en Cataluña o en la solución de esos

problemas, de un régimen de equilibrio con las demás regiones, es cuando se pueden plantear en

Andalucía quién es el titular, el administrador de Andalucía.

-Algo así como un Pacto de la Moncloa a la Andaluza.

-Un pacto a la andaluza sobre Andalucía. El paro, un plan urgente de Obras Públicas, la defensa de

nuestros recursos naturales, fijación del capital generado en Andalucía, un plan específico de exenciones

fiscales para promover la inversión, no son objetivos de partido, son objetivos comunes.

—¿Cuál es su opinión de la retirada del PSOE de la Ponencia Constitucional?

—Creo que supone la inexistencia de ese gran fraude nacional que se llama consenso. Tiene razón Peces

Barba cuando dice que el consenso era ficticio, al llegar al debate de los temas fundamentales, acepta ese

juego en virtud de las ventajas políticas que les reportaba el mantenimiento de la ficción. Es una posición

poco ética del PSOE y que está costando los votos a UCD, porque ambos han mantenido esa ambigüedad.

No ha habido nunca consenso en este período de transición, salvo en la necesidad de llegar a un régimen

democrático.

—¿Cómo vería usted un gobierno de coalición?

—Coincido con Manuel Fraga que sería deseable, entendiendo como tal un gobierno que clarificase las

respectivas posiciones políticas. Esto es lo que me separa de un gobierno de concentración. A una

sociedad tan confusa, tan desconcertada, no es posible un gobierno de concentración —por la falta de

consenso que viene a demostrar el fracaso de los pactos de la Moncloa y la retirada del PSOE de la

ponencia Constitucional—, ni un gobierno de coalición de los partidos mayoritarios. Si se plantea como la

aproximación de los afines para asumir su responsabilidad, yo coincido en la necesidad de ese gobierno

de coalición.

J. VAN DEN EYNDE

 

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