Que nadie se queje     
 
 La Vanguardia.    12/03/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

OPINIÓN

QUE NADIE SE QUEJE

NI esta es la página adecuada ni es nuestra función analizar los resultados electorales vascos y su posible

repercusión de cara a la política del Estado y, sobre todo, de cara a las próximas elecciones al Parlament

de Catalunya. Bástenos, simplemente, constatar que el acto de votar es el acto democrático por excelencia

en la medida que el ciudadano participa y expresa directamente su voluntad en la política del país.

El exceso de votaciones seguidas quizá este «trivializando» lo que debería ser la práctica responsable del

primer deber ciudadano -el votar- pero ni esta aglomeración de elecciones ni otras consideraciones deben

hacernos olvidar la suprema importancia que para la vida de los pueblos tiene toda confrontación

electoral.

DE las elecciones vascas -como del referendun andaluz- solo queremos extraer una preocupante

consecuencia: el elevado índice de abstención que roza ya peligrosas cotas de mala salud democrática.

Y nos preocupa esta abstención porque, también en Catalunya, la tendencia de los pasados comicios

apuntaba a esta indeseable abstención. Un pueblo que no vota es un pueblo que dimite de su condición

ciudadana. Un pueblo que no vota es un pueblo que no tiene derecho a quejarse después de que los

asuntos públicos no vayan en la dirección deseada. Un pueblo que no vota o es un pueblo inconsciente o

es un pueblo de antemano derrotado que practica la indiferencia del que se siente impotente para regir sus

propios destinos.

TODA la campaña de Fomento del Trabajo ha estado precisamente dirigida a combatir la frivolidad de la

abstención y el suicidio de la dimisión ciudadana.. Las próximas, elecciones van a consagrar un mapa

político y una integración del Parlament de Catalunya que debe ser fiel reflejo y exacta reproducción de la

realidad sociopolítica catalana. Una abstención importante como la que se ha producido en las elecciones

vascas distorsionaría la representación de esta realidad y, en definitiva, podría consagrar un peligroso

abismo entre el país oficial -el Parlament, el Gobierno, los partidos- el país real. Con el agravante de que,

en el caso catalán,,no es sólo un problema de representatividad lo que se debate, sino la posibilidad de

entronizar una política que, en su radicalidad esencial, transforme y transtorne los presupuestos básicos

que tradicionalmente han formado Catalunya.

SI alguna experiencia, pues, hay que extraer de los comicios vascos es de carácter negativo: aquí no

puede producirse tan elevada tasa de abstención. Si ocurriera como en el País Vasco que nadie se queje

después. Que nadie se rasge las vestiduras según cuales sean los resultados y .la política que se practique

en consecuencia. Que nadie implore la cólera de los dioses porque se ha iniciado un proceso irreversible.

Los pueblos inteligentes y maduros aspiran a regir su propio destino. Los pueblos responsables, votan.

 

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