Victoria del PNV y abstención     
 
 Diario 16.    10/03/1980.  Página: 1,10. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

Victoria del PNV y abstención

Las elecciones de ayer confirman al Partido Nacionalista Vasco (25 escaños) como primera fuerza

electoral de las tres provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, y la ausencia garantizada de Herri

Batasuna (11 escaños) le otorga mayoría absoluta en el Parlamento regional. Ese es el primer dato básico

a retener en una lectura madrugadora de los resultados. Pero el porcentaje de abstención registrado, que

alcanza el 45,37 por 100 lastra la jornada con un serio condicionante al que no pueden legítimamente

escapar ninguna de las fuerzas políticas que han presentado sus candidatos ante el electorado. Sólo desde

la ultraderecha se ha propiciado en esta ocasión el abstencionismo y está claro que ese sector no suele

apuntarse a su cuenta la abstención de ayer. Aquí se abre obligatoriamente también la necesidad de

cuestionar la validez de otros cálculos y atribuciones interesadas que sumaban la abstención como un

éxito debido a la consigna de HB o del PNV en otras convocatorias anteriores a las urnas. Dieciséis listas

de partidos y coaliciones no han tenido, ni siquiera, sumadas, capacidad de movilizar con sus ofertas

electorales distintas más allá del 54,63 por 100 del electorado. A partir de este hecho, arrogarse la

exclusiva representación del pueblo vasco les va a quedar muy difícil a quienes con estos resultados

deberían tomar conciencia de su verdadera dimensión a menos que prefieran al veredicto de las urnas, el

ruido de las metralletas.

Sobre el factor común del PNV las anteriores consultas electorales marcaron en las tres circunscripciones

que ayer trataron unas propensiones acordes con la diferente estructura demográfica y la diversa realidad

industrial de cada una de las tres provincias. Álava reflejaba una componente UCD; Guipúzcoa, una

componente abertzale, y Vizcaya, una componente socialista. Los resultados de ayer potencian, por el

contrario, como segunda fuerza a la coalición Herri Batasuna y desplaza al PSOE del predominio bilbaíno

que le otorgaba su implantación histórica en las márgenes de la ría del Nervión. El crecimiento de HB

contrasta con el relativo estancamiento de Euskadiko Ezkerra. Parece que, al final, los incondicionales de

ETA prefieren el café-café y rechazan los sucedáneos. Quienes renuncian a obtener la independencia de

Euskadi mediante la lucha armada acaban perdiendo fuerza en la cantera etarra. Aunque la evolución nos

parezca civilizada y meritoria los resultados no les acompañan tanto. En todo caso, la justeza de los

análisis de Euskadiko Ezkerra no admite discusión a la vista de los escrutinios electorales de ayer,

plantear la independencia del País Vasco significaría abrir la guerra civil entre los propios vascos. Su

realización en estos momentos no podría tener otro color que el del más puro fascismo violento y racista

bajo los emblemas, eso sí, de Herri Batasuna. Al PNV le corresponde ahora asumir responsabili dades

básicas del primer Gobierno regional vasco desde esa necesaria revisión de sus propias ambigüedades y

demagogias a que aludíamos en nuestro editorial del viernes día 7.

 

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