Autor: Pol Girbal, Jaime. 
 "Especial do, re, mi, fa... Pol". 
 Hortalá "pagés" de la cultura     
 
 El Correo Catalán.    15/03/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

«Especial do, re, mi, fa... Pol» / «Especia

Hortalá «pagés» de la cultura

Joan Hortalá i Arau es el número dos de la lista de su partido en Barcelona. El número uno, es decir,

Heribert Barrera, se está recuperando después de su accidente. Me decía Heribert, hace dos o tres fechas,

que, con Joan Hortalá al frente de la campaña de la Esquerra Republicana, se siente muy tranquilo: «Es

un treballador que arrenca vots a pertot allá on passa...»

Curioso caso, el de Hortalá, con su pinta de cazurro inocente, sus poderosas espaldas de forzudo (quizá se

esté perdiendo, en los meandros de la política y de la economía, un campeón de halterofilia) y sus

inquietos ojillos de ratera, perdón, de ratoncillo aunque lo de ratoncillo suene, en este caso, al didáctico

«mur de Guadalaxara» de la enseñanza media, y sepa a castellano viejo, mientras que el Hortalá de la

ERC es un catalán viejo, viejo y robusto como una verdadera «casa de pagés». Joan Hortalá i Arau es

olotense. Su familia procede de la Alta Garrotxa, concretamente de Oix, uno de los rincones secretos más

perfectos y estrictos de nuestro Principal. En la comarca de Oix, los carlistas eran más liberales mientras

que los liberales, resultaban un poco carlistas.

Hortalá el de la Alta Garrotxa, enraizó fatalmente en Barcelona. Fatalmente porque era un estudioso que

iba para intelectual de los del ramo activo. Le salió una corbata como a otros les sale una verruga.

Se adaptó sin perder su identidad. Y se puso a labrar en el terruño de las licencias y de los doctorados.

Trajo sangre del campo al contraer matrimonio con una hija de piso. Maria Angels Vallvé, que le ha dado

cinco hijos. Al decano Hortalá, persona que conoce y que aún practica, cuando le sobra tiempo, el

homérico arte de la siembra ancestral de las patatas; al decano Hortalá, que es conseller barcelonés de la

limpieza, o del como se diga; al decano Hortalá, quien lo mismo se entiende con el profesorazo Trias i

Fargas que con los basureros, del primero al último; al decano Hortalá, repito y me repito expresamente,

hay que dejarle suelto cuando se lanza a improvisar a fondo sobre todos los temas que, como liebres, se

atraviesan sobre la trama de su conversación culta, enraizada llena de ideas y repleta de imágenes lo

mismo que de leve tacología campesina, pues en La Garrotxa, salvo cuando se utiliza a todo trance una

variante del verbo ese que sirve para cardar la lana, en La Garrotxa, vamos, se suele hilar delgado en la

conversación.

En los últimos doce meses y casi sin moverse de Barcelona (no creo que cuenten mucho sus breves

incursiones tácticas en países comunitarios y sus demasiado cortos periodos va-cacioneros) Hortalá ha

adelantado una enormidad. Era antes un hombre de prestigio. Es ahora ya un acaparador de

popularidades. En el Ayuntamiento, le han confiado una conse-llería de las más conflictivas e

importantes. Ahora, Hortalá procura instalarse entre los más doctos «pagesos» de nuestro Parlament.

Jaume Pol Girbal

 

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