El acuerdo necesario     
 
 El Correo español El Pueblo vasco.    01/12/1986.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

32 OPINION EL CORREO

ESPAÑOL-EL PUEBLO VASCO lunes, 1 diciembre de 1986

EDITORIAL

EL ACUERDO NECESARIO

La gran incógnita de la noche de ayer -la pugna PNV - PSE - PSOE por obtener la mayoría minoritaria

en el futuro Parlamento vasco- quedó despejada a favor del PSE-PSOE. Con el 66,6 % de los votos

escrutados, el consejero del Interior del Gobierno autónomo. Sr. Retolaza, anunció a las 10,30 de la

noche la primacia electoral del PSE - PSOE. Dos horas después (98 % de votos escrutados), serían 18

sus escaños, que son uno menos de los que poseía en la legislatura anterior. La fragmentación del PNV,

causante de estas anticipadas elecciones, ha debilitado su presencia parlamentaria. Las dos formaciones

(PNV y Eusko Alkartasuna) suman un parlamentario menos de los que tenía el PNV (32) en el Parlamento

elegido en 1984. La victoria electoral del PSE - PSOE, aunque muy "raspada", es un acontecimiento de

especial significación, como también lo es el ascenso, en conjunto, de los votos nacionalistas. Las

especulaciones sobre los resultados electorales de ayer escapan, sin embargo, a este comentario

editorial de urgencia. Serán objeto de profundos y más sosegados análisis en los próximos días.

Si procede, sin embargo, señalar ahora lo siguiente: La fragmentación parlamentaria que resulta

consecuencia de las elecciones autonómicas de ayer en el País Vasco, responde, como tal, a lo

previsto. Reduciéndola a una expresión concreta y trasladándola al ámbito de los territorios históricos,

baste señalar -según los datos de que disponemos a la hora de escribir- que Vizcaya, por escaños

obtenidos, ha votado mayoritariamente PNV; Guipúzcoa, Eusko Alkartasuna, y Álava, ha votado

PSE-PSOE. El panorama político, pues, de la comunidad vasca, es difícil, aunque estuviera más o

menos previsto. Como al término del proceso electoral está la formación de un nuevo Gobierno, no

cabe duda que el empeño, sobre el papel al menos, resultará complicado.

Los plazos reglamentarios para la constitución del nuevo Gobierno del Pais Vasco, aun haciendo

coincidir este hecho con la designación del nuevo lehendakari, no son precisamente cortos. En el

mejor de los casos y contando también con las lagunas reglamentarias, esto puede ocurrir en enero;

en el peor, de no darse los acuerdos necesarios para la designación del lehendakari en el tiempo

previsto, habría que proceder a una nueva convocatoria electoral.

La sola idea de que pueda ocurrir esto último resulta ya estremecedora y agobiante, aunque, por

supuesto, también democrática. Dada la correlación de fuerzas políticas surgidas de las elecciones,

la idea, sin embargo, no sería absolutamente irreal. De ahí, primero, la necesidad de que los políticos

no intenten transferir ahora al pueblo la responsabilidad de que esta comunidad sea gobernable: el

ejercicio de la democracia y la misma consolidación democrática exigen el protagonismo activo de

los ciudadanos y de las formaciones políticas, pero la ciudadanía, votando, ha cumplido, una vez

más. Ahora les toca cumplir a los políticos elegidos.

Y les corresponde la búsqueda y e! hallazgo de las fórmulas necesarias para hacer posible y rápida

la nueva gobernación. Los acuerdos y los pactos tienen que ser viables. Aquí, en la hora actual,

son además, urgentes. Y no se trata, exclusivamente, de pactar la estabilidad, aunque la estabilidad

resulte necesaria. Porque si, como hemos dicho, el pueblo vasco tiene derecho a ser gobernado con

arreglo a una representatividad razonable de entre las surgidas de las urnas, en segundo término es

claro que, en la hora presente, si se precisa aquí un Gobierno estable, cabe aspirar, también, pese

a todas las dificultades, a un Gobierno con ilusión de futuro. De cara a todo esto se impone, como

nunca, la reflexión pausada y fría; el abandono, incluso, de posiciones dogmáticas en aras de la

resolución de los verdaderos problemas de nuestra sociedad; los problemas reales a los que se

enfrenta el pueblo vasco que nos es preciso volver a enumerar.

La labor fundamental de todo Parlamento -legislar, controlar e impulsar la acción del Gobierno- es,

por supuesto, tanto más difícil cuanto mayor sea su fragmentación. Pero esa fragmentación no

es necesariamente sinónimo de inviabilidad, según ejemplos de nuestra misma Europa. Y tiene,

incluso, algunas innegables ventajas entre las que no es desdeñable la imposibilidad del "rodillo",

obligando a que las grandes decisiones no respondan a la ideología o a la imposición del más fuerte,

sino al meditado consenso entre un amplio abanico de fuerzas políticas.

El consenso y el acuerdo son, pues, los conceptos claves -y a nuestro juicio viables- de esta hora.

Los políticos, fuera ya de campaña electoral y en el ejercicio de los poderes otorgados por el pueblo,

tienen que entenderse en beneficio de ese mismo pueblo al que han de servir.

Procede, entonces y en fin, invocar el sentido de la responsabilidad de todas las fuerzas políticas

para con el pueblo vasco -incluidas las que, hasta ahora, no estuvieron presentes en las instituciones-

para que esta comunidad sea, no sólo gobernable, sino gobernada en la estabilidad y en la paz para

la prosperidad. No entenderlo asi, propiciando nuevos enfrentamientos, rupturas, disensiones o "guerras

santas", equivaldría a defraudar profundamente al pueblo que tan cívicamente acudió ayer a la llamada

electoral.

 

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