Autor: Cuadra Fernández, Bonifacio de la. 
 Anuncios electorales: la izquierda, tranquilizante; la derecha, anacrónica. 
 Alianza Popular vende "salvadores"     
 
 El País.    12/06/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Anuncios electorales: la izquierda, tranquilizante; la derecha, anacrónica

Alianza Popular vende "salvadores"

BONIFACIO DE LA CUADRA

A punto ya de que los españoles emitan su voto sobre las diferentes opciones políticas, la propaganda

electoral que han realizado los partidos y fuerzas electorales aparece lastrada por toda una etapa

franquista. Después de cuarenta años de miedos a las ideologías —de izquierdas o de derechas—, los

partidos revolucionarias procuran no asustar, mientras que los de derechas se disputan formas civilizadas

o ultramontanas de salvar a los españoles del desorden, la anarquía y el caos.

La propaganda electoral —cuyo -objetivo primordial es lograr votos— está condicionada por estas

circunstancias. La izquierda no se puede ofrecer a velas desplegadas como tal, y navega en mares

ambiguos o más moderados de los que ideológicamente le corresponden. «Vota sin miedo», le ruega e!

PCE a los españoles, a quienes previene contra el rechazo irracional, franquista, de todo lo que huela a

comunismo y les propone acabar con el temor a votar con arreglo a la propia opinión, «sea ésta cual sea».

Pero en seguida les habla de tranquilidad, seguridad, arrebatándole estas motivaciones de voto a la

derecha, porque Carrillo no las tiene todas consigo. Carrillo evita levantar el puño, aunque lo haga el

padre Llanos.

Los propios partidos socialistas, con propaganda más eri línea de izquierdas, se quedan en la idea de

cambio («para que puedas vivir la libertad» — PSOE—; que requiere «hombres . responsables» —PSP—

), sin avanzar ofertas más arriesgadas.

Los votos de Franco

El panorama en la derecha es mucho más complejo y pintoresco. La renta de votos que los partidos de

derecha heredarán de! franquismo no guarda relación con la imagen que los españoles conservan de

Franco, sino que es consecuencia directa de la indigencia ideológica en que la mayoría del pueblo quedó

tras cuarenta años de represión política, intelectual, cultura!, artística, sexual, de todo tipo. Para

capitalizar tales votos no es preciso, pues, esgrimir la figura de Franco, que podría resultar

contraproducente (ese fue el error inicial de Alianza Popular, que los técnicos en propaganda electoral le

han hecho rectificar, aunque Arias insistió, erre que erre).

Para heredar aquellos votos basta con ser una opción de derechas.

La prueba está en que muchos de esos votos, que se repartirán fundamentalmente entre Alianza Popular y

Unión de Centro Democrático, irán a esta última fuerza electoral, cuyo único motor, Adolfo Suárez, tiene

como principal hazaña en su haber político, precisamente —por ironías del destinóla salida del

franquismo que le amamantó.

El problema de la derecha ha sido cómo presentarse a unos electores cuya existencia como tales ha

contribuido a impedir mediante su colaboración con el franquismo. El centrosuárez tiró por el camino de

en medio y, limpiando sus zapatillas del polvo del régimen, presentó !a factura de los intentos reformistas

hechos con Franco y de los más exitosos realizados por su candidato número uno, el presidente del

Gobierno. UCD se ofreció como opción de futuro, con el apoyo de algunas siglas y algunos hombres de

oposición que ha logrado integraren sus filas.

Esta posición le permitió utilizar un lenguaje publicitario democrático, desenfadado, renovador, encarado

con el futuro. Pero le obligó, quizá, también, a extremar el respeto hacia los electores, a los que se dirige

con una cierta distanda administrativa: UCD es el único anunciante electoral que habló a los electores de

usted. «Vote centro» es la petición de UCD, que por otra parte parece querer expiar las culpas

colaboracionistas mediante sus constantes apelaciones a la convivencia, las ideologías, e! diálogo, el

futuro, la democracia, Europa. En un supremo esfuerzo de aproximación a la realidad y despegue del

franquismoid centrosuárez emitió algunos de sus anuncios en las lenguas vernáculas.

