Contra el trasvase Tajo-Segura     
 
 El País.    18/12/1977.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ECONOMÍA

EL PAIS, domingo 18 de diciembre de 1977

TRIBUNA LIBRE

Contra el trasvase Tajo-Segura

EQUIPO DEFENSA DEL TAJO

El pasado día 13 apareció en este mismo espacio un artículo titulado En defensa del trasvase Tajo-Segura

firmado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia. En él se exponía una serie de

argumentaciones intentando demostrar lo razonable de consumar dicho proyecto. Nuestro punto de vista

es obviamente contrario y lo fundamentamos sobre el mismo cuadro de análisis que se seguía en el

artículo citado.

Razón histórico-política

Comienza y termina el artículo aludiendo a que son «pequeños y particulares intereses de grupo» los que

se oponen a la consumación del trasvase. Podemos afirmar que, al menos en la provincia de Toledo, lo

que existe es un unánime,e indignado clamor popular adverso a un proyecto que puede hipotecar su

futuro. Esta indignación crece al pensar que si la aprobación del trasvase fue posible en los años 67-68,

ello se debió a la forma autoritaria del Estado anterior, que impuso, sin el necesario debate, una obra más

que dudosa en muchísimos aspectos. No creemos que la sociedad española y el Gobierno actuales deban

responsabilizarse de los errores cometidos por un Estado cuyo aparato dictatorial fue rechazado por las

urnas el pasado 15 de junio.

Por otra parte, resulta pintoresco que en pleno proceso de instauración de un Estado de autonomías se

limiten de hecho las posibilidades de progreso de una región como la cuenca del Tajo, imponiéndole una

servidumbre al detraerle un bien natural precioso como es el agua. Lo que queremos decir es que en el

artículo citado no aparece ni una sola vez una consideración mínima a una región que, aunque central no

es centralista, sino más bien marginada y víctima entre las primeras del desarrollismo monopolista y

concentrador del régimen franquista.

Rentabilidad agraria

Más de la mitad del trabajo que comentamos centra su atención en resaltar la importancia a nivel nacional

de evitar en la mayor medida posible importaciones de productos agrarios, y en poner de relieve la

rentabilidad agraria de esta obra.

Afirmamos que desde la cuenca del Tajo nadie ha cuestionado nunca la necesidad apremiante del

autoabastecimiento de materias primas, la exigencia en términos de economía global, de ser cada vez

menos dependientes de las importaciones, por lo que ello comporta de saneamiento de nuestra balanza

comercial en un capítulo tan básico como el de los productos agrarios. Esa cuestión jamás se ha discutido,

y es importante resaltarlo ahora cuando puede existir la tentación de interpretar nuestra postura como

insolidaria o intransigente.

Lo que aquí se ha puesto y se sigue poniendo en tela de juicio es que dicha política se lleve a cabo

creando deseconomías internas y potenciando dependencias de unas regiones respecto de otras, lo cual es

evidentemente diferente.

Pero es que además resulta demostrable —y vamos a hacerlo— que la provincia de Toledo puede

incorporar tanta o más rentabilidad que las tierras del sureste con los regadíos que podrían ser explotados

usando las aguas que se pretenden trasvasar. En efecto: comparando los productos agrarios en que

actualmente somos más deficitarios, como son cereales-piensos, forrajes y remolacha azucarera, tenemos

que son superiores las producciones por hectárea de los actuales regadíos toledanos respecto a los

murcianos. Revisando los datos recogidos en el Anuario de Estadística Agraria (años 72,73, 74 y 75)

publicado por el Ministerio de Agricultura, nos encontramos con que las producciones unitarias de

cebada, maíz grano y forrajero, remolacha azucarera y forrajera, soja, sorgo y veza forrajera son

superiores en rendimiento por hectárea y en todos los años. Por ello, aun no dudando de la superioridad

de las tierras murcianas en relación con las francesas para este tipo de cultivos, como se dice en el

artículo, tenemos que negar rotundamente esa relación de superioridad referida a Toledo que,

casualmente, puede disponer de ese agua a pie de riego. No en balde estas apreciaciones pertenecen a un

informe que la FAO redactó sobre el desarrollo de la agricultura en España que, en 1966, (recuérdese,

antes de aprobar el trasvase) decía textualmente: «Vega del Tajo: inmejorable para pastos de regadío y

cultivos forrajeros para la producción de ganado», frente a: «Tierras del sureste: suelos de baja calidad

para este tipo de cultivos.» En definitiva, en el año 1967 cierta arrogante ignorancia desoyó predicciones

de competentes organismos internacionales que han resultado proféticas. Se puede exigir, por tanto, a

quienquiera que intervenga en este debate que maneje los datos estadísticos con el rigor responsable que

la opinión pública merece. A este respecto, el artículo en cuestión cita textualmente: «En tomate es

