Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La paz de Guernica     
 
 Ya.    11/03/1980.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

pág. 11. YA

La columna

LA PAZ DE GUERNICA

LOS dos partidos mayoritarios de ámbito nacional, la UCD y el PSOE, han sufrido un duro revés en las

primeras elecciones al Parlamento vasco. Es cierto que el espacio político-ideológico de la UCD en el

País Vasco lo ocupa en gran parte el victorioso PNV, lo mismo que el espacio comunista vasco está en

manos de Euskadifco Ezquerra. Pero no deja de ser preocupante esta nueva derrota del partido del

Gobierno en la periferia tras el hachazo de Andalucía. Sólo si se cumplen los optimistas pronósticos de

una recuperación en Cataluña el día 20 se paliará esta agobiante sensación de pérdida de confianza.

Nada más conocerse los resultados provisionales, los representantes de UCD se aprestaron a ofrecer su

colaboración al PNV, que, si no hay sorpresas de última hora, gobernará en solitario, aunque no cuenta

con la mayoría absoluta de los escaños. El resonante triunfo del Partido Nacionalista Vasco, por el que

Suárez había apostado para conducir el proceso autonómico, impide, a mi juicio, cualquier tentación de

los nacionalistas moderados, respaldados por la burguesía vasca y de tendencia prevalentemente

demócrata-cristiana, a apoyarse en los nacionalistas radicales, de tendencia marxista-Ieninista, formando

un «frente abertzale». Significativamente las primeras declaraciones del «lendakari» Garaicoechea, a las

dos y cuarto de la madrugada del lunes, por RNE, fueron «un saludo a todos los pueblos de España». El

hermoso y sagrado nombre de España no está aquí pronunciado en vano. Sólo si el PNV se sintiera

acosado por el Gobierno de Madrid, despreciado y traicionado, pediría ayuda a los nacionalistas radicales.

Ya nadie duda que el desarrollo del Estatuto de Guernica se hará hasta el límite. Precisamente otro dato

inquietante de estas elecciones na sido el ascenso de Herri Batasuna, a pesar de sus disgregaciones

internas, y el mantenimiento digno de Euskadiko Ezquerra. La creciente riada «batasuna», conglomerado

extraño que tiene como brazo armado a ETA (militar), amenaza sobre todo al PNV. Los modelos de

sociedad que defienden Garaicoechea y Letamendía son antitéticos. Por lo demás, HB ni siquiera parece

tener intención de entrar en el Parlamento vasco. Lo suyo no es la democracia parlamentaria. En cualquier

caso, está claro que la mancha nacionalista ha ido avanzando en el mapa vasco a medida que ha crecido la

abstención. A estas alturas parece confirmado que casi la mitad de los ciudadanos que viven en las

provincias vascas vuelven la espalda al proceso autonómico. Este es un dato importante para eliminar

cualquier ilusión «abertzale» de convertir las elecciones del domingo en plebiscito de autodeterminación.

Prácticamente la mitad de los vascos no quieren saber nada de autonomías y se han quedado suicida

mente, temerosamente, numantinamente, en casa. (No faltan los que proponen, para acabar con esta plaga

del absentismo, que en la próxima ley electoral se establezca, como ocurre en alguno de los países más

demócratas de Europa, la obligación del voto, que no sólo es un derecho, sino también un deber

ciudadano.) Por lo demás, dos notas previsibles: el presidente Suárez ofrecerá una cartera en el Gobierno

central a un representante del PNV para evitar el «contrapoder» vasco y para desarrollar el estatuto de

autonomía concertadamente; y el Rey acudirá a Guernica a jurar el estatuto vasco. Estoy en condiciones

de asegurar que el Rey don Juan Carlos, que está aprendiendo vasco aceleradamente, tiene verdaderos

deseos de ir a aquella tierra de su niñez. Si no ha viajado todavía al Norte ha sido porque el Gobierno no

lo ha creído oportuno. Ahora, por fin, va a cumplir uno de los sueños de su reinado, confiando en que sea

éste el principio de la pacificación de Euskadi.

Abel HERNÁNDEZ

 

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