Autor: Moncada, Alberto. 
 Educación. 
 Educación y partidos políticos     
 
 Diario 16.    30/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Educación y partidos políticos

Alberto Moncada

Los argumentos en pro y en contra de la subvención fiscal a la enseñanza privada son, en 1977, casi los

mismos que pueden leerse en el diario de sesiones de las Cortes españolas de allá por los años treinta. El

problema no es tal falta de originalidad, debida principalmente a quejas cosas están más o menos como

estaban hace cincuenta años, sino que a estas alturas, un Gobierno supuestamente homologado con la

derecha europea no tiene fuerzas ni convicción para garantizar ese puesto escolar por niño que sus

homónimos transpirenaicos dieron por supuesto hace ya mucho tiempo como inevitable aceptación de los

programas escolarizadores de la izquierda europea en el período de entreguerras.

La curiosa defensa que un ministro democristiano hizo de la libertad de elección de escuela para loa

padres españoles en un contexto en qué más de la mitad de dichos padres no pueden ejercer ni esa ni otras

libertades económicas tan o más importantes, liaría enrojecer de vergüenza á los democristianos europeos

que hoy, en educación, se enfrentan con reclamaciones cíe la izquierda mucho más sustanciosas, y entre

ellas la conversión de la escolaridad obligatoria en un asunto municipal y popular, previa ruptura de la

vigente burocratización estatal.

Parecería como si la UCD cultivase en España al electorado de los partidos que en Europa son derecha

radical y que, recalentados, por el resurgir de posiciones ultra, culpan al sistema educativo de esa rebelión

Juvenil que se está cociendo contra un sistema económico incapaz de dar trabajo a las nuevas

generaciones.

La kafkiana duplicidad de gastos escolares en que el país incurre por e¡ éxito que hasta ahora han

conseguido los eclesiásticos y sus fuerzas aliadas con la subvención a ¡a enseñanza privada sólo puede

resolverse, como ya lo han resuelto los demás países de la homologación occidental, haciendo que los

consumidores de esa otra educación, que no quieren participar en la gestión de la escuela del barrio, !a de

todos, paguen el costo total de su ghetto indoctrinador. El problema está en que no parece que la UCD,

dada su inseguridad política, se pueda permitir el lujo de acometer tal modernización, por mucho que lo

sientan sus miembros socialdemócratas que deben encontrarse, algunos ea particular, especialmente

incómodos en tamaña contradicción.

Pero lo Qua. sería curioso, y hay indicios de que puede ocurrir, es que los partidos políticos de izquierda

dejen pasar el . tiempo sin pelear, no ya por las reformas educativas de sus homónimos europeos, sino ni

siquiera por la mera modernización neocapitalista del tema. , Ellos dice que es un problema de estrategias

y prioridades, pero tal actitud no parece vaya a consolar mucho a los miles de familias Que, un año más,

soportarán la discriminación escolar de sus hijos.

 

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