Autor: Areilza y Martínez-Rodas, José María de. 
   Reflexiones sobre el resultado electoral     
 
 El País.    21/06/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Reflexiones sobre el resultado electoral

El 15 de junio han votado casi dieciocho millones de españoles en las elecciones al Congreso y al Senado.

Las listas del Gobierno han obtenido seis millones de votos. Las listas de la Alianza Popular un millón y

medio. En total, las candidaturas del C entro y de la derecha conservadora han alcanzado por consiguiente

siete millones y medio de sufragios. Es decir, el 43 % de los votos emitidos.

De los diez millones y medio de votos restantes —el 57 % del voto— puede decirse sin error, que al

menos diez millones corresponden a partidos de signo democrático, adversarios decididos de cualquier

forma de continuidad franquista. En votos populares, el resultado ha sido pues indiscutible: cuatro

millones de votos de diferencia han sacado los diversos sectores democráticos sobre las candidaturas

gubernamentales. Esta cifra se convierte en dos millones y medio si se añaden a la Unión del Centro

Democrático, los votos del neo-franquismo de la Alianza. Los datos reales de la contienda son ésos y no

hay manera de alterar tal contabilidad de opiniones. Las listas del oficialismo no tienen mayoría numérica

en la opinión pública. Y la diferencia no es de unos pocos votos sino de varios millones. Después de cua-

renta años de impuesta unanimidad franquista, el pueblo español se ha manifestado a través de la primera

rendija de libertad de-: mocrática que se le ha otorgado, con raquíticos espacios televisivos, y frente a una

tremenda inercia ventajosa del Poder y del aparato oficial. Quien no sea capaz de mirar de cara estos

resultados y medite su significado, comete un grave error político. Cuatro millones de votos son muchos

votos para que a estas alturas se trate de escamotear tan rotunda derrota.

Las manipulaciones de estos resultados por los medios de comunicación del Gobierno han sido

verdaderamente pintorescos y lamentables. Pertenecen a los mejores tiempos del franquismo informativo.

El deliberado retraso en los escrutinios globales; la ocultación de los resultados de Madrid, Barcelona,

Valencia, Sevilla y Bilbao durante tantas horas; la utilización de los porcentajes de escaños como si fue-

ran porcentajes de voto; la atribución prematura de los puestos de Congreso y Senado para empezar la

campaña de las «victorias aplastantes», «triunfos arropadores», «barridos electorales», y demás

locuciones habituales de estos últimos cuarenta años como si de «referendums» orgánicos se tratara, han

esmaltado la etapa del suspense del escrutinio.

Este barullo informativo destinado a adormecer en ciertas capitales conflictivas las cifras impresionantes

de la victoria democrática sobre el oficialismo: (Barcelona 82 % contra 18 % del voto popular; Bilbao 75

% contra 25 %) ha tenido además la ventaja de engañar a los corresponsales extranjeros en su mayoría,

haciéndoles transmitir jubilosos mensajes de «grandiosos éxitos» no se sabe bien de qué, y escribir

incluso que «éste era el sueño dorado del presidente Giscard», quien por lo visto no se conformaría con lo

que tiene en casa y trataría de extender sus deseos oníricos por encima de los Pirineos como su

antepasado Luis XIV. Entre tanta perla periodística apresurada, en esta etapa del cuentagotas, noticioso he

leído un titular que merece el premio: «Triunfo de la moderación» refiriéndose al resultado de Vizcaya y

Guipúzcoa con la victoria del PSOE y del PNV. ¿Pero no escribía ese mismo periódico hace pocos días

que esas dos siglas representaban el «separatismo» y el «marxismo»?

Más volvamos a las cifras. Las normas electorales vigentes —regla de Hondt y el mismo número de

senadores para cada provincia— han jugado en favor de las candidaturas de la UCD, aumentando sus

escaños en fuerte proporción sobre los votos populares. En el Congreso, sin embargo, no ha llegado a

conseguir mayoría el Gobierno. En el Senado, tampoco, aunque la filiación predominante de los

senadores designados por la Corona en una lista que refleja la inercia del sistema, pueda inclinar la

indecisa balanza. La gran sorpresa ha sido la aparición de casi un .centenar de senadores elegidos que

representan frente á los 104 del Gobierno, una corriente democrática antifranquista de signo inequívoco.

