Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
   Las autonomías y el ser de España     
 
 Diario 16.    03/03/1980.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

Las autonomías y el ser de España

Miguel Ángel Aguilar

Debe concluir la ceremonia de la confusión autonómica. No puede prorrogarse más la discusión de si son

galgos o son podencos los Estatutos de las respectivas comunidades territoriales, según obedezcan a

iniciativas acordes con el artículo 143 o con el 151 de la Constitución que a todos nos ampara. Y el

tiempo apremia y exige claridades inaplazables precisamente en una materia donde nos jugamos el ser o

no ser de la consolidación democrática en España. Es el momento de reflexionar sobre el proceso

autonómico andaluz, desde su puesta en marcha hasta el reciente referéndum, y valorar sus

consecuencias: frustración de las expectativas, generadas por la demagogia de las fuerzas de izquierda y

por la frivolidad gubernamental, y sentimiento de agravio comparativo, que hoy anida en esa mayoría

andaluza inclinada por el «sí» en su comparecencia ante las urnas. La izquierda y el Gobierno se sacuden

las responsabilidades y descargan mutuamente las culpas de las que ninguno puede sentirse exento. Su

adjudicación en el porcentaje exacto no representa, en todo caso, alivio alguno al común de los españoles

que sufren la angustia de esta hora y la amenaza de soportar íntegramente las consecuencias de un colapso

autonómico. Está claro que la construcción del Estado de las autonomías es una tarea fundamental, cuyo

desarrollo implica responsabilidades que alcanzan a todas las instituciones, más allá de las ubicadas en

estrictas áreas del Gobierno. En concreto, después de la lección política que ha dado el pueblo andaluz

con su respuesta en el referéndum del pasado día 28, el Parlamento tiene un papel que asumir para sacar

esta cuestión del pantano donde pueden hundirse las conquistas de la joven democracia española: a las

Cámaras incumbe trazar el desarrollo legislativo del título octavo de la Constitución. Desde una posición

de seriedad y responsabilidad no cabe ya «negocian) ni «chalanear» un solo Estatuto autonómico más sin

esa previa base legal aprobada. El Congreso y el Senado, donde está significada la soberanía del pueblo

español, tienen que trazar las pautas generales para la articulación de los Estatutos autonómicos sin hacer

el conjunto de la nación una feria de restos. El proceso de las autonomías no puede servir para acumular

frustraciones ni estimular agravios comparativos. La construcción del Estado de las autonomías debe dar

una respuesta jurídica al ser histórico y social de España, pero nunca puede abrir el camino de su

destrucción o su abaratamiento. No hay ya lugar para reinos de Taifas ni para tribalismos. Los deberes de

esta hora están reclamando respuestas inaplazables y al Gobierno corresponde dar el primer paso de

forma inequívoca. La historia que los españoles llevan siglos escribiendo en común tiene unas exigencias

que no pueden traicionarse.

 

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