Suprimamos la empresa:... ¿y después?     
 
 La Vanguardia.    15/03/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

suprimamos la empresa:... ¿y después?

algo muy catalán

Hay cosas que son típicamente catalanas. Por ejemplo: el espíritu de trabajo e iniciativa. Por .ejemplo: la

acogida con los brazos abiertos a todo aquél que, fuere cual fuere su lugar de origen, esté dispuesto a

arrimar el hombro. Por ejemplo: las posibilidades de promoción social y económica de los que hacen

méritos para ello.

¿lucha de clases?

No es verdad que Catalunya -su sociedad- propicie la lucha de clases. Si algo caracteriza a la mentalidad

catalana es que valora a los hombres, no por su nacimiento, sino por sus capacidades y por su trabajo. Son

miles y miles los trabajadores que han llegado a Catalunya con sus dos brazos como único patrimonio y

que ahora pueden proporcionar a los suyos una vida digna y decenté. Y son miles y miles los obreros que,

a base de esfuerzos titánicos, se han transformado en auto-patronos y en pequeños empresarios. Una

sociedad que permite que el que vale salga adelante y se promocione no puede ser calificada de sociedad

dé lucha de clases. En todo caso, de sociedad competitiva, es decir, que valora al hombre por su voluntad

de lucha y de progreso.

la empresa, centro de convivencia

A veces, ciertas ideologías y ciertos partidos, quieren presentar al empresario como una especie de

explotador desalmado que chupa la sangre a sus obreros. Esto podría decirse de una persona determinada,

pero nunca genéricamente de la humanidad, de la sociedad o de un colectivo concreto. Seríamos injustos

si no admitiéramos que, para muchos empresarios, la empresa no es un instrumento de explotación, sino

de producción, un centro de convivencia en el que participan todos, obreros y empresarios. Especialmente

en las empresas de tamaño pequeño y medio, la relación obrero-patrono no es sólo una relación

estrictamente laboral, sino que hay algo más que los une en su tarea de crear riqueza y trabajo ¿No sería

mejor, en lugar de acentuar lo que separa, potenciar lo que une, que es mucho?

suprimamos la empresa

Imaginemos, por un momento, que, tal y como ha ocurrido en algunos países del Este europeo, se

suprimieran las empresas a través de un proceso socializador que pusiera en; manos del Estado toda la

economía. Todos -empresarios y trabajadores- seríamos funcionarios, sin posibilidades de promoción y

ascenso, valorándose por igual al vago y al que trabaja. Y lo que es peor: suprimiéndose las libertades, ya

que es imposible controlar la economía y la producción de un país por parte del Estado sin suprimir las

libertades, sin suprimir los derechos, sin suprimir la libre sindicación.

comparemos cifras

Cuando alguien propugne sistemas o ideologías políticas que atenten contra el principio de la libre

empresa, conviene que meditemos, sin demagogias y serenamente, algunas cifras. Y que comparemos.

Para comprar tres kilos de pan, por ejemplo, un obrero ruso necesita una hora de trabajo, mientras que un

obrero occidental sólo diecisiete minutos. Para comprar medio kilo de jamón, el obrero ruso necesita el

salario de dos horas y cuarto de trabajo, mientras que su colega de occidente sólo una hora y diez

minutos. Para comprar un coche, el obrero ruso precisa del sueldo correspondiente a nueve años de

trabajo, mientras que el obrero occidental sólo once meses. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

¿qué hacemos con la crisis?

La terrible crisis nos afecta, indudablemente, a todos: obreros y empresarios. La solución, por supuesto,

no está en volver la vista a sistemas que no han conseguido solventar sus propios problemas y

proporcionar una vida próspera a sus ciudadanos, sino en luchar solidariamente, empresarios y obreros,

para superar estos malos momentos. No es la primera vez que el mundo occidental se enfrenta a una

situación crítica, habiendo demostrado ser capaz de salir airoso y con éxito. Recordemos la difícil

situación de la Alemania destruida y asolada por la guerra: sólo el trabajo y la solidaridad de sus

ciudadanos -y no la lucha de clases- convirtieron a Alemania en la gran potencia que es ahora.

Un ejemplo que vale la pena meditar.

sobre todo, vota en las próximas elecciones vamos a decidir qué tipode sociedad deseamos para nosotros

y para nuestros hijos. Abstenerse sería una grave irresponsabilidad. Votemos en conciencia, pero

votemos. Y, a ser posible, votemos por la libertad y por aquellos principios que, pese a la angustiosa

crisis, nos han hecho prósperos.

votemos en conciencia:

votemos por la Catalunya de siempre, por la Catalunya del progreso

 

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