Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   El chiste de Felipe     
 
 Hoja del Lunes.    05/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

CRÓNICAS DESDE EL OTRO MUNDO

El chiste de Felipe

El suceso religioso-político de la semana, Tía sido, para mi, el chiste de Felipe González cuando el lunes

pasado dijo eso tan gracioso de que "nosotros los socialistas no deseamos participar en el Sínodo de los

obispos y deseamos que los obispos tampoco participen en los trabajos de la Constitución". Y sobre todo

cuando añadió aquello de que el PSOE no acepta injerencias extraparlamentarias en el tema de la

Constitución.

A mí se sorprendió lo de la palabra "injerencias", y no sólo porque es una de esas palabras indigestas que

uno no sabe nunca si vienen de ingerir, con ge, o de injerirse, con jota, sino, sobre todo, porque es una

palabra de triste memoria.

Cuando en 1969 los obispos hablaron sobre los principios morales del sindicalismo, salió Solís hablando

de injerencia,. Y los obispos, naturalmente, no habían trazado una ley sindical, se habían limitado a

recordar algunos principios elementales que hoy todos comparten. Pero para el franquismo aquello era

injerencia.

Cuando a principios del 73 los obispos—anticipándose cuatro años al proyecto constitucional—

proclamaron la necesidad de la independencia Iglesia-Estado, salió Carrero Blanco hablando de injerencia

y hasta envió a López Bravo a una •tempestuosa entrevista con Pablo VI para presentarle todo un

"dossier" de injerencias jerárquicas. Pero los obispos no redactaban ninguna constitución, se limitaban a

exponer a nivel español el pensamiento conciliar. Pero aquello para el franquismo era injerencia.

Cuando a principios, de 1.974 monseñor Año-veros pronunció su famosa homilía sobre los derechos de

las minorías étnicas, salió don Carlos Arias hablando de injerencia. Y el obispo de Bilbao no redactaba

ningún estatuto de autonomía, ae limitaba a iluminar unos problemas de conciencia. Pero para el

franquismo eso era injerencia.

Y ahora viene Felipe González y en un caso rígidamente análogo se agarra a la más pura ortodoxia

franquista. ¡Hombre! Uno hubiera entendido que Felipe González Hubiera dicho: no pensamos hacer el

menor caso a lo que los obispos han dicho. Estaría en su derecho. Hubiera entendido que discutiera tales o

cuales puntos del documento episcopal. Muchos, cristianos incluso, lo han hecho y los obispos no les han

negado su derecho a discrepar. Pero eso de que Felipe González titule injerencia el que un grupo social

exponga su opinión noble y serenamente parece muy grave. Nunca me imaginé al líder del PSOE

poniendo un negocio de fábrica de mordazas. (Pero esto ya lo ha comentado magníficamente en un

artículo, que rubrico en todas sus lineas, Josep Meliá en "A B C").

¿Y qué decir del chistecitof fQ^ién impide a los socialistas y a Felipe opinar sobre el Sínodo ? Pueden

hacerlo si se sienten cristianos. E incluso, en caso negativo, saben que los obispos hubieran leído con

respeto sus opiniones. Quien firma estas líneas, sin ir más lejos, no era padre sinodal y escribió sobre el

Sínodo una treintena de artículos, los más de ellos muy críticos. Pues bien,, ningún padre sinodal? me

llamó para decirme que. me estaba injiriendo en el Sínodo y que "lo mismo que ellos no se metían en mis

artículos, dejara yo de meterme en el Sínodo". Ninguno, palabra. ¡A ver si resulta ahora que los viejos

obispos son más demócratas que el joven Felipe?

Pero, como es lógico, yo no escribiría este articulo sólo para discutir un mal chiste. Lo escribo para pedir

al PSOE que aclare de una vez su postura ante lo religioso. Porque durante las elecciones tuvo muy buen

cuidado de camuflar un aspecto que podía ganarle o quitarle muchos votos, y desde entonces va, en este

campo, de contradicción en contradicción.

Si el PSOE elaboró un compromiso constitucional con el equipo demócrata-cristiano a principios de este

año (con unos planteamientos en lo religioso que los obispos hubieran encontrado no sólo aceptables, sino

casi excesivamente benévolos ), ¿por qué ha girado ahora?

Si Felipe González y Javier Solana, en la inauguración de la agencia Efe, en vísperas electorales, tuvieron

tanto interés en conversar con el cardenal Tarancón y en expresarle los deseos de su partido de no tener ni

choques ni fricciones con la Iglesia, ¿por qué niegan ahora a los obispos el derecho a hablar f ¿Las

sonrisas con los obispos eran útiles en periodo preelectoral y ya no lo son?

Si hace aún diez días un miembro de la directiva del PSOE se quejaba públicamente de que los obispos no

aceptaban diálogos con ellos y hacía públicamente ofrecimientos de ese diálogo, ¿por qué ahora ese

rechazo despectivo y chistoso?

Parece que es importante que el PSOE se aclare, porque no puede ignorar que esa ambigüedad no es

buena ni para los muchos católicos que militan en el PSOE o le votaron ni para otros muchos cientos de

miles de creyentes que podrían compartir toda la ideología política y económica del PSOE, pero se

sienten frenados por esa su ambigüedad en temas—como el escolar y el religioso—muy vitales para ellos.

Yo prefiero pensar que las frasecitas de Felipe—tan franquistas, tan siglo XIX—fueron no una postura

meditada, sino uno de esos chistes malos que a uno se le ocurren cuando lleva varios días sin dormir.

].L MARTIN DESCALZO

 

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