Autor: Rodríguez Villanueva, Julio. 
   La Universidad, ante los cambios políticos     
 
 ABC.    22/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA UNIVERSIDAD, ANTE LOS CAMBIOS POLÍTICOS

RESuLTA poco agradable contemplar "el pasado de la política educativa del Ministerio de Educación y

Ciencia, desde la perspectiva de la Universidad, y no es posible tampoco ocultar la gran preocupación con

que se avista el próximo futuro. Nuestra ya dilatada experiencia al frente del Rectorado de una de las

Universidades con más solera y posiblemente mejor doladas del país, aunque consciente de sus

deficiencias, nos ha facilitado datos suficientes para permitirnos juzgar; con cierto conocimiento de

causa, la verdadera situación en la que se encuentra la Universidad española actual. La necesidad de

cambio se palpa y se solicita con urgencia. La crisis y la confusión por la que actualmente pasa nuestra

Universidad es realmente seria y profunda, y no se puede pretender ignorarla.

Existen factores de índole muy diversa que amenazan la vida de las Universidades y socavan las bases

tradicionales de su organización y de sus finalidades, fenómenos, que no hace mucho tiempo ya han sido

vividos y en parte superados por otras instituciones similares de pueblos próximos del hemisferio

occidental. A la incapacidad de funcionamiento de las estructuras universitarias caducas se añade la

excesiva demanda de puestos escolares y la presión de los candidatos que cada nuevo curso desean

matricularse en la Universidad. La escasez, ya histórica, de recursos financieros para educación y ciencia

cuenta ahora con el transfondo de los graves problemas económicos que vive el país, lo que hace temer

dificulte la adecuada dotación de medios y la posibilidad de desarrollar las imprescindibles estructuras

que respondan a la enorme expansión universitaria de los últimos años, la cual se traduce en cifras

superiores a los 600.000 estudiantes universitarios. Son estos datos los que nos van a obligar a tomar

medidas más drásticas, pero justas, para la adecuada selección de los aspirantes.

A todo esto se suma la comprobada deficiente preparación de los estudiantes que acceden a la

Universidad y la ausencia práctica de una política para la formación del personal docente y para la

adecuada revisión de los estudios de doctorado, que permanecen en el más absoluto abandono en todo el

país.

Y téngase presente que la tendencia actual es todavía a incrementar la matrícula universitaria, lo cual

lleva aparejada la necesidad de invertir más recursos en la organización de mayor número de cursos y

grupos en los primeros años de Universidad, y en la incorporación de profesores no calificados, así como

de reducir, con grave detrimento para la institución, la ya de por sí escasa actividad científica e

investigadora universitaria. No tiene nada de particular, por todo ello, que el panorama universitario del

futuro próximo, según vaticinan algunos, sea la desaparición de la institución tradicional, pero sin la

menor oportunidad de sustituirla por otra capaz de enfrentarse con la situación y de sentar las bases de

una nueva institución de enseñanza superior para el porvenir. En. otro orden de cosas no se puede con un

mínimo sentido común acceder a que la Universidad se convierta en instrumento de disgregación social,

en campo de batalla para la locha de clases, como ya sucede en algún otro país mediterráneo.

Se hace difícil el replanteamiento de nna auténtica política universitaria que, de establecerse, ha de partir

necesariamente del análisis crítico y cuidadoso de todos los factores mencionados. Resulta imprescindible

iniciar cuanto antes la discusión de una política de educación superior, estableciendo las bases de

asesoramiento y colaboración con los distintos sectores de la sociedad que realizan o pueden realizar

actividades educativas a este nivel. La idea de la autonomía tiene necesariamente que armonizarse con la

coordinación y cooperación educativa.

Necesario sería, asimismo, revisar detenidamente los planes de estudio vigentes y las áreas de

investigación en desarrollo para ver si responden a las necesidades actuales. Habrá que proceder a un

examen detallado de los recursos didácticos de que se dispone, del carácter de su personal docente e

investigador, de sus medios e instalaciones, y en especial del número de profesores dispuestos a colaborar

en el replanteamiento de los planes de estudio, con vistas a planificar nuevas estructuras capaces de cubrir

los objetivos que se precisan en el momento actual del desarrollo económico y social. Se precisa, en

resumen, establecer las bases cuantitativas y cualitativas de un sistema nacional de educación superior

que debería ser elaborado en el ministerio con la colaboración de los hombres técnicamente mejor

preparados de las Universidades, sin olvidar tampoco la presencia de representantes de otros sectores

responsables del desarrollo económico y social.

