Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Jornada de reflexión     
 
 ABC.    08/03/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

planetario

JORNADA DE REFLEXIÓN

Según se dice, este sábado es jornada de reflexión en las tres provincias vascas. Mañana, los vascos

votarán para elegir los primeros parlamentarios de su autonomía. Las frases hechas que utilizamos para

hablar acaban por no significar nada. ¿Qué significa «jornada de reflexión»? Significa que la mayor parte

de los que acudirán a las urnas no reflexionarán en absoluto. Ya tienen pensado, más aún, decidido, cuál

va a ser su voto. Ningún argumento de la campaña habrá modificado su propósito porque nadie, o casi

nadie, en este poco racional país nuestro, sabe escuchar a quién dice lo contrario de lo que él piensa.

Quienes deberían reflexionar son todos los que finalmente no acudirán a las urnas. Su ausencia,

capitalizarle políticamente, pero siempre de modo ambiguo, discutible, puede ser la que decida, aún más

que los votos en un sentido o en otro, el porvenir no sólo de su país, sino el de la democracia. El porvenir

de España es otra cosa. No depende sólo de ellos.

Es posible que la Historia no se repita, al menos con rigurosa exactitud de los fenómenos, pero es

inevitable descubrir en su ascendente espiral puntos homólogos, momentos en que las cir-cuntancias

confluyen de tal modo, que los hechos pasados nos inducen al peligroso ejerciólo de vaticinar los inme-

diatamente futuros. Así sucede ahora, al borde de la primavera de 1980, con el recuerdo de aquella

primavera de 1936, en que la República avanzaba apresuradamente, a tropezones, hacia la autonomía

vasca. El PNV advertía entonces que aquel Estatuto que iba a terminar de redactarse en junio no era

nacionalista a causa de las limitaciones que establecía a la autonomía plena y un mínimo grupo del ANV

pedía que se incluyera a Navarra en aquella legislación inminente. En cambio, el cardenal Goma se creía

obligado a denunciar ante el cardenal Pacelli, después Papa, los excesos demagógicos, aunque aquellos

nacionalistas vascos de entonces tenían una clara aversión a la izquierda revolucionaria, que no había

llegado, como ahora, a imponer su mar-xismo-leninismo separatista por medio del crimen.

En aquella primavera florecían bajo diversas formas los sentimientos secesionistas. Los agrarios cedistas

reclamaban un Estatuto para Castilla. El alcalde de Burgos pedía un Estatuto para Castilla la Vieja. En

Gijón se exigía otro para Asturias. León, raíz de España, veía nacer movimientos del mismo sentido. Y,

dato quizá poco conocido o demasiado olvidado. José María Be-ncgas pactaba con Aritzmuño, Lasarte,

Lizaso —¿dónde están?— la organización secreta de milicias vascas para salvar al país «del caos

comunista». Luego aquel vendaval de julio lo arrolló todo. Menos las simientes, que vemos transformarse

en flor esta nueva primavera. Suárez ha dicho en San Sebastián que el Estatuto sea aplicado y agotadas

sus posibilidades dentro de la Constitución. Una promesa y Un límite. Cumplir la una, sostener el otro, es

un duro, exigente, programa de Gobierno. Si no hay reflexión en la Jornada de reflexión ni en las

siguientes, recordemos, al menos, aquella preñada primavera de 1936. — Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

< Volver