frecuente conseguir hasta 80.000 kilogramos/hectárea», cuando el referido Anuario de Estadística Agraria

da para la provincia de Murcia las siguientes cifras de producción de tomate por hectárea: 21.607

kilogramos (1972), 24.240 kilogramos (1973) y 26.630 kilogramos (1975). Curiosamente, para esos

mismos años y para el mismo producto, Toledo arrojaba estas cifras: 27.000,35.000y 27.000. Aunque el

ejemplo aducido por los´ articulistas murcianos no sea precisamente afortunado para defender la

excelencia de sus tierras en productos hortícolas, hemos de admitir que en la mayoría de éstos sus

producciones superan a las nuestras, pero remitiéndonos de nuevo al citado informe de la FAO

recordemos la siguiente cita: «El más difícil objetivo de producción con que se enfrenta la agricultura

española durante la próxima década es la de doblar virtualmente la producción de carne, particularmente

la de novillo y ternera, junto con la expansión asociada de granos para piensos, forrajes y superficies de

pastos mejorados.» Traducido en pesetas en el año 1975 el déficit dé la balanza agraria en estos apartados

se situaba en 60.000 millones. Es decir, no dudando de la capacidad murciana de producción hortícola, sí

dudamos de que sea ese el tipo de producto que el país necesite prioritariamente.

Desequilibrio regional

Sorprendentemente se hace alusión «a la necesidad urgente de llevar a cabo una planificación territorial, y

en ello hemos de afirmar nuestra total coincidencia de criterio. Sin embargo, se olvida que es hoy doctrina

de común uso entre los planificadores el fijar como objetivos básicos de esa ordenación territorial, no sólo

el abastecimiento de materias primas, sino también la reducción de los procesos migratorios, la

adecuación de la oferta a la demanda recreativa y la conservación de un cierto nivel de stocks ecológicos,

entre los que un eje fluvial de esta categoría es un objetivo conservacionista de primera magnitud. Al

referirse a los movimientos migratorios, el trabajo que comentamos nos sume en gran perplejidad, no

comprendiendo cuáles han sido las fuente! de información utilizadas, cuando se ignora que Murcia, figura

entre las dieciséis provincias españolas con saldo migratorio positivo (Informe General del Medio Am-

biente en España. CIMA). Respecto al caso de Almería nos parece un argumento oportunista, pues, entre

otras cosas, existen serias dudas de que el agua del Tajo vaya a llegar a dicha provincia.

Tampoco entendemos cómo se alude el dato de que, a la fecha de 1965, mientras Murcia arrojaba una

densidad de 72 habitantes por kilómetro cuadrado, Toledo se situaba en 31 habitantes por kilómetro

cuadrado, teniendo un reflejo en parámetros económicos tal, que el porcentaje de la renta provincial

murciana sobré la media nacional era de 1,86, mientras que Toledo tenía que conformarse con el 1,07

(Doce años de Planes Provinciales. Presidencia del Gobierno).

Parece, por tanto, patente que si el trasvase se hubiese planteado como alternativa posible en el marco de

una política de ordenación territorial coherente, no hubiese sido viable, por evidenciar una falta de

equidad en la que la redistribución de recursos hidráulicos no iba acompañada de una redistribución de

recursos económicos.

Ecología

Si finalmente entramos en el análisis de conservación de activos ecológicos del patrimonio

medioambiental común llegamos al punto de más extrema gravedad de nuestra réplica: el río Tajo arroja

hoy niveles de contaminación, tanto salina cómo orgánica, que le sitúan a la cabeza de la polución

mundial en ríos de su categoría. La detracción de cualquier caudal en las actuales condiciones de

degradación biológica del río sería equivalente a convertirlo en una cloaca. Si nuestra dependencia de

Madrid y su área metropolitana en materia de aguas nos coloca en tan extremo grado de servidumbre,

aumentarla con una nueva dependencia que sustrae las aguas de cabecera, las de mejor calidad biológica y

energética, sería un error y una injusticia de dimensión histórica sin precedentes.

Si a ello se une lo que supone la alteración de un ecosistema completo, y el consiguiente y ya

comprobado impacto altamente negativo sobre la propia salubridad humana, se comprende que el empeño

de trasvasar las aguas puede en lo sucesivo conformarse como una decisión anticonstitucional si, como

parece, el proyecto de Constitución contempla la defensa medioambiental cómo un derecho y un deber de

los ciudadanos.

Resumiendo: hay que tener el valor de decirle al pueblo español, desinformado en su día, y a los

ciudadanos del sureste, falsamente ilusionados, qué hay obras como el trasvase Tajo-Segura, que si bien

técnicamente se han mostrado como «realizables», suponen política, económica y ecológicamente un

error de colosal dimensión. Decir esto es un gesto de honestidad política que, a nuestro juicio, se puede

exigir de un Gobierno y de una Oposición responsables.

 

< Volver