Los españoles en paro. 
 Hacienda Torreblanca, un desafío al trabajo en común y al desempleo     
 
 El País.    26/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Hacienda Torreblanca, un desafío al trabajo en común y al desempleo

A veinte kilómetros de Sevilla, un grupo de hombres desafía a diario el paro, en una aventura que ya lleva

impresa la etiqueta del éxito; una aventura agrícola que sacó a algunos de sus miembros del saco del

desempleo y en la que hoy sufren juntos las mermas de las cosechas —«este otoño hemos tenido una muy

mala, malísima, tormenta»— y las satisfacciones del esfuerzo compartido.

La finca conserva aún el nombre de Torreblanca. Está situada a mitad de camino entre Bormujos y

Bollullos de la Mitación. Tiene una extensión de 287 hectáreas. Da trabajo a veintiséis colonos durante

todo el año y a otra treintena de familias en época de recolección de aceituna.

La historia de la finca, ejemplo de trabajo comunitario, se remonta a 1970. En aquella fecha, el IRYDA la

expropió al marqués de Villapanés y la dedicó a cultivos provisionales durante casi cuatro años. El 6 de

julio de 1974 se creó un grupo de colonización compuesto por veintisiete trabajadores —uno se retiraría

posteriormente—, que mediante solicitud decidieron hacer frente al valor de la expropiación: 40.365.000

pesetas. Las condiciones de la operación fueron el pago del precio total aplazado a veinte años; los ocho

primeros ejercicios se pagaría el 3,5% anual, es decir, 1.400.000 pesetas, aproximadamente, más 710.000

pesetas en concepto de préstamo de maquinaria. Pasados estos ocho primeros años, el total restante a

pagar irá cargado con el 1,5% de interés.

Los veintiséis colonos se acogieron al medio millón de pesetas de préstamos oficiales que concedió el

IRYDA para comenzar el trabajo de arranque y repoblación de olivos, condición previa estipulada por

aquel organismo oficial para la explotación de la finca. Consiguieron asimismo un préstamo oficial por

valor de 2.991.000 pesetas para dotar a la finca de tres tractores, dos remolques, aperos, arados, una

máquina de espolvorear y otros elementos imprescindibles para trabajar la tierra.

Cuando el IRYDA entregó la finca al citado grupo disponía de 16.400 olivos y enormes extensiones de

terreno baldío. Los veintiséis trabajadores arrancaron alrededor de 10.000 de aquellos olivos y plantaron

32.000 garrotes nuevos, de los que se espera conseguir, en 1980, la primera cosecha; sembraron trigo

entre las calles de los olivos; construyeron cinco pozos, de veinticinco metros de profundidad, en la finca,

y cultivaron —aun hoy lo hacen— pimientos, tomates y otras legumbres para consumo propio.

Un cálculo aproximado del valor actual de la finca se sitúa sobre los trescientos millones de pesetas.

Todos los miembros del grupo, a excepción de cuatro —uno de Bormujos y tres de Mairena, términos

municipales por donde también se expande la finca—, son de Bollullos de la Mitación. El grupo

colonizador se rige por un presidente, un secretario, un tesorero, un interventor y dos vocales. El mandato

cubre dos años. Las decisiones necesitan de la mayoría absoluta de la asamblea para ser puestas en

práctica.

El presidente del grupo, Juan José Rodríguez Acevedo, es alcalde de Bollullos de la Mitación y miembro

del Partido Comunista de España. «Los que trabajamos aquí hacemos un reparto equitativo de todo. Al

mes venimos a sacar, entre unas cosas y otras, alrededor de 30.000 pesetas. Trabajamos sólo por la

mañana; el que quiere hacer un jornal más viene por la tarde, se le apunta y se le paga.» En principio,

ningún miembro de la familia de los veintiséis trabajadores tiene faena en la finca. «En época de

recolección suelen trabajar algunas de nuestras esposas; se les asigna el trabajo y se les paga el jornal

como a todo el mundo. Pero a diario nunca vienen; bastante tienen con las labores de la casa.» En ese

mismo tiempo de recogida de aceituna también acuden jornaleros en paro a la finca. «Hasta 34 parados

del pueblo trabajaron aquí el pasado año.»

Cada uno de los veintiséis miembros del grupo colonizador hace guardia nocturna en la finca, por

riguroso turno. En caso de enfermedad, el colectivo le hace llegar el jornal que corresponde a todos, pero

la subvención que paga la Seguridad Social por la baja pasa a engrosar un fondo común.

 

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