Autor: Domínguez, Manuel. 
 Canción. 
 Andalucía busca una canción propria     
 
 Informaciones.    10/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Por Manuel DOMÍNGUEZ

ANDALUCÍA BUSCA UNA CANCIÓN PROPIA

MADRID, 10.

A pesar, o quizá por contar con el flamenco, Andalucía aún no tiene un movimiento de canción

mínimamente representativo de sus ocho provincias. El único intento serio que ha trascendido fue el que

surgió en Granada en 1969, llamado Manifieso Canción del Sur, un poco bajo la batuta del poeta Juan de

Loxa.

La realidad es muy dura y una vez desenmascarados Jarcha sólo quedan como representantes válidos

Benito Moreno, sevillano, y sobre todo Carlos Cano, granadino. Sin embargo, en dos semanas se han

editado una serie de álbumes que son índice del alto grado de sensibilización que hay de este problema.

No vamos a entrar a indagar las causas del porqué de esta floración tardía, si falta de apoyo por parte de la

burguesía andaluza, si cota mínima de conciencia nacionalista, si emigración de intelectuales, etcétera,

sino que vamos simplemente a comentar estos intentos.

MIGUEL RÍOS Y ANTONIO MATA

Es muy interesante observar el nuevo cariz que ha tomado la música de Miguel Ríos. El que era todo un

"rocker", conserva aún vestigios de su pasado grandilocuente y no se resiste a adaptar un clásico, aunque

éste sea Tárrega y sus "Recuerdos de la Alhambra"; afortunadamente el giro andalucista le hace concretar

más su música. "Ál-Andalus" es una canción importante y es una canción importante y definitoria, una

especie de canción estandarte que con sus resonancias moras —en el álbum son abundantes e incluso se

llega a recitar un poema en árabe— nos trae a la memoria el reciente trabajo de Lole y Manuel, quienes

ya dieron un toque de atención con "Alquivirá" y que ahora se han ido hasta El Cairo para grabar una

canción árabe de diez minutos acompañados por una orquesta autóctona.

Un aspecto fundamental del disco de Miguel Ríos son las letras, la mayoría de Antonio Mata, con

referencias muy directas a la tierra andaluza. Miguel, por su parte, le ha producido el primer álbum a

Mata, quien junto con Carlos Cano, Enrique Moratalla y otros fue uno de los animadores del Manifiesto

Canción del Sur. El disco está impregnado de un cierto clasicismo que le otorgan la buena factura de las

composiciones, algunas de las cuales tienen ya ocho años, y unos arreglos en los que

abundan los teclados. Este hecho le resta fuerza a la imagen andalucista, que afortunadamente pervive con

brío en temas como "Cuarenta lobos negros", donde la guitarra deja sentir su peso.

La madurez de Mata le permite esas frivolidades con los arreglos. No es el caso de Juan Antonio Muriel,

que con su disco "Poder andaluz", ha perdido una oportunidad magnífica, pues si en él había bastantes

canciones, dignas, con unas orquestaciones tan sin sentido y tan alejadas del medio musical andaluz, se ha

venido abajo la labor del malagueño. Aunque inmaduro sus canciones en directo, con su sola guitarra

suena mejor.

Con Umbral y "Por la madruga", el asunto se complica, pues si es válido lo dicho para Muriel; la culpa no

reside esta vez en un arreglista de oficio como es Burrull, sino que los arreglos han corrido a cargo de

José María Alonso, compositor de muchas de las canciones de Umbral.

SUERO, CEPERO Y VENENO

Pepe Suero ya es otra cosa, su paso por El Lebrijano y La Cuadra es toda una garantía de honradez. El

flamenco es aquí determinante. Es el punto de partida para unas elaboraciones más libres, llenas de vida,

que cobran una dimensión especial en los temas musicales, donde la sensibilidad de Suero aparece con

transparencia. Allí las flautas de Pepe con sus indiscutibles resonancias árabes, aportan un dato válido —a

tener muy en cuenta— para la futura canción andaluza.

La guitarra flamenca es palabra mayor en todo esto. Las experiencias de Paco de Lucía y de Sanlúcar no

han caído en saco roto. Paco Cepero, queriendo sacar partido de ellas se ha ido de ligero. Ha introducido

orquesta, y de qué modo, en los temas festivos, dejando el resto sólo con guitarra. Estos últimos temas

están muy bien, pero en conjunto es un álbum fallido, en el que no está claro lo que pretende Cepero.

Mucho más positivo —en un contexto no andaluz— es el disco de Veneno, del que se está diciendo de

todo, y en el que el apasiona miento está llegando a establecer insólitas comparaciones. Veneno es un

producto fresco y espontáneo, con una guitarra flamenca increíble, sobre la que vuelan versos de escaso

peso específico y que en modo alguno me recuerdan a Dylan. Interesante experiencia llena de hallazgos,

con una continuidad muy problemática, y en la que sólo "Los delincuentes" y "San José de Arimatea" se

pueden considerar como auténticos logros.

 

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