Libros. La opción de un obispo proconslar     
 
 Boletín del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias.     Página: 15. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

LA OPCIÓN DE UN OBISPO POSCONCILIAR

1. INTRODUCCIÓN

El 20 del presente mes, la Biblioteca de Divulgación Política gue edita La Gaya Ciencia puso en

circulación un pequeño libro (1), que cumple merecidamente por su brevedad el dicho de ser dos veces

bueno. La prensa de la tarde del mismo día recogía la información, subrayando que Antonio Palenzuela,

obispo de Segovia, es unánimemente considerado el teólogo del episcopado español y que se inscribe en

la corriente posconciliar (2).

La verdad es que la iglesia española, aunque sí haya publicado documentos, no ha estado, en general,

limpia de ambigüedades y aun culpables omisiones, que ni siquiera justifica el peso que hayan podido

tener las circunstancias históricas que nos ha tocado vivir. Afortunadamente este libro es claro y defiende

con precisión las líneas maestras. Inteligible para cualquiera, por su sencilla expresión, establece

profundamente sus afirmaciones. Creo que —frente a la duda metodológica del autor en el Epílogo— el

libro no decepciona, aunque sí me parece que, otra vez, será "recibido con desdén y silencio", porque, a

buen seguro, molestará a más de uno.

2. CONTENIDO

Empieza describiendo el cambio que se ha producido en la Iglesia española desde el Concordato de 1953

hasta los años setenta. El movimiento de inflexión es el acuerdo de 29 de julio de 1976 entre España y la

Santa Sede. Junto a estos hechos "oficiales" tenemos otro hecho real: los católicos militan hoy en muy

diversos partidos.

Se pregunta luego el por qué de este cambio. Rechaza la objeción de oportunismo político y lo justifica en

la teología de la fe que ha de insertarse en la propia historia. Recuerda el modelo de la cristiandad

medieval, para afirmar que después de la Revolución política de 1798 volver a la "restauración de la

cristiandad es imposible, ya que debe "vivir en el mundo moderno como él es" (pág. 15), dejando de ser la

institución que "afianza y conserva el orden establecido" (pág. 20).

Pasa después a estudiar a "la Iglesia ante la nueva situación española", subrayando que debe aceptar una

sociedad pluralista y servirla, en lugar de caer en la tentación de servirse de ella, y aprender a "estar en la

sociedad" por exigencias de la predicación de su mensaje (pág. 22).

Entra luego en el tema de la "privatización de la fe y de la Iglesia" y la rechaza en aras del "señorío del

Reino de Dios". En este término teológico apoya sus tesis de que "los cristianos no pueden desentenderse

de la política" (pág. 25) o de que "la iglesia no puede ser políticamente neutral (página 31), pues lo

político influye... en toda la vida de los hombres" (pág. 30) y la "causa" de Dios y la del hombre

coinciden.

Pero aun siendo esto así, la fe y la política no pueden confundirse: se lo impide "la condena a muerte de

Jesús" (p. 34). Si es autónoma la fe, también, en lo político. La "conciencia moderna" nos ha mostrado

cómo el mundo no puede ser ya descrito como el instrumento para ganarse la otra vida. No es la fe quien

lo modeliza, sino él mismo.

Pasa ahora al capítulo "inserción de la Iglesia y del cristiano en el orden político", que describe, con

palabras de la Asamblea- Episcopal francesa, como pluralismo "inconfortable y necesario". Inserción

porque "mantenerse política y socialmente neutral" es "opuesta a la fe" (p. 42) y contrario al Evangelio. Y

más si se tiene en cuenta que en España la Iglesia fue no sólo neutral: "la Iglesia sé sometió al Estado" (p.

43) y "pretendió asegurar dentro de sí misma su unidad desde un determinado proyecto político" (p. 44),

convirtiéndose en un elemento ideológico "al servicio del poder de su clase dirigente" (p. 51). El capítulo

acaba esperanzadamente: "parece empiezan a abrírsenos nuevos caminos" (p. 60). ¿lrán en la línea de un

"socialismo democrático"? A ello dedica el último capítulo.

