Autor: Orgambides, Fernando. 
   Cadiz: un polvorín que estalla     
 
   30/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CADIZ: UN POLVORÍN QUE ESTALLA

Por Fernando ORGAMBIDES

Los recientes sucesos de Cádiz nos vienen a confirmar, una vez más, que Andalucía es una frágil región

que atraviesa en estos momentos una de las peores etapas de su historia. ¿Qué sería de este país si junto al

grave problema del Norte apareciera otro en el Sur de distintas características pero con la misma tensión?

Los comunistas hablan de hambre y los socialistas no cesan de repetir que aquello es un polvorín a punto

de estallar. Lo cierto del caso es que ninguno de los dos aportan soluciones o al menos ofrecen algún que

otro proyecto. Sólo advierten, pero, ¿y U.C.D.? Los parlamentarios gaditanos del partido gubernamental

duermen en un increíble letargo.

Hace unas semanas me comentaban unos obreros agrícolas en paro de la serranía de Cádiz, que los

parlamentarios todavía no se han dado cuenta de la importancia real del problema andaluz y juegan a

hacer política. En Andalucía, concretamente en la provincia de Cádiz, esto de la España real y la España

política es un hecho incuestionable. Las próximas elecciones —si la cosa continúa igual— pueden dar

muchas sorpresas.

Uno de los problemas más graves —tanto o más como los casi 100.000 gaditanos que se encuentran en

paro— es el que en menos de seis meses dos conflictos laborales han originado en la capital de la

provincia graves disturbios callejeros enfrentando a manifestantes y policías. Primero fue el futuro

incierto de los astilleros de la Bahía y ahora la huelga de marineros.

Cádiz —ciudad que no vivió la guerra del 36 por ser una de las primeras plazas que tomó el Ejército de

Franco— ha sido siempre un ojo avizor en la Historia de España. Lo mismo que desde su bahía se

destronó a Isabel II, fue en su misma provincia donde se desarrollaron los trágicos sucesos de Casas

Viejas y que tan dramáticas repercusiones tuvo.

Ahora Cádiz vuelve a hervir. El campo camina de nuevo hacia el anarquismo. Son los sindicatos a la

izquierda de Comisiones Obreras —a excepción del triángulo Jerez-San-Lúcar-Chipiona, donde el

diputado comunista y líder campesino Francisco Cabral trata de frenar las incursiones del S.O.C.— los

que no cesan de hacer campaña- en los pequeños pueblos de .la serranía, incitando, incluso, a los

campesinos a participar en la toma simbólica de fincas. En la última huelga general del campo andaluz

era bochornoso ver a mujeres y niños mezclados entre los mosquetones de la Guardia Civil. ¿Qué pasará

después de esto?

En la costa, aunque la situación es igual de tensa, los problemas están tomando otros derroteros. Mientras

en el Campo de Gibraltar existe cierta pasividad —probablemente por encontrarse sus hombres

pendientes del tema del Peñón—, en la capital se ha retado ya en dos ocasiones a la fuerza pública. Antes

de estos dos últimos incidentes, con ocasión de una manifestación de parados en Sanlúcar de Barrameda,

que fue duramente reprimida por la Guardia Civil, el Gobierno decidió, cambiar de gobernador y

sustituyó a Antolín de Santiago —-actualmente al frente de la provincia de Burgos— por el

socialdemócrata Sanz-Pastor, íntimo amigo del fallecido director general de Instituciones Penitenciarias y

uno de los hombres fuertes del antiguo partido de Fernández Ordonez, Sanz-Pastor, socialdemocracia a

un lado, ha vivido los dos conflictos más graves que han tenido como escenario las calles gaditanas en los

últimos, cuarenta años.

Se habla del P.C.E. (r.) y F.R.A.P. —grupos que se dejan notar en Cádiz—, pero... ¿y esos vecinos que

han arrojado frigoríficos, macetas y objetos de todo tipo contra los policías en solidaridad con los

manifestantes? La cosa es más grave de lo que parece.

La provincia de. Cádiz, quizá la más confusa del país en cuanto a estructura (dos obispos, dos

gobernadores, una Capitanía General, dos áreas administrativas, diferenciadas y dos banderas extranjeras,

para colmo, en su territorio), puede dar el día menos pensado un disgusto. Las acentuadas diferencias de

clase en poblaciones como Jerez, Puerto de Santa María y Sanlúcar (la clase media es mínima), por un

lado, y el auge del movimiento, obrero en la bahía, por otro, reflejan hasta cierto punto qué es lo que está

sucediendo en ese cada vez menos tranquilo; rincón de Andalucía.

A la grave situación del País Vasco y a la triste realidad canaria hay que añadir este polvorín que estalla y

que no representa más que una parte de lo que está ocurriendo en Andalucía. Todavía el Gobierno tiene

tiempo para poner remedio. De no ser así, sería del todo lamentable que una ciudad por donde un día

entró la democracia sirviera para todo lo contrario.

 

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