Autor: Sáenz-Díez, Juan Ignacio. 
   Urnas y medio ambiente     
 
 Diario 16.    16/04/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Sábado 16-abril 77/DIARIO 16

Urnas y medio

Juan Ignacio Sáenz-Díez

Ahora resulta :que "los defensores de los pajaritos" empiezan a tener fuerza incluso electoral. El error ra-

dicaría en creer que la corriente ecologista corresponde a una moda pasajera y piregrina a la que los

grupos políticos ´deben prestar atención momentánea para canalizar esos votos circunstanciales. En

realidad, sin embargo, la amplia tendencia ecologista va a ser perenne y se extiende ya desde los que

luchan por salvar las últimas parejas de una especie, semiextinguida , hasta los que —en base a un nuevo

concepto energético y medioambiental— abogan por un nuevo proyecto de sociedad.

Los partidos políticos españoles, que suelen tener vacíos o con vaguedades los casilleros

medioambientales de sus programas, deben analizar las tendencias ecológicas del electorado francés en

las últimas municipales. Sirva para ello como tést localizado el de Alsacia.

Se trata de una región sin tradición de voto a la izquierda y en la que De Gaulle en algún referéndum

obtuvo un 95 por 100 de síes. "Un voto africano", como lo calílico alguien. Por esta razón el voto

ecológico obtenido en Alsacía es políticamente puro, sin haberse combinado con otros tipos de oposición

ideológica. En la primera vuelta los candidatos ecológicos obtuvieron un 23 por. 100 de sufragios. La

razón estriba en que en Alsacia la oposición a las centrales nucleares es creciente; existen ya dos en

funcionamiento y tres en proyecto.

En España, silencio nuclear

El dato que más debe hacer pensar es el de la localidad alsaciana de Fessenheim. Esta ciudad tiene como

nuevo alcalde al candidato que encabezaba la lista ecologista; su contricante fue la mujer del director de

la central nuclear ubicada en el municipio.

Esta clara tendencia de la opinión debería hacer recapacitar a las autoridades nucleares españolas, que

siguen considerando a la oposición antinuclear como un grupo de exaltados sin importancia. Y lo que es

más grave: siguen sin informar a la opinión española sobre la política nuclear nacional. Ante las

dificultades, por ejemplo, que todos preveían debidas a las opiniones de Cárter desde que era candidato

sobre las nuevas directrices nucleares de Estados Unidos, la Junta de Energía Nuclear ha estado

guardando un silencio completo. Tenemos que seguir recurriendo a la prensa extranjera para poder

enterarnos de nuestros asuntos nucleares. La última incongruencia se ha producido esta misma semana, en

la que gracias al "Washington Post" nos hemos enterado de la interrupción de las obras en ocho centrales

nucleares españolas. Aquí, sin embargo, no ha habido el menor comunicado o explicación oficial.

Ecología y elecciones españolas

El voto ecológico está teniendo sorprendentes repercusiones en el panorama electoral europeo. Fue, en

efecto, responsable del cambio de la mayoría en. el Parlamento sueco, está influyendo profundamente en

la política local de las zonas de Alemania occidental en que existía centrales nucleares y ha incidido de

forma inesperada en las elecciones municipales francesas.

¿Tendrá también algún influjo en el proceso electoral español? No es probable que repercuta en las

inminentes legislativas, a excepción posiblemente de las provincias en que existe el .debate nuclear:

Soria, Lugo, Tarragona, Badajoz. Pero es en cambio seguro que el tema de la calidad de vida va a

constituir un elemento importante en el próximo futuro político español. La debilidad o connivencia de la

Administración frente a la especulación, la falta de control ambiental sobre el desarrollo industrial y la

ausencia, hasta época reciente, de un fuerte movimiento ciudadano han conducido a que el proceso

desarrollista español haya sido de una ínfima calidad medioambiental. Los no muy amplios remedios

posibles deben ser exigidos y conseguidos sin demora.

Para lograrlo, los movimientos ecológicos españoles deberán distinguir con cuidado a los grupos políticos

que pretendan meramente manipular el clamor medioambiental de todos aquellos otros grupos que

incluyan en sus programas puntos sinceros y concretos de calidad de vida. Estos últimos son los que

deben ser apoyados electoralmente por los grupos ciudadanos exigentes de unos mejores niveles de

calidad medioambiental.

 

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