Autor: Moreno de la Cova, Félix. 
   Sevilla agraria     
 
 ABC.    19/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

SEVILLA AGRARIA

Por su actualidad e indudable interés reproducimos el artículo que ha publicado «ABC», de Sevilla, y del

que es autor don Félix Moreno de la Cova, personalidad muy conocida y querida en los medios agrarios

de Andalucía. Fue alcalde de la capital hispalense y en la actualidad desempeña el careo de delegado del

Ministerio de Agricultura.

Se viene acusando al campo andaluz, y al sevillano en particular, de un grave pecado que, a juicio de los

acusadores de turno, no necesita demostración: la productividad de la agricultura andaluza es baja, hay un

gran número de fincas abandonadas y, consecuentemente, el paro agrario alcanza cotas elevadísimas. De

forma continua, cada vez con más frecuencia, como obedeciendo a un plan preestablecido, algunos

órganos de comunicación social, entre los que se incluye RTVE, se hacen eco de estos temas, repitiendo

una y otra vez los manidos tópicos del absentismo o de; propietario semifeudal, procurando con esta

Insistencia, crear un estado general de opinión que permita aceptar como axiomas lo que no son más que

afirmaciones gratuitas. La realidad, sin embargo, es muy otra aun cuando es absolutamente cierta la

existencia de un importantísimo paro rural (y empleo la palabra rural no como sinónimo de agrario sino

en su sentido de no urbano), que no sólo no se reduce sino que tiende a aumentar.

Sabido es que la agricultura no es ya un empleador importante de mano de obra. Precisamente los países

agricolamente más adelantados del mundo y que controlan el comercio mundial de productos agrarios

tienen características comunes: elevado nivel de vida en su agricultura predominan las grandes

explotaciones privadas y su tecnología está muy desarrollada. No es ningún secreto para nadie que sobre

el campo español gravita un elevadísimo número de activos, que si bien en la agricultura tradicional

tenían su forma de vida no encuentran un medio de vida en la agricultura moderna. Este es el caso de

Sevilla, pese a que en los últimos años, muchos campesinos abandonaron el sector.

Sevilla tiene censados, en números redondos 93.000 activos agrarios entre empresarios y asalariados, para

atender las necesidades, también en números redondos. 150.000 hectáreas de cultivos de regadío, 700.000

hectáreas de cultivos de secano y 450.000 hectáreas de dehesas. Si se hiciera un reparto de sus tierras a

razón de 10 hectáreas de regadío, 50 de secano o 150 de dehesa por familia (lo que. entre paréntesis, no

sería más que un reparto de pobreza a corto plazo como suelen ser casi todas las reformas que se dedican

a repartir activos) no se conseguirá satisfacer más que a 32.000 familias. Esta cifra es muy inferior no

sólo a la de 93.000 activos anteriormente reseñados sino incluso a la estimada tomando como base la

distribución de cultivos en la pasada campaña y las necesidades de mano de obra para cada uno de ellos:

Treinta y nueve mil puestos de trabajo en los cultivos de secano, veinte mil en los de regadío y tres mil en

las dehesas: en total, sesenta y dos mil empleos. El problema no es de paro estacional y, por supuesto, no

puede resolverse con una política de parcheo.

El porvenir laboral de esta mano de obra excedente no está en la agricultura o en la emigración, sino en la

industrialización de las nonas rurales. La industrialización rural es un punto clave liara el desarrollo

armónico del conjunto social y a este fin debemos dirigir lo mejor de nuestros esfuerzos. No podemos

olvidar que en los países adelantados el porcentaje de población agraria es del orden de la mitad, la

tercera y hasta la octava parte del que corresponde a España.

Y pasamos ahora al tópico del absentismo. Quizá sea conveniente recordar a nuestros lectores que Sevilla

es la primera provincia de España en la producción de aceituna de mesa, arroz, algodón, naranja amarga,

rosas y trigo; la segunda en girasol y cártamo y la tercera en remolacha azucarera, sandía y aceituna de

molino. Este importante palmares no se consigue con el absentismo y el abandono, sino que es fruto del

esfuerzo y la dedicación de los agricultores. Resulta impresionante que en poco más de cuarenta años el

consumo de fertilizantes nitrogenados se haya multiplicado en Sevilla por 64 mientras que en el conjunto

de España lo ha sido solamente por siete: en insecticidas el factor multiplicador ha sido de 65 en España y

de 550 en Sevilla, y lo mismo podríamos decir de los demás factores de producción Cosechamos mucho

trigo y mucho algodón, mucho arroz y mucha remolacha, pero no olvidemos que consumimos el 11 por

100 del total nacional de fertilizantes, el 10.5 por 100 del insecticida y el 31 por 100 del de herbicidas.

Esos porcentajes adquieren su verdadera dimensión si tenemos en cuenta que Sevilla, con sus 14.000 Km.

cuadrados, ocupa solamente el 2,77 por 100 de la superficie total de España, cultiva el 4,06 por 100 y

riega el 6,15 por 100 de todo el campo español.

El desarrollo de la agricultura sevillana, y en general, el de toda la cuenca del Guadalquivir, tiene un

porvenir prometedor al estar en condiciones de acceder a una situación muy competitiva en relación con

las agriculturas más avaladas del mundo. Esta situación podrá alcanzarse a base fundamentalmente, del

incremento de la productividad de sus diferentes factores de producción, especialmente de la mano de

obra y del capital. En el campo, como en la industria, será cada vez menor el número empleado de horas-

hombre y mayor el de horas-máquina, es decir, de técnica y capital. Esto exige una capitalización y una

dotación tecnológica, cuya adquisición, aunque no de una forma fácil ni barata, está sin embargo en

manos de los agricultores. Las grandes propiedades, que en la agricultura tradicional fueron una remora

evidente para el desarrollo, están en cambio sirviendo ahora de base a pesar de la carencia de cauces

jurídicos adecuados, a eficientes explotaciones empresariales en las que destaca la presencia de un gran

número de personas con formación universitaria.

Por el contrario, no está en manos de los agricultores superar el más grave escollo que la modernización

de su empresa leí presenta pues su resolución exige la solidaridad de todo el país. Nos referimos a la

creación de puestos de trabajo en otros sectores para los activos agrarios fue el incremento de su

productividad ha dejado ociosos y que juntamente con los parados de otros sectores en crisis

(principalmente la construcción) están pasando muy negativamente sobre las empresas agrarias. Es esta

una tarea que exigirá, además de la correspondiente dotación financiera y tecnológica, unas enormes dosis

de imaginación y comprensión por parte de toda la sociedad.

No se puede, a estas alturas, seguir viviendo de tópicos ni aplicar una demagogia irresponsable a la

resolución de los problemas que nos afectan. La sociedad exige al campo que produzca bien y barato;

puede obligarle también a que preste su colaboración solidaria, juntamente con los demás sectores, para

salir de la crisis que padecemos. Pero no se puede pretender que el campo, una vez más, tenga que

resolver por si solo el conjunto de problemas económicos y sociales, ciertamente graves, que pesan sobre

el mundo rural.—Félix MORENO DE LA COVA.

 

< Volver