Ojo con Suárez     
 
 Diario 16.    16/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Ojo con Suárez

Por fin se aprobaron las normas electorales que, según parece, son amplias y cubren toda la extensa

problemática de unas elecciones libres. A juzgar por la referencia del Consejo de Ministros el juicio

global que se puede dar del nuevo código electoral es positivo. El mínimo de dos diputados por provincia,

más los que la correspondan en razón de la población, significa un mínimo efectivo de tres. Y no es la

solución plenamente favorable, porque sigue favoreciendo a las provincias menos pobladas. En todo este

asunto, sin embargo, el mayor inconveniente es el tope de 350 diputados establecido por la ley de

Reforma Política que supone un obstáculo insalvable.

El aspecto que se esperaba, sin embargo, con más interés era el de las inelegibilidades. Se ha seguido,

según parece, un criterio muy amplio, quedando incluidos en la relación de inelegibles una larga serie de

cargos que comienza con "quienes forman parte del (Gobierno, como ministros". Imaginamos que en esta

frase un tanto sibilina está incluido el presidente del Gobierno, a pesar de no ser ministro en sentido

estricto. Otra cosa sería una tomadura de pelo, pues la imparcialidad del Gobierno se iría efectivamente al

traste. De nada senaria tampoco la proclamada neutralidad del Gobierno si continuasen los métodos

rodolfistas de favorecer a ciertos grupos o de inventarse otros. En las elecciones el Gobierno no puede

tener amiguetes ni favorecer a nadie.

Tampoco podrán ser candidatos ciertos cargos de la Administración local. Esto quiere decir que muy

pronto presenciaremos oleadas de dimisiones de todos aquellos políticos en el Poder que quieren ser

candidatos y van a pedir el favor del voto como antes pidieron el del dedo. Aquí está el punto crucial de

todo el proceso electoral porque de poco va a servir que la vieja clase política del franquismo dimita

formalmente si por personas interpuestas logra seguir ejerciendo su influencia. Nos hallaríamos ante un

caciquismo de segunda mano que favorecería a los grupos franquistas.

 

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