Autor: Pla, Juan. 
   Creo en la paz     
 
 El Imparcial.    11/03/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Viento de Proa

CREO EN LA PAZ

PERMÍTASEME celebrar, desde este rinconcillo cotidiano, el triunfo de los que, aparentemente, han

ganado las elecciones del País Vasco. Es obvio que no levantaré jamás mi copa por aquellos que

pretendan desmantelar la unidad y el progreso de España. Si mi conciencia tuviese datos e informaciones

cabales, documentos y verdades irrefutables de que el PNV, Herri Batasuna o Euskadiko Ezkerra estaban

integrados en un frente común contra mi país, yo no sería tan necio de celebrar su victoria electoral.

Ocurre, sin embargo, que nunca me han faltado informaciones e indicios racionales para pensar y creer

que todo este tinglado de la autonomía se rige, en sus núcleos más internos, por la ley de la pura estrategia

política de los partidos. SI afirmásemos que en el País Vasco han triunfado los separatistas y marxistas

antiespañolistas;, como se viene diciendo a todo pulmón y a lágrima viva en otras publicaciones

dignísimas, caeríamos en el riesgo de insultar a los partidos españoles que, en su día, volverán a pactar

con el PNV, con Herri Batasuna y con Euskadiko Ezkerra, que son los que van a mandar ahora en un

nuevo Gobierno vasco, rigurosamente legal y constitucional y español. Desde luego, yo estoy convencido

de una cosa, aunque se me tache de ingenuo: cuando un ministro español dice que no piensa dejar a los

españoles vascos una patria «sin honor y sin libertad», entiendo que pactar o negociar con los asesinos y

terroristas de ETA no es una manera directa de fomentar el separatismo, sino, más bien, una cruda y

dificilísima tarea de gobierno... para establecer la paz, el honor y la libertad.

CULTIVO, desde hace algún tiempo, la convicción de que Suárez y Garaicoechea, bajo la mala sombra

protectora o amenazante de las grandes potencias extranjeras, han llegado a un entendimiento serio y

definitivo. Cultivo también la convicción de que el PSOE, que va a librar su más difícil batalla política en

el País Vasco, contrapunto de su clara victoria popular en Andalucía y en Cataluña, también será propicio

a los entendimientos democráticos que salvaguarden la paz, la libertad y la democracia. No creo que

llegue a producirse la involución —la guerra civil— en España por mor del problema vasco, aunque

mantengo, con absoluta clarividencia, la idea de que la ETA, desde Franco hasta la fecha, es la única

involución posible en España y la única guerra que aquí venimos padeciendo.

NO se vislumbra, desde un punto de vista imparcial, más solución de futuro que la INDEPENDENCIA.

Es claro que me estoy refiriendo a la independencia de España, frente a la clara invasión de las grandes

potencias exteriores en Euskadi. Esa es, a mi juicio, la clave del problema vasco. Creo, pues, que la

solución no está en denunciar, con grandes alharacas y acollonados términos, la muerte de España a

manos de la independencia que pretenden algunos vascos antiespañoles. Lo que hay que evitar, sobre

todas las cosas, es el enfrentamiento de los tanques españoles con los tanques rusos. Es evidente que toda

la nación requiere la presencia de un gran estadista, que sepa aunar todas las fuerzas de esta Patria común

y bien amada, alguien que sepa devolver su paz y su trabajo y su progreso a los vascos de siempre. Tal

personaje, por supuesto, no es aquel que proyecte acabar con las pulgas a cañonazos. Fundado en esta

esperanza, permítaseme celebrar el efímero fulgor de un triunfo estratégicamente aparente. ¡Honor a los

muertos!

Juan PLA

 

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