Autor: Gil-Robles Gil-Delgado, José María. 
   Las alternativas para el 15 de junio     
 
 El País.    31/05/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, martes 31 de mayo de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE ELECTORAL

Las alternativas para el 15 de junio

JOSÉ MARI A GIL-ROBLES Y GIL DELGADO

(Federación Democracia Cristiana)

Las elecciones ya están en marcha, con toda su virtualidad clarificadora. Por lo pronto ya han dejado en

ridículo a cuantos venían jugando con el desmadre délos 140 partidos y con las sopas de letras. Una sopa

de letras que no han hecho nada por evitar, pues ni siquiera han sido capaces de mantener unido a ese

Movimiento Nacional que proclamaban indestructible... El elector no va a tener que elegir entre ciento y

pico de partidos: se le ofrecen unas cuantas opciones de las cuales sólo ocho se presentan en más de 25

provincias, y ni siquiera todas ellas tienen posibilidades reales de esa escala.

A esa clarificación debernos contribuir cuantas formaciones políticas nos dirigimos a los españoles.

Serenamente, sin agresividad pero sin medias tintas, tenemos que hacer ver a nuestros conciudadanos:

1. Que en estas elecciones no se ventila el ser o no ser de España. El ser de una nación está por encima

de estas contingencias históricas. El 15 de junio será, sí, una fecha importante en la historia de

nuestro país, una fecha en que la voluntad de los españoles va a influir sobre el rumbo de los

próximos decenios. Pero nada más. España ni se empieza ni se acaba el 15 de junio. España la vienen

haciendo muchas generaciones y la tenemos que seguir haciendo día a día, elección a elección, en

una tarea tanto más exigente cuanto más avencemos en la vía del esfuerzo común y plural, eficaz por

no ser excluyente.

2. Tampoco nos jugamos la unidad de la patria. No hay, ni a escala española ni a la cíe sus países y

regiones, ninguna fuerza política responsable que quiera destrozar esa unidad. Lo que queremos muchos

es que esa unidad sea unidad de los corazones, y que para ello sea libremente asumida por todos los

pueblos que conviven en el solar hispánico. Quienes hacen daño a la unidad de España son los que

pretenden el monopolio del patriotismo, quienes han detentado durante mucho tiempo el Poder y no lo

han utilizado para fomentar la solidaridad sino para mantener viva la división entre vencedores y

vencidos; quienes se han reservado para su reducido círculo to-dar la redistribución del Poder y mulando

sobre Madrid una carga de centralismo y de recelos que a los madrileños no hacen más que perjudicarnos,

en-lugar de abordar la redistribución del poder y de la Administración entre todas las regiones de España.

3. Por último, hay que decir con igual claridad que aquí no está en juego «dar la vuelta a la tortilla». 1936

quedó definitivamente atrás. Ni a estas elecciones se presentan los españoles divididos en dos bandos, ni

puede parcialmente preverse un triunfo de las fuerzas que en 1936 integraron el Frente Popular. Quienes

gustan de preguntarnos por un «compromiso histórico» harían bien en dejarse de hipótesis descabelladas

y darse cuenta de que estamos ante un supuesto mucho más sano: un abanico de opciones plurales entre

las que los españoles han de escoger la que más les conviene.ç

¿Escoger en función de qué? Pues muy sencillo: escoger entre las diversas soluciones posibles a los

problemas que tenemos planteados. Y estos problemas son, básicamente, los siguientes:

A) La Constitución. Los ciudadanos pueden escoger entre seguir con el artilugio de las Leyes

Fundamentales, más o menos remozado (es lo que propone Alianza Popular), decidirse por una

Constitución como la de los países de Europa occidental (tesis de demócrata-cristianos y socialistas), o

quedarse en el medio camino actual, redactando una mini-Constitución que deje a salvo —más o menos

modernizados— organismos como e!Consejo del Reino y otros mecanismos de poder del sistema anterior

(es el camino que ha seguido hasta ahora el presidente Suárez. inspirador y principal potencia de la Unión

del Centro Democrático).

B) La crisis económica. Para resolverla, los ciudadanos han de dar su confianza: a) a los señores de

Alianza Popular, que desde 1973 a 1976 estuvieron en el Poder y no supieron preverla ni adoptar las

medidas adecuadas; b) o al presidente Suárez. que durante los diez meses que lleva en el Poder no ha sido

capaz de poner en práctica y explicar al país un plan coherente; que no ha tenido el valor de exponer a sus

conciudadanos la necesidad de unos sacrificios indispensables ni de adoptar medidas impopulares: que ha

demorado inexplicablemente la legalización de las organizaciones sindicales y empresariales,

interlocutores indispensables para llevar a cabo una tarea eficaz en esta materia, y cuyo mandato se ha

caracterizado por el vertiginoso aumento del coste de la vida y de la deuda exterior o a fuerzas socialistas

y comunistas, cuyo acceso al Poder en posición mayoritaria —de hecho, hoy utópico— pondrían en crisis

de confianza todo et sistema económico; d) o, en fin, a la Federación de la Democracia Cristiana y sus

compañeros del equipo, única ideología, la demócrata-cristiana, capaz de restaurar una economía sobre la

base del entendimiento y el diálogo ínterclasista. tal y como supo hacerlo en el momento en que Europa

tuvo necesidad de ello.

C) La incorporación de Europa. Incorporación que sólo podrá hacerse con el apoyo de las grandes

corrientes políticas europeas. Ya es hora de dejar de pretender seguir siendo diferentes. En Europa hay

conservadores, liberales, demócrata-cristianos, social-demócratas. socialistas y comunistas, y aquí

también. Unas veces gobiernan en coalición, otras separados. Pero lo que no hacen es presentarse a los

electores en revoltijo, mezclados en formaciones que desde ahora van diciendo que no seguirán juntos

después de las elecciones.

En España hace falta estabilidad en el Poder. Pero la estabilidad del Poder no puede descansaren la

popularidad de un hombre. Ha de asentarse sobre las preferencias de los españoles claramente expresadas.

Sobre acuerdos de gobierno en que cada una de las partes sepa con qué respaldo cuenta, y no sobre

lealtades personales movidas por la pura rentabilidad electoral.

Por eso la Federación de la Democracia Cristiana, que es parte del pueblo, sabe que éste no se va a dejar

manipular. Que terminará votando a una opción independiente, dialogante, progresiva y europea: la

democracia cristiana.

 

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