Lo que peligra en el País Vasco     
 
 Ya.    09/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

9-III-1980

Lo que peligra en el País Vasco

LAS declaraciones de los líderes en las jornadas anteriores a la elección para el Parlamento vasco, que se

celebra hoy, han dejado las cosas como estaban. A un lado están los extremismos separatistas (Euskadiko

Eskerra y Herri Batasuna), que no es probable que obtengan la mayoría, pero sí una presencia importante

en el Parlamento vasco, donde constituirán un foco siempre abierto de perturbación. En medio el PNV,

que aunque obtenga la mayoría y forme Gobierno —y esto es desde luego lo más probable—, si no

cambia de talante, y no parece fácil, será el juguete de los extremismos mencionados. Al otro lado, la

incógnita de los partidos de base nacional —ucedistas, socialistas, comunistas y aliancistas—, que en el

pasado, sobre todo los socialistas, tuvieron presencia importante en el País Vasco, pero a los que

actualmente se llega a presentar como los presuntos vencidos de la jornada, lo cual tendría consecuencias

gravísimas, porque ellos, y sólo ellos, pueden equilibrar al PNV en el punto medio indispensable.

EL presidente del Gobierno, señor Suárez, ha anunciado —y es una gran verdad— que sólo con una

visión general, no compartimentada ni miope, pueden resolverse los problemas de las sociedades actuales:

la vasca también, por consiguiente. Únicamente desde España y en estrecha solidaridad con el resto de

España podrán los vascos librarse de caer en la sima de negra miseria que se abre ya a sus pies y hacia la

que les empujan los independentismos más o menos disfrazados.

QUE el PNV sólo no va a alejarles de ella, es lo que ha razonado el señor García Damborenea, número

uno del PSOE en Vizcaya. También hay que darle la razón ante la conducta de un partido —el PNV—

que, aunque descartemos de sus últimas afirmaciones lo que haya puesto en ellas el oportunismo

electorero, parece notoriamente incapaz para asumir sin ayudas la pesada carga de responsabilidades que

su probable triunfo va a poner en sus espaldas. El señor Garaicoechea ha prometido, frente al terrorismo,

«energía y firmeza», pero esto ¿quién se lo puede creer?

TODO ello hace imprescindible el contrapeso de los partidos nacionales, que pedíamos en nuestro

anterior editorial sobre el tema: porque el arma de los pueblos en un mundo democrático es el voto, y si

no lo ejercitan, están inermes. El señor Fraga ha reconocido que «pocas veces un grupo de ciudadanos ha

tenido que arriesgar tanto para servir al País Vasco y a España». Sobre la justicia de esas palabras sólo

puede juzgar enteramente quien haya conocido de cerca la realidad de un territorio donde proclamarse,

además de buen vasco, español, viene significando una cotidiana heroicidad. Sin embargo, ése es el credo

político de una gran parte de los vascos, y es el que, en las elecciones de hoy y contra los pronósticos

negativos, debería ponerse de manifiesto.

SI, venciendo los obstáculos de todo orden, así saliese de las urnas, bien podríamos decir, pensando en el

País Vasco y en la unidad española, que nunca tantos deberían tanto a tan pocos.

 

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