Los trasvases del Tajo-Segura y Ebro no van a favorecer a las regiones más pobres. 
 El desarrollo industrial, máximo factor de contaminación de las aguas de los ríos     
 
 El País.    08/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

CIENCIA

EL PAIS, viernes 8 de septiembre de 1978

El agua es uno de los elementos más abundantes de todas las sustancias materiales necesarias al hombre.

Sin embargo, está dejando de serlo, se malgastarse contamina y puede llegar a agotarse. La demanda de

agua ha aumentado considerablemente debido al incremento de la población y, sobre todo, por las

exigencias del desarrollo industrial, y se ha convertido en un recurso codiciado y causa de multitud de

conflictos.

En este trabajo Equipo de Estudios trata de señalar las líneas generales del problema del agua en relación

con el desarrollo desigual de las regiones y el actual problema de las autonomías, que lo coloca en un

primer plano de actualidad.

Los trasvases del Tajo-Segura y Ebro no van a favorecer a las regiones más pobres

E1 desarrollo industrial, máximo factor de contaminación de las aguas de los ríos

El problema del agua no es de escasez. A diferencia de otros recursos naturales, el agua no presenta

pérdidas cuantitativas, su volumen total existente en la Tierra es siempre el mismo, actuando el ciclo

hidrológico océano-atmósfera-tierra-océano como un proceso autorregulador y autodepurador; el

problema estriba en su desigual distribución y en que su derroche desordenado puede conducir a su

irreversible deterioro cualitativo al superar la contaminación la capacidad depuradora del proceso natural

del ciclo hidrológico.

Del total del agua existente, sólo del 2 al 3 % aparece como agua dulce apta para ser consumida direc-

tamente, y de esta cantidad el 75 % se encuentra en forma de lluvia, por lo que, únicamente, el 1 % del

total acumulado en la biosfera de forma líquida aparece como única reserva para su utilización por el

hombre en usos domésticos, agrícolas e industriales. En la actualidad el agua útil se obtiene

fundamentalmente a partir de las aguas superficiales y subterráneas y, en algunos casos, de la

desalinización del agua de mar, aunque se investigan otros procesos tales como la obtención de lluvias

artificiales o traslado y fusión de icebergs. No está muy claro, sin embargo, que los beneficios que

podrían obtenerse de la generalización de estos procesos lleguen a compensar los perjuicios ecológicos

que puedan producirse.

Las causas más importantes de contaminación son las producidas por la industria, que vierte en los ríos y

en el mar una gran cantidad de sustancias nocivas, los vertidos a las corrientes de agua de los residuos

urbanos y de un modo especial los detergentes, y en los embalses y lagos el proceso llamado de

eutrofización, que consiste en la fertilización de las aguas estancadas por la progresiva aparición de

plantas acuáticas, agotamiento del oxígeno y aumento de su contenido en materia orgánica, hasta que

resulta inservible como agua potable. A esto habría que añadir la elevación de la temperatura debida a la

refrigeración de centrales térmicas y nucleares que modifica gravemente su contenido biológico.

Pero la contaminación no se limita a las aguas superficiales, sino que se extiende a las subterráneas por la

filtración a través del suelo de las sustancias químicas y pesticidas que se emplean en la agricultura en las

regiones más desarrolladas. Aunque la contaminación de estas aguas es muy más lenta, resulta

difícilmente reversible debido á la falta de aireación que padecen sin olvidar que en las zonas costeras un

uso excesivo de aguas subterráneas puede provocar la salinización de estas reservas por la filtración

marina.

En resumen, los principales agentes contaminantes son los químicos: abonos, detergentes, pesticidas,

herbicidas, fungicidas, residuos de industrias, lavaderos de minerales, fugas de petróleos y sus derivados;

radiactivos y orgánico - biológicos: pozos negros y alcantarillado.