Se abre con la afirmación de que "los cristianos, sépanlo o no lo sepan, están implicados de alguna

manera (p. 61) en. la corriente histórica del socialismo. Rechaza la estructura capitalista de la sociedad

por ser incompatible con los derechos humanos y, pisando la realidad, establece que como alternativa

"muchos cristianos se ven atraídos por el socialismo" (página 73). A renglón seguido precisa que éste es

hoy una "corriente histórica" y subraya, con Pablo VI, qué se debe imponer "un atento discernimiento" (p,

74) hacia la búsqueda de la paz.

3. LAS "DENUNCIAS PROFETICAS" DE MSR. PALENZUELA

El libro del obispo de Segovia está escrito .desde el deber que le impele a hablar el ser obispo y profeta.

Creo que, en su caso, no cabe aludir a "conciencia de culpabilidad", aunque en el epílogo nos diga que no

es fácil liberarse de ella. También conviene señalar que en todo momento se está refiriendo a la Iglesia y

Política españolas, a las que denuncia de un modo sereno, pero firme. ¿Cerno no estar de acuerdo en que

hace falta analizar —a fondo", dice— las conexiones entre ía política establecida a partir del 39 y la

desmoralización del país también en sus estratos cristianos? ¿No es verdad que el Gobierno y la Admi-

nistración hanjsido llevados por demasiados miembros de asociaciones cívico-apostólicas? ¿No es llegada

ya la hora en que la Iglesia empiece a renunciar al poder para trabajar por "la utopía cristiana", siendo, de

verdad, pluralista y uniéndose "con otros hombres no cristianos"? ¿Seremos tan insensatos como para

caer de nuevo en un partido político confesional? (En el mejor de los casos esto sería una magna

necedad.)

4. LA OPINIÓN DE UN OBISPO POSCONCILIAR

Monseñor Palenzuela lleva a cabo un. análisis lúcido de la realidad de la Iglesia española, que se debe

leer con independencia del credo, religión o política que uno profese.

(1) Palenzuela, A.: Cuál es el pensamiento de la Iglesia respecto de la política. La Gaya Ciencia,

Barcelona,1976.

(2) Ver "Informaciones" del sábado 20 de noviembre de 1976.

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El autor, opta por la democracia, que entiende —y cita a Aranguren— como una ética, ta cual nos exige,

en cuanto españoles, una libre responsabilidad para construir nuestro modelo político que ha de ser. un

"modelo democrático" (p. 57) y no confesional. Tal modelo debe conjugar "la tutela efectiva de los

derechos humanos" y "la participación en la propiedad en los medios de producción" (p. 76). Pero

insistamos con el obispo en que no nos lo encontramos realizado de antemano, sino que depende de "las

necesidades de la historia" (p. 77) y dentro de ellas —mediten los cristianos!— la comunidad cristiana

debería entender "que su obligada responsabilidad por la comunidad civil es solidaria con la de los demás

ciudadanos" y preferir "como lo mejor... y, como lo corriente y normal, que sus opciones pudieran ser las

de otros ciudadanos y aun Ias de todos los ciudadanos" (p. 79).

5, DUDA CRITICA

Echamos en falta que, después de hablar del socialismo democrático, monseñor Palenzuela, que tiene

autoridad intelectual sobre estos temas, no haya escrito otro capítulo sobre la fe y el marxismo. Pues es el

caso que marxistas y cristianos conviven hoy en el país y colaboran en la realización de comunes

proyectos. Y si la fe "no puede evadirse de la historia" (p. 14), algunos cristianos se preguntan por la

cultura marxista. O más precisamente, ¿puede encarnarse la fe también en un materialismo histórico y

dialéctico? De esto concretamente no se habla en el libro, aunque la fe que se describa sea siempre

liberadora del hombre contra todo sistema dé opresión y haya optado por "los perdidos, los moribundos...

los derrotados y desarmados" (p. 79). Tenemos además la rotunda afirmación de la no neutralidad ante el

sistema capitalista. Bien es verdad que puede haber nuevos caminos que inventar. Pero el materialismo

histórico pone al hombre como centro de la historia y en este caso praxis (marxista) y praxis (cristiana)

tienen puntos en común. Por. ello, después de discernir atentamente, ¿podríamos insertar la fe cristiana en

la praxis marxista? Creemos que monseñor Palenzuela deja esperanzas abiertas hacia un tratamiento

positivo de esta cuestión, gero nos habría gustado saber algo más sobre este hecho.

Julián ARROYO POMEDA

22 de noviembre de 1976.

 

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