En medio de esta nada envidiable situación que vivimos es preciso considerar los efectos y las

consecuencias de los frecuentes cambios de los equipos ministeriales responsables de la educación (¡nada

menos que seis en el corto plazo de apenas un lustro!), cambios que han traído pequeños avances y

grandes retrocesos, con no poca confusión, en el complejo panorama de la educación superior y que,

como ya hemos dicho en otras ocasiones en ABC, han provocado numerosos zigzags y no poca

inestabilidad en el desarrollo de la vida universitaria. Asuntos fundamentales estudiados por los diferentes

equipos ministeriales en los que hemos participado y tales, como la configuración y actividades de los

departamentos, la reforma en la carrera del profesorado, la agilización de los sistemas de selección dé este

profesorado, la planificación del crecimiento de:. centros y de puestos escolares, etcétera, permanecen sin

solucionarse, en espera de otro nuevo equipo que definitivamente sea capaz de dar el impulso necesario a

su adecuada introducción.

Como tema fundamental y muy importante consideramos la elaboración de un estatuto del profesorado

actualizado y que contemple la situación real de todo el profesorado universitario, teniendo en cuenta las

justas pretensiones de los interesados y el interés superior de la Universidad.

Ahora, con más insistencia que antes, abogamos por el verdadero reconocimiento , y personalidad, dentro

de una amplia autonomía, del Consejo de Rectores. Este órgano, actualmente un tanto desplazado y

burocratizado, debe ser capaz de orientar v marcar los pasos de la política universitaria, con

independencia y sin mayores interferencias por parte de las personas que se relevan al frente de los cargos

del Ministerio de Educación y Ciencia, al modo de lo one sucede en otros países de Europa occidental

Imprescindible será proporcionar una mayor autonomía a las Universidades dentro de un marco

económico y funcional, que las permitan desarrollar desahogadamente su importante y trascendental

función de formar hombres capaces de responder a las necesidades sociales. Bueno será igualmente

proceder a una adecuada democratización de las estructuras universitarias a todos los niveles, pero sin

demagogias y con responsabilidad, con garantías de un mejor funcionamiento como institución de

enseñanza superior. Imprescindible también resulta revitalizar las bases de una enseñanza de altura

y más especializada, en vanguardia, apoyada en la investigación al modo de lo que se hace en equipos

similares del mundo occidental en el qne nos hallamos inmersos. El fortalecimiento de la estructura

departamental traería inmediatamente como consecuencia la mejor formación de los estudiantes del

segundo y tercer ciclo.

Resulta demasiado frecuente escuchar que los españoles no servimos para realizar investigación «n

equipo, que somos demasiado individualistas, desorganizados, etcétera, para llevarla a cabo. Con una

cierta experiencia en la formación de docentes e investigadores quisiera dar no sólo una nota de

esperanza, sino de convicción firme. Los españoles somos en este aspecto iguales. o tal vez mejores que

los universitarios de otros países, incluso de los más adelantados científica y técnicamente. Lo podemos

demostrar con hechos." Hay que eliminar complejos absurdos y proceder con rapidez y confianza a

reorganizarnos y a potenciar la investigación tanto como nos sea posible, convencidos de que contar con

bueno? equipos de investigación en la Universidad es algo que resulta imprescindible.

La educación superior tiene la obligación fundamental de preservar y transmitir los conocimientos,

ofreciendo un ambiente para la investigación y la creación intelectual, asegurando la preparación de los

universitarios. Al ¡STial que ha ocurrido en otros países, las Universidades han de convertirse en un

marco sumamente fructífero para la creación y la reflexión en el campo de la ciencia. La Universidad as

ahora en muchos países el principal guardián del conocimiento y de la cultura pasada, presente y futura.

Si no logramos que los centros de enseñanza superior se transformen en verdaderos focos dé creatividad

habremos fracasado en nuestra empresa con el gran riesgo que para el país ello supone.

Cuestión fundamental a tener en cuenta será la dedicación del personal docente la exigencia de una mayor

responsabilidad en «1 cumplimiento de sus obligaciones docentes e investigadoras, responsabilidad

extendida a todos los niveles de la enseñanza, basándose, claro está, la mencionada dedicación en unas

retribuciones de todo el personal, docente o no. más justas y más acordes con los tiempos que nos ha

tocado vivir. Sólo así lograremos orientar esta Universidad oue navega bastante a la deriva y que lleva

camino de perderse en la profundidad de los océanos qne la amenazan irremisiblemente, sumida, como

está, en tanta confusión. La Universidad ha de actualizarse en todas sus estructuras y sectores para

desarrollar sus ¡amortantes objetivos del modo más satisfactorio para el bien de la sociedad y del país.

Julio R. VILLANUEVA Rector de la universidad de Salamanca.

 

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