Autor: Cavero, José. 
 Criterio personal. 
 Dos centros, dos     
 
 Arriba.    23/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DOS CENTROS, DOS

LA semana que comienza va a ser efectiva, con muchas probabilidades, en orden a la consti

tución definitiva del «tres modelos» o de! «cuatro modelos» electorales. O, mejor dicho, de si, a

fa hora de la verdad y del voto, el país va a tener tres; grandes opciones claras, e cuatro, sobre

las que decidirse. El mérito inicial —lo recordaba Fernando Onega ´´hace pocos días en estas

páginas— de estas «marchas hacia la unidad» de los partidos, por razones, ideológicas, a las

que asistimos, le corresponde a Alianza Popular. Y dentro de este grupo, es probable que fuera

de Fraga y Martínez Esteruelas, el mérito concretamente. El primer núcleo quedaba, de esta

guisa, listo para el voto. No diré yo que de una forma definitiva: de ser ciertas las informaciones

que a uno llegan, es más que propable que en fecha no lejana aparezcan a la luz pública

algunas crisis internas, que habría que añadir a las ya superadas en el seno de AP. El segundo

gran núcleo tenía en José María de Areilza, según cree saberse, su principal alma y mentor. El

conde de Motrico —aseguran que, en estos tiempos predemocráticos prefiere ser llamado por

su apellido más que por su título nobiliario—, junto con otro ex Ministro reformista, Pío

Cabanillas, se lanzaron, finalmente, a obtener el patrimonio sobre esa anhelada posición que

es el centro. Centro Democrático sería el nombre para esta segunda opción, en nuestra

recorrido de derecha a izquierda. El propósito* de Areilza-Cabanillas-Monrreal-Aivarez de

Míranda-Camuñas-Gamgues, . de constituir un centro en el que cupieran, por igual,

socíaldemócratas de todas las tendencias, democrístianos de todas las tendencias, liberales de

todas las tendencias y antiguos franquistas «conversos» a la democracia y al progresismo, iba

a tener resistencias evidentes, entre otras razones más que probables de «personalismo», por

obra de determinadas raíces o curriculums anteriormente no democráticos. De hecho,

inicialmente el optimismo de los promotores de CD (Centro Democrático, y rio Cuerpo

Diplomático, como podría suponerse de la procedencia del-ex Ministro y ex embajador) había

superado cualquier previsión. En ese saco det Centro cabrían todos cuantos quisiesen. V la

victoria electoral estaría asegurada. Sin embargo, no toda la operación resultó tan fácil como

originalmente se preveía. Algún dirigente calificado de centroizquierda se llevó un colosal

berrinche al conocer los.pasos y negociaciones de los «papos» y sus éxitos iniciales. Fruto de

esta reacción, si quieren un tanto anecdóticamente narrada, sería, cuando menos, un

«espíritu» o voluntad de crear otro centro, éste más a la izquierda, más «democráticamente

puro». En el centro-izquierda —ciertamente, centro e izquierda son dos conceptos con los que,

en los últimos tiempos, han querido definirse toda una suerte heterogénea de personajes y

fuerzas que sería curioso mencionar ahora— cabrían los liberales-sociat-demócratas, los

socialdemócratas-Hberales (que diría Mágica), /los democrístianos «marxistes» (que diría

Murillo) y los marxistas propiamente dichos que existen en dos grupos socialistas

«independientes» (que diría Laseén), no exentos, a su vez, de graves crisis internas en los

últimos tiempos: el Partido Socialista Popular, y la Federación de Partidos Socialistas. Se

jugaba, de momento, con hipótesis de trabajo. Porque, parece que, cada vez más, ya empiezan

a no ser los Presidentes y secretarlos generales quienes cortan y deshacen alianzas y pactos.

Hay que oír previamente, cuando menos, a los respectivos comités ejecutivos. V en esa fase

estamos: los partidos que, fundamentalmente, podrían integrar este segundo gran centro —

socialdemócratas y democrístianos de izquierda— se hallan en vísperas de celebrar sus res-

pectivas sesiones de consejos ejecutivos. La opción cuarta está perfilada desde los días en que

el hotel Mella se convirtió en sede del Socia-lismo-Socialdemócrata Mundial, por obra de!

Congreso del PSOE. El grupo de Felipe González decidía, por su cuenta y riesgo, y sin contar

con ninguna otra opción socialista, ir por libre, y sin casarse con nadie, a las urnas. Parece que

el propósito secreto de esta operación era evitar incluso la posibilidad de recibir

«proposiciones» comunistas...

¿Y el Gobierno.—cabe preguntarse ahora— a cuál de estos cuatro «palos» juega? Habrá que

mencionar, llegados a este punto, las manifestaciones de uno de los promotores del CD, Osear

de Alzaga. Me he resistido a copiarlas antes de compulsarlas, siquiera, en dos fuentes

distintas, por cuanto me parecían manifiestamente incoherentes. Dijo el señor Alzaga en un

Club Siglo XXI (quién {o iba a decir, teñido también de «centrismo» en este nueve curso), que

«el Gobierno debe, respetando escrupulosamente las reglas del juego, volcar su apoyo sobre

esa unión electoral de centro (derecha), que es la única capaz de alcanzar una mayoría en el

escrutinio y que garantizará ef buen fin del proceso constituyente en curso». ¡Inefable Alzaga!

¿Escrupuloso mantenimten´ to al margen, o apoyo decidido al Centro derecha? Carmen Díaz

de Rivera, queriéndolo o no, pero opor tunísímamente, daba respuesta a la tentación CD: «El

Presidente se abstiene.» Y con él, su Gobierno... Este país, a ta búsqueda decidida de un

centro, parece que tendrá dos, a falta de uno, por los que poder decidirse, allá a finales de

mayo...

José CAVERO

 

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