El único camino     
 
 El Imparcial.    11/03/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El ÚNICO CAMINO

QUE nadie manifieste asombro ahora por los resultados de las elecciones parlamentarias vascas. Ocurrió

lo que tenía que suceder. Lo que estaba previsto en los pactos gubernamentales desde muchas fechas

atrás. La victoria indiscutible, aunque relativa, del PNV hubiera sido inviable o, cuando menos, mucho

más dificultosa sin el apoyo decisivo que le viene prestando indirectamente el Gobierno de UCD desde el

ya lejano, pero condicionante, período constituyente. Otro enfoque distinto de los resultados electorales

produciría seguramente un efecto distorsionador. Y esto hay que advertirlo para evitar equivocaciones,

aunque seamos conscientes de que en las elecciones al Parlamento autonómico vasco existen factores de

insospechada trascendencia que han escapado, sin duda, al control y previsiones gubernamentales. Por

ejemplo, el altísimo índice de abstenciones, que, lejos de constituir una actitud pasiva, denota, en nuestro

criterio, una meditada postura de rechazo global al sistema. O el peligroso avance del frente abertzale,

representado por Herri Batasuna y Euskadiko Ezkerra, cuya abierta proclamación independentista

introduce en el Parlamento vasco un gravísimo ingrediente de irracionalidad revolucionaria, que nada

bueno puede presagiar.

ANTE este mosaico de posiciones, en las que el PSOE queda inevitablemente situado en una

posición centrista e irresolutiva, nuestros lectores tienen derecho a preguntarse una vez más: y ahora,

¿qué? Porque, efectivamente, los partidos vascos con representación parlamentaria autonómica habrán

de decidir ahora cuáles han de ser las alineaciones de fuerza determinantes del próximo Gobierno

autónomo. En este sentido, al PNV le quedan pocas salidas lógicas. Si se nos apura habremos de

decir que al PNV no le queda más que un camino transitable. Aquel que quedó comprometido en los

pactos gubernamentales y que, de alguna manera, ha recordado explícitamente el presidente Suárez

durante su breve campaña electoral al reiterar que «el estatuto de autonomía se aplicará tal como está». Es

decir, efectuando las transferencias previstas en los diversos órdenes administrativos, judiciales,

económicos, culturales y de Policía. V todo ello por la vía del respeto a la Constitución, que exige y

proclama la indisolubilidad de la unidad nacional como condicionante esencial del derecho de autonomía.

DE modo que no es demasiado difícil aventurar el juego de pactos que se avecina, aunque siempre exista

el riesgo dé la sorpresa imprevisible. No se nos oculta, sin embargo, que el difícil equilibrio de fuerzas

poli-ticas que conforman el Parlamento vasco permite multitud de combinaciones, por descabelladas que

parezcan. Bastaría, por ejemplo, que Herri Batasuna cumpliera con lo anunciado en su campaña, es decir,

que renunciara a estar presente en el Parlamento vasco, para que el PNV pudiera formar el también

pronosticado «gobierno monocolor». La duda surge al suponer que Herri Batasuna ha sido la primera

sorprendida de su éxito y que éste podría llevar a la filial política etarra a la definición de otra táctica

parlamentaria distinta a la planteada antes de conocer los resultados. En todo caso, insistimos, al PNV no

le queda más camino que la senda constitucional. Cualquier pretensión de «frente abertzale», junto a HB

y EE, que supusiera una abierta inclinación independentista desencadenaría un proceso irreversible hacia

un desastre para el País Vasco y para España.

 

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