El atolladero vasco     
 
 Ya.    01/12/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EDITORIAL

El atolladero vasco

Se esperaba que las elecciones para el Parlamento vasco dieran un vencedor por la mínima, y así

ha sido. El pronóstico vacilaba a la hora de designar el partido ganador. AI final, después del breve

interrogante de las encuestas oficiosas, el PSOE se alzaba con una victoria técnica, consecuencia

de las profundas fracturas en el voto nacionalista moderado más que del respaldo electoral al

Partido Socialista.

Esto es lo primero que deben tener en cuenta los llamados a formar el próximo equipo de gobierno

de Ajuria Enea. De las primeras declaraciones de los líderes del PNV se desprende el sinsabor de

quienes se deciden a encajar hasta sus últimas consecuencias la derrota en las urnas. A partir de

esas manifestaciones parece obvio que el Partido Nacionalista Vasco entiende que debe pasar a la

oposición, aunque habrá que esperar, naturalmente, para confirmar esta impresión a lo que ocurra

en los próximos días. El pronóstico más probable, dentro de las varias mayorías posibles, parece

indicar que el pacto reuniría a Eusko Alkartasuna y Euskadito Ezkerra con el Partido Socialista. Pero,

en cualquier caso, lo importante no reside tanto en la coalición que haya de formarse como en las

razones de fondo que obligan a formarla. Y es la lógica de estas razones lo que los socialistas no

deben perder de vista desde el momento en que comiencen a preparar la tarea de gobernar.

Si es cierto que los números aisladamente considerados pueden siempre engañar, en este caso el

quedarse en ¡as cifras puede resultar especialmente falsificador. La única interpretación correcta

de los resultados tiene que tomar pie en la profunda división del Partido Nacionalista Vasco, que

no sólo ha modificado el orden de prelación de ios partidos, sino que ha distorsionado profundamente

la traducción política de la voluntad popular. Se avecinan, pues, tiempos duros para un país cuyos

deseos colectivos se ven defraudados por la rivalidad interna de quienes los representan. Como

efecto de esa rivalidad, el voto moderado nacionalista, hasta ayer uniforme, se escinde, y el

inequívoco deseo de que un gobierno nacionalista administre en tos próximos años los destinos de

la comunidad vasca resulta burlado. El PSOE se encuentra de este modo con una victoria a la vez

verdadera y artificial. Sin haber aumentado, incluso habiendo podido disminuir su representación

con relación a las elecciones de 1984, se encuentra sin mérito alguno en la cabeza de la carrera.

Cabe esperar del buen sentido de sus líderes que capten con realismo las justas proporciones de

su triunfo, que ni siquiera se puede calificar de pírrico. Su mejor discurso deberá ser, sin duda, el

de la discreción. Otra cosa podría resultar un "flatus vocis" que no convencería a nadie.

Además, conviene tener en cuenta que el PSOE se ha beneficiado del llamado "voto útil", que ha

acabado de diezmar las esperanzas de la Coalición Popular. Esta pierde cinco escaños de los siete

que tenía. Contando con que eí CDS de Adolfo Suárez se beneficie de dos de ellos, con lo que

consigue su modesto objetivo de estar presente en el Parlamento vasco,, hay que pensar que

los otros tres han debido de rugarse ai PSOE. Para comprender la modesta significación de su

entrada como primero en la meta basta considerar que, aun con esta ayuda de votos derechista,

el PSOE no consigue mejorar su representación de hace dos años. Y el aumento de Euskadiko

Ezkerra debe tener bastante que ver con ello.

Los nacionalistas moderados han sido víctimas de sí mismos. Se puede interpretar que el voto

nacionalista indeciso ha elegido castigar a los hermanos rivales, favoreciendo al nacionalismo

radical. Esto explica el aumento no muy importante, pero sólido, del respaldo a Herri Batasuna. El

radicalismo "abertzale" ha sabido beneficiarse de la lucha fraticida entre Garaicoechea y Arzallus,

presentando, como suele hacer en época electoral, la mano del lobo envuelta en piel de cordero.

La gobernación del País Vasco depende ahora, principalmente, de la sensibilidad de Felipe González

para modificar profundamente su política autonómica. Ha tenido que ser el PSOE la primera fuerza

en escaños en la comunidad vasca para que se den las condiciones necesarias para que González

pueda entender, por fin, que una cosa es tener más escaños que el siguiente y otra diferente es

la necesidad de tener en cuenta a los demás para gobernar. Benegas, en la hipótesis de que se

proponga como lendakari, no podría nunca llevar adelante una política de confrontación con su jefe

político instalado en la Moncloa y tampoco podría hacer una política que orillase los deseos

mayoritariamente nacionalistas de la sociedad vasca. Sólo Felipe González tiene en su mano la clave

para que Benegas pueda salir del atolladero en que le han metido las urnas, cambiando de raíz su

sensibilidad autonómica. La pregunta es si será capaz de hacerlo.

 

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