Autor: Colchero Sainz, José Virgilio. 
   Alemania: Rigurosa neutralidad política     
 
 Ya.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ALEMANIA: RIGUROSA NEUTRALIDAD POLÍTICA

(Especial para TELE - YA, por José V. Colchero.)

En Alemania, todos los partidos tienen derecho a asomarse a la pequeña pantalla durante las campañas

electorales. Por el mero hecho de presentar candidatos, pueden usar la televisión—y la radio—para

difundir sus programas y hacer su propaganda.

La radio y la televisión en la República Federal son corporaciones de derecho público que están obligadas

a mantener una rigurosa neutralidad política en todo momento y, principalmente, en vísperas de

elecciones parlamentarias. De ahí que todos los espacios que se ponen gratuitamente a disposición de los

partidos se anuncian inmediatamente antes, lo mismo que se fuera un espacio publicitario: "A

continuación van a ver ustedes una película dé propaganda electoral del partido...", advierte siempre el

locutor.

No hay una ley que regule la distribución de espacios en televisión para propaganda electoral. La radio y

la televisión negocian con los partidos al respecto, antes de iniciarse la campaña, y hasta ahora siempre se

ha" llegado a un arreglo entre todos. Estas emisiones propagandísticas se inician un mes o seis, semanas

antes de los comicios.

Por supuesto, la televisión no concede a todos los partidos el mismo tiempo. Los "grandes" reciben más

que los "chicos".

Horas de mayor audiencia

Los bloques de propaganda se transmiten a las horas de más audiencia, que en Alemania son las

comprendidas entre las seis de la tarde y las diez de la noche. El primer programa—que es el de mayor

audiencia nacional:—se emite siempre cinco minutos después del "Telediario" de ´las ocho,

inmediatamente antes de comenzar la programación de noche. ´Siempre se pasa propaganda de, al menos,

dos partidos políticos; de ellos, uno de los "grandes"—el democristiano, el socialista o el liberal—, y

seguido, uno o dos "spots" de "minipartidos", de los que no suelen conseguir luego mandatos en la

Cámara, como son los comunistas—el prosoviético y el prooh´no—, el Partido de Europa, el iieonazi,

etc.

En realidad,. lo único que hace la televisión en estas emisiones de propaganda electoral es poner a

disposición de. los partidos sus instalaciones técnicas y sus antenas. El guión, el rodaje y los "actores"—

los líderes políticos—de estas películas los aportan los propios partidos. La democracia cristiana y los

socialdemócratas, con sus "galanes" Helmut Kohl y Hel-mut Schmidt, que eran los candidatos a canciller

en. las últimas elecciones—del 3 dé octubre pasado—, gastaron cuantiosas sumas en marcos en contratar

agencias de ´publicidad para que preparasen sus películas.

Renovación

Como los partidos tienen libertad para renovar e«tas películas de propaganda—y los "grandes" suelen

hacerlo cada semana o ada diez días—, el pugilato electoral ante la televisión despierta un gran interés en

la opinión pública. En la pasada campaña no se atacaron Kolü y Schmidt tan fuerte como en los mítines

nórmales, pero si uno decía, por ejemplo, que contaba con el mejor equipo para resolver los problemas

económicos, el otro se presentaba a la semana siguiente con los expertos en economía de su partido,

hablando de temas económicos con un actor que venía a representan al hombre medio y al que dejaba

totalmente convencido de sus razones. Tanto Schmidt orno Kohl solían incluir en sus películas breves

diálogos con jovencitas muy vistosas, pero no actrices conocidas.

Ya en los comicios de 1969 y en los de 1972, pero sobre todo en los últimos de octubre de 1976, los

grandes partidos no han utilizado los espacios de la televisión para presentar objetivamente sus programas

políticos;—por lo demás de sobra conocidos para el electorado, pues han variado muy poco en las dos

últimas décadas—, sino que se han servido de las artes y las mañas de la publicidad comercial y han

presentado su "producto" lo más adornado posible para "venderlo" mejor. Los partidos pequeños—a los

qué la opinión pública casi no conoce y casi no vota—, sí aprovechan los breves espacios de que disponen

para exponer sus programas.

Estos espacios para propaganda sólo se brindan en la televisión y en la radio, porque al ser corporaciones

de derecho público, han de estar a disposición de todos los ciudadanos por igual. En la prensa diaria y en

las revistas se inserta también mucha propaganda electoral de los distintos partidos, pero es publicidad

pagada.

 

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