Una legislación inoperante

En España, al menos en teoría, la gestión del agua corresponde al Estado y está encomendada a dos

Ministerios, el de Obras Públicas, encargado de la regulación y concesión de las aguas superficiales y

obras de ingeniería civil relacionadas con las mismas, y el de Industria, que tiene a su cargo las aguas

subterráneas. Sin embargo, en la práctica, el agua y su uso y consumo se encuentran sometidos a criterios

de máximo beneficio, y el desarrollo capitalista ha convertido el agua en una mercancía que se compra y

se vende como cualquier otra. El Estado se ha mostrado incapaz de oponerse a su utilización desigual y a

su contaminación progresiva.

Aunque la legislación vigente sobre el agua data de una época en la que no se podía prever el deterioro

actual de nuestros ríos —ley General de Aguas de 1879—, sí tenía en cuenta la regulación de su

contaminación: «Cuando un establecimiento industrial comunique a las aguas sutancias y propiedades

nocivas a la salubridad o a la vegetación, el gobernador de la provincia dispondrá que se haga un

reconocimiento facultativo, y si resultase cierto el perjuicio, mandará que se suspenda el trabajo industrial

hasta que sus dueños adopten el oportuno remedio.» (Art. 219). Basta con recorrer las cuencas

hidrográficas del Noroeste, del Norte y del Pirineo oriental, donde se encuentran los ríos más

contaminados de España, para comprobar que esta medida legislativa no se cumple, sustituyéndose en la

práctica el cierre de las industrias por multas que, en el mejor de los casos, son manifiestamente

desproporcionadas al daño ocasionado y que las empresas pueden considerar estas sanciones como

integrantes de sus costos de explotación.

En estos mismos días la prohibición gubernativa de la marcha popular prevista para protestar contra la

contaminación de las aguas del Llobregat pone de manifiesto, una vez más, la inoperancia de una

legislación y la complicidad de las autoridades en su incumplimiento. El río Llobregat sufre 881 vertidos

ilegales, según los organizadores de la marcha, o al menos 97vertidos residuales, según la Comisaría de

Aguas del Pirineo Oriental. Las contaminaciones frecuentemente denunciadas de las rías de Bilbao,

Aviles y de las rías gallegas son otros tantos ejemplos de esta situación, de hecho tremendamente grave, a

la que jamás se ha puesto remedio.

Junto a las industrias, las grandes aglomeraciones urbanas constituyen un factor gravemente

contaminante por los vertidos en los ríos en el mar de sus aguas residuales. Así, para abastecer a Madrid

se dedica la totalidad del caudal de las aguas del Lozoya y gran parte de la cuenca alta del Jaráma,

vertiéndose posteriormente a este mismo río un caudal de 7,6 metros cúbicos por segundo, del cual la

mayor parte —6,6 metros cúbicos por segundo— son aguas residuales de máxima contaminación, cuyos

efectos se dejan sentir hasta la provincia de Cáceres, habiendo provocado esta situación las lógicas

protestas de poblaciones afectadas, como Toledo. Noticias como la que estos mismos días se ha

producido en un pueblo de Pontevedra, ante una posible epidemia de tifus por la contaminación de las

aguas de su abastecimiento, son frecuentes en muchos puntos del país y señales de alarma de un problema

que cada día se agrava.

Las aglomeraciones urbanas en nuestros litorales, construidas para acoger un turismo de vacaciones en

crecimiento, producen, por sus vertidos residuales en el mar, la contaminación de las playas origen de la

atracción turística y causa inmediata de su crecimiento. Según un informe de la CNT, publicado uno de

estos días, son varias las playas de Málaga gravemente contaminadas y peligrosas para sus bañistas y en

este mismo verano se ha decretado el cierre de otras en la provincia de Barcelona por la misma razón. La

situación del Mediterráneo, denuncian los expertos, está entrando ya en ese punto irreversible por la

acción contaminante de sus litorales y de las aguas vertidas por los ríos portadores de residuos

industriales.

