De elecciones, nada     
 
 Diario 16.    05/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

De elecciones, nada

Ni una sola alusión a las elecciones se contiene en la referencia del Consejo de Ministros de ayer. Al

Gobierno parece traerle sin cuidado la preocupación de la opinión pública y de los partidos políticos que

exigen saber ya, sin más dilaciones, el detalle de las normas electorales y, sobre todo, la fecha exacta de

las elecciones, si es que va a haber elecciones, pues hasta hay quien lo duda. Un Gobierno en cuya

neutralidad ya nadie apenas cree no consigue con este injustificado retraso —¡se dice también que

podrían aplazarse las elecciones hasta el otoño!— sino aumentar las suspicacias y dar pie para pensar que

en todo este asunto hay gato encerrado y falta el juego limpio.

Puesto que el Gobierno es el único que conoce el si, el cómo y el cuándo, de las elecciones, se

incrementan sus ya abusivas ventajas, supuesto que decida tomar parte en un juego del que debería ser

arbitro imparcial. Mientras los demás no tienen más remedio que mantenerse a la expectativa, el Gobierno

puede estar moviéndose sabiendo de qué. va a ir la cosa, iniciando ya, en suma, su campaña electoral, En

los últimos días no han faltado indicios que confirman esta hipótesis. El Gobierno parece dispuesto a

continuar sien-do Gobierno a toda costa, aliándose para ello con el demonio o con los enanos y sin que

aparentemente se dé cuenta de que tal actitud puede comprometer definitivamente el porvenir de la

democracia y el de la propia Corona.

Todas estas maniobras —de las que es pieza maestra la llamada Federación Social Independiente, ya

conocida como partido del Gobierno— revelan el propósito de montar una "democracia" artificial en la

que las fuerzas políticas verdaderamente representativas estén sustituidas por organizaciones —

marionetas dóciles a las inspiraciones de un poder que no quiere dejar de serlo—. El fantasma del

canovismo —en el que no hace tanto se cifraban las complacencias políticas de Fraga— sería la resultante

de toda esta estrategia. Un canovismo que en este caso sería el vehículo para el continuismo franquista

disfrazado para la ocasión de reformista y hasta de democrático.

Este planteamiento supondría, en última instancia, que los franquistas de diferentes matices y

generaciones —con el apéndice de la "izquierda" garcialopesca— formarían un frente común contra

cuantos aspiran a una democracia sin trampas. La lógica política más elemental llevará entonces a enten-

derse al Gobierno con la Alianza Popular una vez resueltas menudas cuestiones personales. Al fin y al

cabo algún miembro del Gobierno y el propio presidente fueron los promotores e iniciadores de la UDPE,

que es ahora uno de los pilares de la coalición neofranquista.

Ante este posible escamoteo de la democracia, todas las fuerzas que han apostado por un cambio efectivo

y no de mera fachada deben establecer el gran pacto para la democracia. Una coalición que vaya de los

socialistas al Partido Popular podría llegar a ser una formidable fuerza electoral que garantizaría el

carácter verdaderamente constituyente de las próximas Cortes y conjuraría los peligros de falsificación de

la democracia que ahora son tan evidentes. Un frente democrático de esta extensión obligaría al Gobierno

a una negociación efectiva haciéndole salir de esa concha en que actualmente se esconde. Sólo una acción

conjunta de los demócratas puede sacarnos del impasse- político en que nos han metido las ambigüedades

del Gobierno.

 

< Volver