Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
   Ahora, Cataluña     
 
 La Vanguardia.    12/03/1980.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Ahora. Cataluña

Madrid, 11. («La Vanguardia».)

No puede decirse que la mayoría de los diputados hoy sentados en el hemiciclo del Congreso

estuvieran con un aspecto radiante precisamente. Los resultados de las elecciones del País

Vasco gravitaban sobre la UCD y el PSOE de manera ostensible. Las preguntas sobre tos

vaticinios de lo que pueda ocurrir en Cataluña el próximo día veinte eran moneda corriente en

los pasillos. La fiebre por las elecciones autonómicas y por las consecuencias prácticas que se

deriven, tanto en las comunidades vasca y catalana como en el conjunto de España ha sido

hoy la protagonista de la jornada.

El pleno del Congreso de hoy estaba dedicado a continuar con los debates de Ja Ley de

Centros Escolares. El tema de la libertad de cátedra ha sido uno de los más destacados,

porque ha dado origen a reproducir los debates en torno al «¡deario» que, de momento,

consagra el dictamen de la Comisión y que la izquierda está determinada a intentar eliminar por

todos los medios, incluido el recurso de anticonstitucionalidad. Para la izquierda, el

establecimiento de un ¡deario en los centros escolares, al cual deberían sujetarse los

profesores en sus clases, atenta directa y frontalmente contra el precepto constitucional que

defiende la libertad de cátedra y además pugna también con el número dos del artículo

veintisiete de la Constitución, en la medida en que éste sólo establece, como límites en la

educación «el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y

libertades fundamentales».

Crónica política por Ramón Pi

En UCD estaba ¡nicialmente previsto contraatacar con algunas piezas parlamentarias

importantes que pusieran de relieve el aspecto utópico y libertario de esta concepción de la

libertad de cátedra, que defendieran el carácter progresivo y moderno de una educación

ideológicamente coherente y que destacasen el hecho de que esta ley no prima a nadie, sino

que prima a todos por igual, socialistas y comunistas incluidos. Pero no ha habido respuesta de

campanillas. La dirección —no se sabe si del Gobierno, del partido o del grupo parlamentario

ha estimado que ahora, en lugar de grandes discursos, lo que hace falta son votaciones

rápidas. Hoy se ha tomado la decisión de acelerar los debates de manera que la ley esté

aprobada en el Congreso antes de las elecciones al Parlamento de Cataluña. Por consiguiente,

se ha renunciado desde el partido del poder a cualquier decoración parlamentaria de la

aritmética de los votos.

Las prisas por terminar esta ley en esta semana son tantas, que incluso se ha llegado a

rumorear en un momento de esta tarde la posibilidad de proseguir la sesión por la noche.

Finalmente se ha optado por suprimir todas ´las reuniones de Comisiones de mañana

miércoles, y sustituirlas por el pleno matutino a fin de correr todo lo posible.

¿Por qué esas prisas repentinas? Nadie explicaba hoy con claridad la razón, ni ofrecía motivos

verosímiles. Pero entre las cosas que se rumoreaba figura algo que es, al menos, bastante

lógico. A la vista de los resultados en el País Vasco, y ante la expectativa de que UCD sufra un

retroceso importante en Cataluña, las probabilidades de que grupos como la Minoría Catalana,

que hasta ahora apoyan incondícionalmente a UCD en esta ley, pasasen a condicionar este

apoyo aumentarían mucho. Y la situación sería aún más complicada si, además, los

convergentes estuvieran formando coalición en ©I Gobierno de Cataluña con los socialistas.

Si a todo eso se añadiera un retraso en el ´regreso de La Minoría Vasca al Congreso, el

resultado podría ser que esta Ley de Centros Escolares corriese un peligro muy serio de no ser

aprobada en el pleno del Congreso. En cambio, si se aceleran los trámites y se desvincula esta

ley del proceso político catalán, las probabilidades de que no haya mayores problemas para su

aprobación aumentan considerablemente.

Fernando Abril estaba hoy ostensiblemente nervioso en el Congreso, hasta el punto de dirigir

comentarios destemplados al ministro de Educación, Otero Novas, sobre la extensión de la Ley

de Centros, como si AbriJ se hubiera dado cuenta ahora de que el Gobierno que él vicepreside

aprobó el proyecto en su día. Pero es que ahora, al señor Abril todo le parece largo. Hay que

correr, correr, para terminar la ley esta misma semana.

 

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