Autor: Lliset Borrell, Francesc. 
 Una cuestión olvidada de la división territorial. 
 La reforma del mapa municipal de Catalunya     
 
 La Vanguardia.    12/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA VANGUARDIA

TRIBUNA

MIÉRCOLES, 12 DE MARZO DE 1980

Una cuestión olvidada de la división territorial

La reforma del mapa municipal de Catalunya

SORPRENDE Cómo muchas gentes ilustradas, incluso jóvenes, ^ se aterran a viejos esquenas

concebidos en ¡os años treinta, como si en vano hubiera transcurrido medio siglo, y no pueden

dejsr da ver, en el tramo histórico de cambio que vivimos, más que una mera soldadura o

reencuentro con el pasado, que ni siquiera han conocido. Algunos de aquellos esquemas,

mentales u organizativos, han llegado a alcanzar la categoría de mitos políticos, y pocos

parecen darse cuenta de que tales mitos pueden ser un obstáculo serio para el progreso sooidl,

económico y cultural de muestro pueblo. Afirmamos todo esío en relación con la fuíura

organización territorial de Cata-tunya que, si Dios no lo remedia, se nos puede venir encima,

impensadamente, como preconizan algunos, a invocación de los nuevos parlamentarios

catalanes, como un paralizante fantasma emergido del cementerio de las organizaciones

históricas.

No por ser fruto abortado de una época, cariñosamente re-cardalda, hemos da caer en el error

de revivir divisiones territoriales obsoletas, haciendo con ello chirriar ´las nuevas formas de

convivencia a que nos lanzan los nuevos tiempos. La poco feíliz redacción del art. 5 dej

Estatuto de Autonomía de Catalunya, obligará a algo más que a la materialización de un

recuerdo histórico. Por ello, unos estudios previos, plurrefiscipli-nares, y surgidos de diferentes

frentes ideológicos, producidos con imaginación, realismo y esperanza en el futuro, son

absolutamente necesarios.

Nadie piensa, por el momento —y ello me parece muy grave, porque las estructuras actuales

ya no nos sirven— en reformar la unidad político-administrativa básica de nuestra convivencia,

en reformar el municipio, cuya autonomía garantiza, un tanto retóricamente, la Constitución

frente a niveles administrativos territoriales de orden superior.

Sin embargo, la ampliación de su base territorial, en el caso de los pequeños municipios, a

través de la fórmula del municipio compuesto, es una exigencia actual, que habrá de

condicionar cualquier tipo de organización intermedia entre el municipio y la Generalidad.

Organización intermedia que no debería ocupar, ni mucho menos, el primer lugar, en el

pensamiento de nuestros políticos sobre la Administración pública catalana. Contrariamente a

mi tesis, una gran mayoría sólo piensa llueve sobre mojado— en el principio, poco democrático

por cierto, de desconcentración de la Generalidad, bajo la forma de órganos periféricos de la

comunidad autónoma, paralelos a los entes locales, como un dogma e tener en cuenta, pese a

su carácter burocratizante y a su notorio fracaso histórico, desde el punto de vista de ¡la

eficacia, en la Administración pública que tratamos de abandonar. Creo que ya es hora de

corregir mimetismos estériles y contradicciones organizativas recibidas acéticamente, y de

empezar •a. elaborar proyectos de futuro, entre la viabilidad y (a revolución, la utopía y el

realismo, las desmitificaciones del pasado y la fe en la propia capacidad creadora.

Hace muy poco tiempo que empieza e preocupar en ciertos medios político-doctrinales, el

grave problema de la vertebra-ción territorial de la Generalidad, mucho más en sus aspectos

socioeconómicos que en los administrativos. Limitándome a estos últimos, es preciso indicar

que :

La Administración de Ja Generalidad no se agota en sus propios órganos, sino que, en un

sentido amplio, habrá de comprender, aunque sea en forma de administración a control remoto

según se desprende del artículo 5 del Estatuto de Autonomía— a los municipios, e las

comarcas, a las supracomarcas, a las provincias, y aún a otras agrupaciones de carácter no

territorial. Pese e las buenas intenciones de! artículo 5 del Estatuto de abarcar, en la futura

Administración Pública Catalana, todas las posibilidades organizativas, no podía resultar,

legislativamente hablando, más desdichado. La anunciada Ley del Parlamento autónomo sobre

la futura organización territorial de Cataluña se las verá y se las deseará, en íntima conexión

con las leyes de Régimen Local —estatal y propia— para salir con bien de la cuestión

planteada y para acertar en !a necesaria racionalización, definición y, aún, eliminación de los

escalones administrativos innecesarios. Porque de lo que no hay duda es que el país no puede

permitirse el lujo de instrumentar, una tras otra, las cinco esferas administrativas que contempla

el artículo 5 del Estatuto, aún sin contar con la Administración del Estado. Incrementar en la

organización administrativa vertical los tres escalones habituales de prestación de servicios

públicos, rne parece —cuando menos, un auténtico despilfarro que salvaguardando la mayor

participación ciudadana posible y un coste burocrático global soportable— hay que evitar a toda

costa si no queremos provocar peores males de ¡os que, con la nueva organizacion, tratamos

de evitar.

Ante todo, hay que parar mientes en el Municipio, con mayúsculas, y en que, tanto desde una

perspectiva representativa como de la de una mínima eficiencia prestacional, es inviabie en

Cataluña el mantenimiento de 934 municipios, al menos en su actual configuración.

Los que somos de la periferia y, por añadidura, de pueblo pequeño, sabemos perfectamente

que la democracia sirve de poco a la hora de querer satisfacer, sin salimos de la angostura

rural, las necesidades colectivas más elementales, porque, como antes y tal vez como siempre,

habremos de continuar mendigando servicios a organizaciones públicas lejanas, en, cuyas

decisiones difícilmente podremos participar desde un forzado aislamiento geográfico, por más

que, en pura teoría, se nos asegure lo contrario.

Por ello, creemos que ¡la fórmula técnica que hace posible, en la situación socio-económica y

cultural presente, un municipio rural fuerte, eficaz y participado, es la del municipio compuesto

a dos niveles, uno prestacional, y otro casi estrictamente participativo, pero con suficiente

incidencia real sobre el anterior.

El municipio compuesto, que en ocasiones tendría, en términos de la división territorial de 1933,

carácter comarcal, es, asimismo, una fórmula perfectamente válida para las grandes ciudades,

en las que la participación ciudadana exige, igualmente, una estructura adecuada en cada

división interior. Junto a estos dos tipos de municipios compuestos, se podrían mantener a los

municipios unitarios tradicionales, dotando a unos y a otros, igualitariamente, según sus

necesidades, de suficiente capacidad financiera, técnica y de gestión.

Todos los ciudadanos de Cataluña encontrarían, por esa vía, cumplida satisfacción a sus

necesidades esenciales, cuya prestación habrá de asumir, en la futura legislación, la

Administración municipal, una administración municipal amplia, democrática y eficaz, que

reduzca .a la décima parte el número de sus unidades en cuanto a titulares de servicios

públicos, aunque duplique el número actual de ayuntamientos, como estructuras de

participación popular y, en muchos casos, de autogestión coordinada.

Francesco LUSET BORRELL

 

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