Situación explosiva en el campo andaluz     
 
 Informaciones.    03/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Situación explosiva en el campo andaluz

NUEVAMENTE la situación del campo andaluz reclama la atención de la opinión pública española.

Podría pensarse que la intensa emigración de las últimas décadas y el trasvase del campesinado andaluz a

otros sectores, como la industria, la construcción o los servicios, habían erradicado el viejo problema. No

es así, salvo en algunas contadas comarcas montañosas. Los problemas del paro estacional, de la falta de

cualificación profesional, incluso de la ausencia de seguros de desempleo, siguen presentes en el valle del

Guadalquivir. Como presente está el problema de la falta de modernización y de adecuación a los tiempos

presentes de muchas tierras potencialmente ricas.

La situación, en un momento en que la salida tradicional, la emigración, es difícil, se torna explosiva. La

figura del bracero andaluz no ha desaparecido, porque el desarrollo andaluz ha sido más aparente que real

y en cualquier caso un desarrollo estrictamente urbano o, a lo sumo, de muy concretas áreas litorales.

Hasta ahora, el problema se ha afrontado con las ayudas de fomento del empleo comunitario. El jornalero

realiza trabajos de infraestructura (arreglo de calles, carreteras, repoblaciones forestales...). Las cantidades

arbitradas son insuficientes, duran poco y no siempre se reparten eficazmente. Se trata de parcheos y de

medidas coyunturales, que casi nada solucionan, que aplazan a lo sumo el problema y que al final

exasperan a los que trabajan una o dos semanas y vuelven luego al desempleo.

El descontento viene siendo capitalizado por las fuerzas políticas y sindicales más radicales. En muchos

pueblos de la campiña cordobesa, sevillana y gaditana es el Sindicato de Obreros del Campo (S.O.C.,

vinculado al Partido del Trabajo) quien controla los movimientos, por ahora relativamente moderados, de

estos jornaleros. La actitud de las autoridades provinciales y locales es moderadora y desde luego difícil.

Por ahora se está evitando la espiral protestas-represión. Las ayudas llegan con cuentagotas y en

cantidades pequeñas. Poco pueden hacer esas autoridades. Ya se habla de hambre.

El desarrollo andaluz se ha enfocado siempre como un proceso de industrialización o, a lo sumo, de

aprovechamiento —pésimamente planificado— del turismo. La agricultura ha sido un «intocable». Y el

rendimiento de la agricultura —no hablemos de la ganadería-— en la región sigue muy por debajo de lo

que se puede conseguir. Los problemas no se plantean hoy como en el siglo XIX —y sentimos disentir

del profesor Male-ralas—, pero qué duda cabe que Andalucía necesita una profunda reforma de sus

estructuras agrarias. Y esa reforma parece el único camino sensato.

Subyacen, desde luego, objetivos electorales —la búsqueda del poder local— en la utilización del

problema por los partidos políticos. El Gobierno, cuyo partido obtuvo magros resultados en las campiñas

andaluzas, retrocederá aún más si no afronta con decisión y no con parches el problema agrario andaluz.

El IRYDA, por ejemplo, debe ser algo más que unas siglas. De lo contrario, mucho nos tememos que el

problema planteado por esos ochenta mil braceros andaluces sin trabajo tienda a agravarse.

 

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