Las encuestas de presidencia     
 
 ABC.    27/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LAS ENCUESTAS DE PRESIDENCIA

Nada más lógico que el encargo de encuestas, a las entidades especializadas en este servicio, por los

partidos políticos, en-búsqueda de previsiones sobre las tendencias que manifiesta la opinión pública. El

dato informativo que resulta de las «entrevistas» es de gran valor, aun descontando márgenes de error,

previstos y aceptables.

Sin embargo, en algún caso muy concreto, caso ciertamente excepcional, la utilización de este método

debería ajustarse a especiales condicionamientos. Aludimos, concretamente, a las encuestas que realiza el

Instituto Nacional de Opinión Pública para la Presidencia del Gobierno, y cuyos resultados no son

públicos y se reservan al exclusivo conocimiento de la Presidencia.

No hay, en principio, razón para censurar el procedimiento a la Presidencia del Gobierno. Naturalmente,

este alto organismo debe procurarse la máxima información posible. Pero al reunir el presidente del

Gobierno la doble personalidad de su cargo y de su condición de candidato presentado a las elecciones,

justo es matizar particulares aspectos que presenta el asunto.

Ocurre, primero, que si el presidente puede y debe seguramente recabar lo_s servicios del Instituto

Nacional de Opinión Pública, como tal presidente, no parece tan claro que recurra a estos servicios —

sufragados por todos los contribuyentes— como candidato particular en la contienda electoral. Y sucede,

en segundo lugar, que los resultados de estas encuestas, por el motivo económico apuntado, deberían ser

públicos y publicados para conocimiento y uso pertinente por todos los demás partidos y candidatos que

se presentan a las elecciones. En otro taso —en el caso de exclusivo conocimiento de la Presidencia— de

alguna manera o en alguna forma se rompe aquí la deseada y proclamada igualdad de oportunidades en la

contienda electoral.

Poco importa, desde este legítimo punto de vista, la fiabilidad de los resultados de las encuestas —que por

viables los damos—, y menos aún que resulten ías previsiones confirmadas o no por los resultados

electorales. Importa mucho, en cambio, mantener y no contradecir el absoluto carácter público que deben

tener, por fuerza, los resultados de sondeos o encuesta de opinión realizados por un Instituto público.

Entendemos que el Instituto Nacional d« la Opinión Pública no existe como instrumento de consulta

privado de la Presidencia; ni debe dedicarle, «en exclusiva», «u trabajo.1 Existe al servicio nacional Y el

resultado d« cu trabajo también tiene que proyectarse a nivel de nacional conocimiento. De modo más

especial, más obligado, cuando la gran masa del electorado español se encuentra ante su primera

posibilidad de voto, libre y secreto, y cuando todos los españoles afrontan, ante las urnas, la opción

política más decisiva de su vida individual y comunitaria.

 

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