Autor: Pardo, Jesús. 
   El Ulster y el País Vasco: semajanzas y diferencias     
 
 Diario 16.    25/02/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

OPINIÓN

25-febrero-80/Diario16

Mientras las autoridades británicas ven en el terrorismo ulsteriano un fenómeno ajeno a Inglaterra,

Madrid no puede ver en el terrorismo separatista más que un fenómeno que afecta necesariamente a la

integridad del territorio español.

El Ulster y el País Vasco: semejanzas y diferencias

Jesús Pardo

Las diferencias entre la crisis del Ulster y la del País Vasco son más importantes que las semejanzas.

Mientras que el primero es el resultado de dos siglos de dominación clasista y opresión social de la

minoría protestante, inmigrante de Inglaterra y Escocia, sobre la mayoría católica, el segundo, por el

contrario, ha surgido en una región económicamente privilegiada, cuyo nivel de vida obrero atraía mano

de obra del resto de la Península. La industrialización del Ulster y su agricultura moderna y mecanizada

agudizaron las contradicciones sociales de la provincia, mientras que en el País Vasco el bienestar

difundido por la industria alcanzaba más o menos a todas las clases sociales.

El separatismo católico del Ulster es un fenómeno socio-económico, el vasco más bien cultural.

Igualdad e independencia

Mientras que los vascos, fuera cual fuese su clase social, eran iguales ante la ley, en el Ulster la ley discri-

minaba solapadamente contra los católicos, bajo una capa engañosa de aparente democracia, y ser

católico equivalía en la práctica a no poder subir, todo lo más, de capataz de fábrica o jefe de sección de

oficina, y a quedar excluido de toda ventaja social, laboral, o económica, e incluso de toda auténtica

representación política. Las dos crisis contienen una contradicción interna: separatistas contra

integracionistas, ambos completamente irreconciliables, pero con la diferencia de que los integracionistas

ulsterianos luchan activamente, mientras los integracionistas vascos tienden, en general, a sentirse

intimidados. Los separatistas ulsterianos, partidarios de reincorporar su provincia a la república del Eire,

son pocos, pero muy activos, constantes e implacables, y la masa irlandesa católica les apoya

pasivamente, porque, en general, la absorción por el Eire supondría para ellos una mejora social y

política, pero un bajón en el nivel de vida. Ellos quieren igualdad con los protestantes más que una vuelta

al redil irlandés. Los separatistas vascos, en cambio, buscan una independencia que plantearía serios

problemas geopolíticos para Occidente. Por otra parte, mientras que deshacerse del Ulster, una vez

resueltas las agudas contradicciones sociales allí existentes, no supondría un problema constitucional

serio para Londres, España no podría desprenderse del País Vasco sin provocar una gravísima crisis

nacional. En el Ulster hay dos bandos igualmente activos y una masa dividida, y Gran Bretaña trata de

separar a los contendientes mientras negocia una solución que le permita abandonar la provincia; siempre

le queda, además, la posibilidad de renunciar a sus esfuerzos y evacuarla y sálvese el que pueda. En el

País Vasco se trata, por el contrario, de neutralizar a una minoría separatista violenta que trata de

imponerse por la fuerza a la mayoría de una población que no comparte sus ideales, aunque quiera la

autonomía en mayor o menor grado.

Población homogénea

La población del País Vasco además es homogénea; los descendientes de los inmigrantes del sur son

rápidamente absorbidos, en general, por la masa vasca, mientras que la población del Ulster está dividida

en dos grandes grupos conscientes de pertenecer a razas y culturas distintas: los católicos, irlandeses

indígenas, y los protestantes, ingleses y escoceses en su mayoría, con vínculos familiares, económicos y

políticos con la City y el Parlamento de Londres, y decididos en gran parte a emigrar o luchar hasta la

muerte antes de tolerar una dominación católica en su provincia. Sólo entre la élite económica del Ulster

se desdibujan algo las diferencias entre ambos bandos, pero siempre sobre la base de aceptar la

supremacía política protestante. Los católicos del Ulster cuentan con la ayuda activa de la República del

Eire hasta el punto de que ningún dirigente político de Dublín podría hacerse obedecer si ordenase un

verdadero cierre de la frontera Eire-Ulster, mientras que los separatistas vascos tienen la frontera francesa

cerrada y sólo pueden cruzarla ilegalmente. Del lado de Londres la actitud, mutatis mutandis, ha sido

hasta ahora bastante parecida a la de la España posfranquista. Primero se trató de resolver el problema

con los recursos mismos del gobierno regional autónomo, bajo la autoridad suprema del gobernador

general británico; el gobierno autónomo, sin embargo, boicoteó cuanto pudo las reformas tendentes a dar

igualdad de derechos en la práctica a los católicos, y se sirvió mientras pudo de una fuerza parapolicial,

los «B Specials» conocidos por su brutalidad y fanatismo anticatólico.

Los intentos de solución

Finalmente Londres tuvo que enviar al Ejército, aunque con funciones policiales más que militares, y

controlado por un civil, hombre de confianza del Gobierno británico, que intentó desde el principio

negociar con ambos bandos, pero hasta ahora, a pesar de los diez años largos que han pasado, sin

verdadero éxito. En el País Vasco se ha llegado ahora a una fase algo semejante, con una fuerza policial

unida bajo una sola autoridad, cuya misión no es negociadora, sino neutralizadora de un núcleo terrorista

minoritario. Mientras que las autoridades británicas ven en el terrorismo ulsteriano de ambos bandos un

fenómeno «irlandés» y en último término ajeno a Inglaterra, Madrid no puede ver en el terrorismo

separatista vasco otra cosa, que un fenómeno que afecta necesariamente a la integridad del territorio

español. Esta es una diferencia esencial que da a la crisis del País Vasco un matiz tan sui géneris que la

hace fundamentalmente distinta de la del Ulster.

 

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