Editorial. 
 Euskadi en la hora del pacto político     
 
 Diario 16.    01/12/1986.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

OPINIÓN

Euskadi en la hora del pacto político

TT´L PSE-PSOE, con parecidos fli votos que el PNV, ha conseguido una victoria histórica en el País

Vasco al auparse a la primera plaza entre los siete partidos que finalmente han obtenido representación

parlamentaria. Naturalmente, el PSE-PSOE, con 18 escaños, se halla muy lejos de la mayoría absoluta.

Es asimismo reseñable, por fundamental, el dato de que las fuerzas nacionalistas, globalmente, suben

su representación, en tanto desciende la presencia conjunta en la Cámara vasca de los partidos de

ámbito estatal. Cincuenta y dos de los 75 escaños del Parlamento autónomo van a ser ocupados por

fuerzas que abrazan el nacionalismo en su equipaje ideológico.

Igualmente, debe dejarse constancia en el primer análisis -que no puede obviar la muy alta participación

registrada- que el PSE-PSOE ha logrado esta indiscutible victoria más por la división ajena que por

méritos propios: su porcentaje de adeptos no ha crecido, y aunque al haber habido mayor participación

cabe suponer que le han llegado votos "españolistas" procedentes de Coalición Popular, la inamovilidad

de su porcentaje debe obligarle a administrar este triunfo con moderación y cautela.

La formación del Gobierno

Matemáticamente, dando por supuesta la ausencia de Herri Batasuna del Parlamento de Vitoria, el único

Gobierno de coalición posible de sólo dos partidos es el formado por el PSE-PSOE y PNV, con un total

de 35 escaños. Aunque se produjera la reconciliación de las dos ramas del PNV -el propio PNV y EA-,

éstas, perjudicadas por la ley de D´Hondt, sólo obtendrían conjuntamente 30 escaños, dos menos que

en 1984 y desde luego insuficientes para formar Gobierno.

Descartada, pues, esta fórmula de agregación de los "hermanos separados", es obvio que la iniciativa

de la formación del Gobierno ha de ser encomendada por el presidente del Parlamento al PSE - PSOE,

es decir, a Txiki Benegas. Con el abanico de las fuerzas políticas a la vista, hay numerosas

combinaciones posibles, y Benegas tiene la obligación de explorarlas todas con espíritu constructivo)

y sin cerrarse de antemano a ninguna posibilidad, como corresponde a lo habitual en un sistema

democrático.

Sin embargo, y habida cuenta de la aproximación de resultados entre PNV y PSE-PSOE, así como de

que ya ha funcionado un relativamente útil pacto de legislatura entre estas dos formaciones políticas,

probablemente lo deseable es que se reproduzca este pacto, ahora elevado a categoría de coalición,

y dando entrada en él a Euskadiko Ezkerra. Téngase en cuenta que la suma de aquellas dos fuerzas

no les proporcionaría tampoco mayoría absoluta si HB acudiera al Parlamento, pero sí la conseguiría

entonces la coalición si se sumara al acuerdo Euskadiko Ezkerra. (Naturalmente, tampoco puede

descartarse a priori que en lugar de integrarse el PNV en esta coalición, lo hiciera Eusko Alkartasuna,

consumándose así la llamada "coalición de progreso" que, al parecer, había considerado el aparato

estatal del PSOE, estimándola preferible a la entente PSOE - PNV.)

Las razones por las que sería conveniente esta "gran coalición" no son sólo matemáticas,

obviamente: la profundización autonómica, la estabilidad del modelo, la necesaria cooperación entre

la fuerza nacionalista de más arraigo en Euskadi -que sigue siendo el PNV- y la fuerza que rige desde

Madrid los destinos del Estado, son argumentos que sugieren un pacto de esta naturaleza. Diversas

cuestiones todavía pendientes, tales como la transferencia de la lucha antiterrorista a la Ertzaintza,

el despegue económico de Euskadi o la definición del sistema educativo vasco -entre muchas otras-

aconsejan una franca cooperación.

En cualquier caso, es una realidad positiva que el Gobierno de Madrid y el de Vitoria tienen ante sí

la gozosa oportunidad de dejar de ser antagonistas para convertirse en socios. Ahora bien: este

empeño será imposible si Benegas no demuestra desde el principio su autonomía con respecto a

Madrid y su disposición a establecer un clima interno de concertación entre su partido y los coligados,

de forma que se llegue a soluciones verdaderamente negociadas, transaccionadas, para los problemas

vascos.

Las fuerzas abertzales

Euskadiko Ezkerra, partido que ha venido derrochando cordura en los últimos tiempos, ha visto

premiada su posición ecuánime con el incremento de tres escaños, y Herri Batasuna ha continuado su

línea de ascenso ganando asimismo otros dos. El éxito de Herri Batasuna no puede disociarse de la

moderación exhibida en la campaña, del hecho insólito de que la propia ETA haya trocado su proselitismo

del terror por el proselitismo político -las declaraciones de "Txomin"-, ni de la posibilidad, acariciada

por un sector de HB, de participar en las instituciones vascas. Sin duda, esta mayor audiencia de la

coalición, que le otorga un papel decisivo incluso en la formación de una mayoría estable de Gobierno,

favorecerá la "integración" del nacionalismo radical en la vía política. Ayer mismo, Idígoras hablaba ya

de formar un pacto con Ardanza y con Garaicoechea para impedir la proclamación de un lendakari

socialista.

Las minorías estatalistas

Coalición Popular ha cosechado un nuevo y estrepitoso fracaso al pasar de siete a dos escaños. No

parece que haya que invocar malquerencia alguna hacia el líder aliancista para sugerir una vez más

que Manuel Fraga abandone su inútil empeño de permanecer y dé paso a otros más dotados que

intenten la recuperación de una opción conservadora con atractivo.

El CDS, por su parte, ha conseguido su propósito de estar presente en el Parlamento de Vitoria.

Resultado modesto pero elocuente el suyo.

Posdata

Las emisoras de radio entregaron, también ayer, al cierre de las urnas, sus respectivas encuestas. El

fracaso fue general, por cuanto los electores de opciones estatalistas se niegan a hacer público su voto.

Pero lo grave no fue tanto el desacierto de las empresas de investigación sociológica cuanto el empeño

de analizar largo tiempo -hasta que llegaron otros resultados, ya contrastados- un mapa político que

nada tenía que ver con la realidad de lo ocurrido.

Diario 16

 

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