El reparto y la distribución del agua

Otra cuestión distinta, pero no menos grave, es la desigual distribución del agua en nuestra geografía y su

desigual aprovechamiento. Para determinadas zonas y países la escasez de agua ha supuesto el

subdesarrollo y la dependencia; en nuestro país son regiones enteras las que están desfavorecidas y esta

situación se va progresivamente agravando en virtud de la sucesiva incidencia que sobre este problema ha

tenido una acción continuada de planes para el aprovechamiento de las aguas y modificación de su ya

desigual distribución natural y que han beneficiado siempre a las zonas más favorecidas, donde se han

concentrado las industrias y las grandes aglomeraciones urbanas. Actualmente el problema se pone de

manifiesto con los procesos autonómicos, ya que las regiones más pobres denuncian y se resisten contra

el expolio de sus aguas y recursos naturales en beneficio de otras regiones y nacionalidades más

desarrolladas. Concretamente dos proyectos de trasvasé de aguas, el del Tajo-Segura y el del Ebro, son un

ejemplo de expoliciación de recursos naturales canalizados hacia regiones más prósperas para consolidar

y ampliar su economía en detrimento de otras áreas más necesitadas, a las que se limita para siempre de

esta forma su posible desarrollo futuro.

El primero de estos proyectos, el trasvase del Tajo al Segura, en ejecución muy avanzada, toma las aguas

del pantano de Bolarque, situado en la cabecera de la cuenca del Tajo, ya través de 286 km., que suponen

obras de ingeniería civil extraordinariamente costosas, las vierten en la cabecera del río Mundo, afluente

del Segura. El agua, ya en este río, se divide en dos canales (obras del postrasvase aún no realizado): el de

la margen izquierda, que regará las zonas de Alicante y Cartagena, y el de la derecha, que servirá al valle

del Guadalentin y parte de Almería. La capacidad total de este trasvase es de 1.000 millones de metros

cúbicos por año, pero la primera fase del proyecto sólo autoriza un trasvase de 600 millones, que serán, al

parecer, empleados en primer término para el consumo urbano y no para regadío, como se dijo para

justificar el proyecto. Las reducciones progresivas de las zonas de regadío previstas y la prioridad dada al

consumo hacen suponer que la razón del trasvase no es tanto regar como favorecer el desarrollo urbano-

industrial y, sobre todo, turístico de Alicante y Murcia, respondiendo a intereses de multinacionales

instaladas en esta zona del litoral. Las zonas más perjudicadas en este proyecto son Cáceres y Toledo, a

quienes se les obliga a ser solidarias con un desarrollo turístico e industrial del que no van a obtener

ningún beneficio, salvo algunas obras de infraestructura de escaso valor y cuya necesidad resultaba

evidente antes del trasvase.

El trasvase del Ebro, contestado

El trasvase del Ebro, proyecto hoy fuertemente contestado desde Aragón y desde Navarra, tiene por

objeto abastecer con nuevos caudales de agua las continuas demandas de los cordones industriales de

Barcelona y en grado menor de Tarragona y Valencia. En 1974 la Dirección General de Obras

Hidráulicas presentó un plan por el que se pretendía derivar una parte del caudal del río Ebro, tomado en

el tramo inferior a Xerta, y conducirlo por un acueducto hasta los grandes núcleos urbanos de Barcelona y

Tarragona. El proyecto suponía, según el criterio de los habitantes y campesinos del bajo Aragón, la ruina

de esta zona agrícola en beneficio de otra región industrializada. La oposición activa ha hecho detener, al

menos de momento, el proyecto, al mismo tiempo que se han establecido diversas alternativas para

solucionar el problema.

Hoy el trasvase del Ebro, o si se prefiere la desviación de una parte de su caudal hacia las grandes

concentraciones urbanas e industriales catalanas, se encuentra íntimamente ligado al problema del delta

del Llobregat y a la expansión urbana e industrial de Barcelona. Esta ciudad y su cordón indutrial se

ahoga no sólo por falta de agua, sino también de espacio, y el delta del Llobregat va desapareciendo como

espacio de huerta bajo la presión de una expansión desordenada. Zona muy rica en aguas subterráneas y

de superficie, se va degradando en gran parte debido a la instalación de gran número de industrias, entre

las que merecen destacarse, por su gran consumo de agua, las papeleras y la industria de la seda.

 

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