La fuerza de esa opinión se ha hecho más visible en Madrid donde no sólo triunfan los tres «Senadores

para la democracia» (con más de un millón de votos Joaquín Satrústegui y Mariano Aguilar) sino que el

cuarto puesto también lo alcanza otro candidato democrático, dándose así el resultado espectacular que el

Gobierno no ha logrado sacar ni un solo representante en el Senado, en la capital del Reino.

El PSOE con sus cinco millones de votos, se ha convertido de la noche a la mañana, en el primer partido

político del país. La UCD que le ha sacado una ventaja de un millón de votos, no es un partido, sino una

coalición electoral de siete u ocho partidos dirigida por el presidente de! Gobierno. También la AP es una

coalición de varias agrupaciones políticas. Que la una y la otra puedan convertirse en una sola coalición

parlamentaria parece más que probable, con lo que el Gobierno lograría una justa mayoría.

En el voto socialista habrá sin duda la voluntad de muchos electores que sin ser socialistas

han dado el sufragio a una opción democrática y defensora de las libertades que consideraban no

manipulada desde el Poder. O en otras palabras, que en alguna forma el centro sociológico del país estaba

ahí: en la neta recusación de todo intento de continuar el franquismo en sus últimas formas larvadas y

oligárquicas: la del establishment económico; y la ,de las resistencias a lograr el constitucionalismo

democrático plenario para la Monarquía.

Hay que añadir algunos datos más: dos millones y medio de votos potenciales no han tomado parte en

estos comicios. Son los de los españoles de más de dieciocho años y menos de veintiuno. Y también el

voto de los trabajadores en el extranjero, especialmente el de los residentes en Europa. No es demasiado

aventurado extrapolar sus tendencias predominantes que han sido, quizá el motivo de su exclusión.

También es interesante comprobar hasta qué punto las elecciones municipales, si bien no convocadas

todavía, han tenido ya un escrutinio visible previo en los resultados obtenidos que obligarán a modificar

temporalmente la constitución actual de gran número de ayuntamientos incapaces de resistir la presión

sicológica de las estadísticas de voto que les son mayoritariamente desfavorables, lo mismo que las

diputaciones provinciales. La radiografía electoral obtenida será en muchos casos, irresistible.

La presencia de esos diez millones de votos populares de centro y de izquierda, en favor de la democracia

plenaria, sin adjetivos, pesará desde hoy en adelante como un factor decisivo en la evolución de la

transición, acelerando la puesta en marcha del proceso constituyente; encarando en fórmulas urgentes y al

mismo tiempo, responsables, la situación política de Cataluña y del País Vasco; y obligando a examinar

en profundidad los problemas económicos y sociales y las necesarias eliminaciones que su solución

requiere.

Pienso que como factor prioritario que condiciona todos los demás, aparece la urgente nacionalización de

la Televisión y de la Radio. Quiero decir, el convertir a RTVE, en un instrumento que, pagado como está

por los contribuyentes, sirva de modo imparcial a la información objetiva y no partidista; se convierta en

foro permanente de debates nacionales sobre los temas de interés general; abra sus pantallas a todas las

opiniones y trate de convertirse en un gran medio de difusión cultural y educativo en un clima de libertad

intelectual. Sin televisión abierta no puede funcionar un sistema democrático.

Tales son las reflexiones que me inspira el resultado numérico de la consulta electoral. Hay un pueblo que

se llama España, que ha despertado rápidamente de su letargo impuesto durante tantos años. Y lo ha

hecho con madurez y serenidad, responsablemente, sin violencia alguna, corno corresponde a una

sociedad moderna, de país preponderante-mente industrial, de alto nivel de vida, juvenil, urbano,

renovador, laico, que se enfrenta con esperanza y con realismo a los problemas que le plantea su propio

dinamismo. Que cada sector de opinión, de los varios en que se divide la comunidad española, acepte

ahora su responsabilidad, sin destape, ni disfraz para los tiempos que vienen. La vida democrática

requiere, ante todo, autenticidad. Quien represente a la derecha, a la burguesía y a la clase empresarial que

lo diga sin miedo, ni rebozo. El temor ha terminado para todos desde que la izquierda puede llamarse otra

vez así, pública y legalmente. Solamente en la sinceridad deben legitimarse los intereses de las diversas

clases y grupos sociales para que al final sea España la que quede mejor servida.

JOSÉ MARÍA DE AREILZA

 

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