AP, como en 1966

¿Y Alianza Popular, con las conocidas biografías políticas de sus «magníficos», con qué cara se presente

a los electores? ¿Qué puede ofrecerles, cómo pedirles el voto? En unas elecciones en qué se votará a las

personas, ¿cómo utilizar en los anuncios los «rostros pálidos» de sus líderes? En definitiva, AP, ¿qué

puede vender?

La identificación de AP con el pasado franquista, el talante nacional-autoritario de sus dirigentes, la

desconexión con las nuevas generaciones (el voto a los dieciocho años habría mermado

considerablemente los resultados de Alianza) y la impopularidad —ahí están los sondeos— de sus líderes

ponía realmente difícil la cuestión a los aliancistas. Pero no se han arredrado. La erótica del poder o lo

que sea les ha estimulado a realizar una de las campañas electorales más intensas y extensas y mejor

montadas. Solamente el lenguaje publicitario les ha traicionado. El aroma general de la primera parte de

la campaña —con el estribillo de «España, lo único importante»— traía ya recuerdos de aquella gran

convocatoria a las urnas, en diciembre de 1966, para aprobar la ley Orgánica del Estado, y en la que Fraga

logró el si apelando a la seguridad, el progreso, el bienestar.

Ahora, once años después, todavía los hombres de AP, invocan-el nombre de España y apelan

simultáneamente al bolsillo: «Para salvar la economía de la nación y la tuya, vota AP». Monopolizadores

de! patriotismo, hasta en las esquelas mortuorias hacen patria: la muerte reciente de uno de sus afines

inclina a Alianza Popular a añadir en las esquelas, donde se comunica que el fallecimiento se produjo por

accidente de tráfico, aquello de «al servicio de España».

Uno busca con curiosidad qué dicen ofrecer a una España nueva hombres como López Rodó, Fraga; Silva

Muñoz, Licinio de la Fuente, Martínez Esteruelas, Gonzalo Fernández de la Mora, López Bravo, Carlos

Arias, represores, antidemócratas, demagogos, tecnócratas mediocres, ideólogos antediluvianos y, en todo

caso, quemados por y para el franquismo.

Una ojeada a su propaganda electoral nos permite observar que la tónica general es la denuncia del

momento actual y el ofrecimiento como «salvadores». Quienes reprimieron con dureza, dibujan hoy una

España «en desorden», «con robos y terrorismo», «en paro y huelgas», y ofrecen «seguridad»,

«tranquilidad», «paz». ¡Dios nos libre!

Alianza Popular demanda los votos del comerciante, del industrial, del empresario, a cambio de

«prosperidad para tu negocio», «progreso», reactivación. Al trabajador —¿qué podría AP ofrecer al

trabajador?— le ofrece «trabajaren paz». Es una sinceridad digna de agradecer, porque peor es cuando

estos hombres, con esas vidas, ofrecen «igualdad de derechos» a la mujer: «una más justa distribución de

la riqueza nacional»; «acabar con la corrupción», o cuando prometen «la total comprensión y realización

de la pluralidad regional».

En política internacional llevaron al aislamiento político del país, pero ahora se atreven a denunciar:

«España, hoy, fuera de Europa».

Hay un toque de paternalismo hasta en los reclamos más demagógicos: «Vamos a trabajar por nuestros

mayores»; «nuestra gente del mar pide justicia»; «tranquilidad para tu digna vejez»; «padre de familia:

seguridad para tí y los tuyos». Y una final afirmación: «Vota Fraga, Fraga conviene». Como ya se ha

encargado de advertir Forges, nadie debe alarmarse: no es que Fraga viene, sino sólo que —dice AP—

conviene.

 

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