Autor: Logroño, Miguel. 
 Elecciones Generales. 
 Domingo electoral en el Rastro     
 
 Diario 16.    06/06/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Lunes 6 junio 77 DIARIO16

Domingo electoral en el Rastro

Miguel Logroño

En tanto, ayer-domingo, el "new look" político ofí-cial.se entretenía administrando democracias por todos

los andurriales de Madrid, el verdadero mltiá —¿tuvo la suerte de escogerio usted?— se producía ea el

corazón de la villa, a los pies del monumento a Cascorro, meseta inaugurad del Rastro. Un mitin, por

supuesto, oíicioso es decir, no bendecido, pero cuya liturgia extrasacramental fue capaz de reunir a

Incontables participantes, en una apasionada y multiforme coneeiebraclon.

Hervía el Rastro ese maravilloso y respetabilísimo tropel humano empeñado en elevar lo inútil a la

categoría de perdurable. Hervían la ratita,, y el cone-Jlto/y e] muñequito, y "Uon Nicanor" —¿cuántos

•´Don Nicanores" ayer?—, bajo un sol que empezaba a ser consecuente con la época y bajo el calor de una

polifonía nueva. Iwen, apostada en aquella altura, junte a los bares eon exquisito aroma a fritanga, en los

gue aún se degusta esa eosa tan arqueológica, y Sensual, de! bocadillo de calamares a la romana.

Era un mitin envolvente, en un agora presurosa, que. había elegido;, por transferencia semántica Así

ámbito, además de la palabra —vehículo normal.de un mensaje—, el tono de esa palabra. Agudo, hacia

arriba, como un rayo incesante —"Diaie a quién votas y te diíé quién te explota", "La autogestión elimina

al. dirigente, al jefe, al líder, al almo, a] dueño: todo, lo elimina todo"—. O grave, hacia abajo, como

tenebroso —"Oiga, mire", un -gesto, una confidencia; miras, no ves nada—, dicho de tú a tú, para Que no

se enteren los eternas;´no se sabe si porque lo comunicado es clandestino o porque el comunicante padece

de afonía.

: Ahora bien, todo esto hasta el infinito. Con tremolar de banderas, pancartas, orquestas, orquestinas,

solistaSi que hacían las delicias de los transeúntes. Com>j aquella ancianita dispuesta a no perderse ni

una. arrebatada por una tremenda canción que hablaba de un extraño "menage a trois" entre la vida, la

muerte y el cantante. Y que, sin dejar la sonrisa —la ancianita—, pasaba del arrebato de la música al de

un repentino "slogan" que gritaba algo así oomo "Heiái, al:poder", seguido de "Políticos, a trabajar" y

"Parlamento burgués: si das tu votq,, te quedas sin élw. O ante el anuncio de una publicación literaria

"underground", titulada "Sardanápalo", en la que acriben los poetas Rafa, Pura, José Manuel, etc., y que,

al parecer, según clamaban sus vendedores, era "la revista más difundida en todo el Imperio Romano" y la

que "Tutancamen leía al levantarse de la cama".

¡Cómo está esto!", comentaban, entregados, los muchos señores y señoras con marco, con aparato de luz

y con plancha, al confundirse en la fiesta. Otros exclamaban: "¡Anda: son los anareos!". Y ee quedaban a

escuchar a un muchacho con megáfono que, coreado por otros con frases como "Escuchen, escuchen: ahí

4onde le ven, tiene un piquito de oro;", tronaba con un "No os dejéis engañar...", más lo qu« sigue. Y a

terceros y cuartos que pregonaban las excelencias de tm folleto ácrata con los "Filtros, catalizadores,

sublimaciones y manejos del Parlamentarismo". "Cómprelo —insistían—, sólo cuesta diez pesetas. Hasta

Cascorro ha adquirido estos filtros.". "¿Es que no te atreves a adquirirlos tu, alma tibia y perezosa?" Pero

que, como pasara el tiempo sin demasiado éxito, sé veían forzados a improvisar íór-muía: "Anímense,

gentes de buena fe. Les juramos que el folleto es una mierda, pero necesitemos dinero ¿para tomar «na

cerveza."

Y el personal —¡milagro!— se animaba, porque, con pocas monedas, podía contribuir a apagar tan

´írisaeiáMé sed. y ganarse un pequeño derecho a gozar :fiel pai-aíso libertario. Y la concurrencia se lo

pasó bomba, vencida por la otra cara de la otra campaña- electoral. Y yo me Juré volver el próximo

domingo, a romper ía monotonía de semoviente más bien escaso, y desde luego manipulado, con ese

indescifrable y subyugante guirigay.

 

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