Autor: Arroyo, Manuel. 
 El lehendakari en funciones reitera que el PNV debe ir a la oposición. 
 Ardanza cree que los resultados obligan al nuevo ejecutivo a realizar una política nacionalista     
 
 El Correo español El Pueblo vasco.    01/12/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El lehendakari en funciones reitera que el PNV debe ir a la oposición

Ardanza cree que los resultados obligan al nuevo Ejecutivo a realizar una política nacionalista

Los resultados de las elecciones de ayer, en los que se demuestra una mayoría de votos y escaños

de signo abertzale, han de servir para guiar la política del próximo Gobierno vasco por los senderos

del nacionalismo, manifestó anoche José Antonio Ardanza. El candidato a lehendakari por el PNV, que

felicitó a Txiki Benegas por el triunfo del PSOE, reiteró que, a su juicio, su partido debe engrosar las

filas de la oposición, aunque matizó que ésa es "una opinión personal".

El lehendakari en funciones, José Antonio Ardanza, se dirige cabizbajo, seguido de Juan Ramón Guevara,

a la rueda de prensa en Lakua.

Manuel Arroyo

VITORIA. El lehendakari en funciones, José Antonio Ardanza, manifestó anoche que los resultados que

arrojan las elecciones al Parlamento vasco, en los que se percibe una mayoría de voto abertzale,

demuestran que la política que debe seguir el nuevo Gobierno ha de ser de signo nacionalista. El

candidato a la presidencia por el PNV, que siguió los datos del escrutinio desde una sala de la sede

del Ejecutivo autónomo en Lakua, declaró que la derrota de su partido ha de conducirle a la oposición

en la Cámara de Vitoria. Pese a este pronunciamiento, reiterado por él en fechas precedentes, destacó

que ésta era "una opinión personal" y que, como tal, podría ser desoída por las asambleas de su

organización que comenzarán a reunirse esta semana.

Con muestras de afección en el semblante por el fracaso de su grupo, aunque también de entereza

ante la adversidad, José Antonio Ardanza destacó en rueda de prensa a las doce menos cuarto de la

noche, cuando las cifras conocidas se vislumbraban como las definitivas, que el PNV había confirmado

su condición de formación más votada; y que, computando los apoyos recibidos junto a los de Eusko

Alkartasuna, el nacionalismo moderado rozaba, e incluso superaba, los resultados alcanzados en los

comicios de 1984. En éstos batió sus marcas anteriores con 450.000 votos.

El inquilino de Ajuria Enea durante los dos últimos años apuntó que este hecho permitía concluir que

la escisión peneuvista había sido la única causa del descenso de su partido y de la pérdida de la

mayoría de escaños de la que gozaba en el Parlamento. El cambio en la correlación de fuerzas

experimentado en éste no justifica, a su juicio, la afirmación del socialista Txiki Benegas sobre un

presunto vuelco en las actitudes políticas de la sociedad vasca. La constatación de que el 69 por

ciento del voto emitido ayer es de corte nacionalista y de que 52 de los 75 diputados son de

ideología abertzale, frente a los 49 de la anterior legislatura, le indujeron a asegurar que "la política

que ha de hacerse en este país pasa, necesariamente, por una política nacionalista. El Gobierno

que pueda formarse -añadió José Antonio Ardanza- deberá tener muy en cuenta cuál es el

sentimiento básico que ha demostrado este pueblo en las urnas".

Al ser preguntado acerca de si de esta aseveración cabría deducirse que el próximo lehendakari ha

se ser nacionalista, se limitó a responder: "La última palabra la tiene el Parlamento. Todos debemos

atenernos a su voluntad".

El ya presidente en funciones insistió en que, en su opinión personal, el PNV debe engrosar las filas

de la oposición. Desechó un pacto de legislatura con el PSE como el que ha funcionado en los dos

últimos años ya que, señaló, el contenido de un hipotético acuerdo con los socialistas tendría que

ser más amplio y "para ser cumplido con lealtad y honestidad". Aseguró que esto no había ocurrido

con el documento suscrito por él y Txiki Benegas en enero de 1985, sobre todo en lo concerniente

al desarrollo del Estatuto de Gernika, y acusó al PSOE de arrojarse el mantenimiento del un Gobierno

vasco, mientras "lo debilitaba al mismo tiempo".

 

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