Polémica ante la despenalización del aborto. Se lamentan de la precipitación del Gobierno en un tema que conmueve la conciencia moral. 
 Los obispos insisten en su postura contra la interrupción del embarazo     
 
 ABC.    27/01/1983.  Página: 25,26. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

Se lamentan de la precipitación del Gobierno en un tema que conmueve ia conciencia moral

Los obispos insisten en su postura contra la interrupción del embarazo

MADRID. Las autoridades eclesiásticas, además de oponerse a la despenalización del aborto,

coinciden en señalar la precipitación de la medida anunciada por el Gobierno.

El arzobispo de Oviedo y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Gabino Díaz

Marchan, declaraba ayer que «el proyecto que el Gobierno llevará al próximo Consejo de

Ministros para remitirlo después a las Cortes supone un paso de graves consecuencias, el

desarme moral de la sociedad española. El aborto —añadió— es un atentado gravísimo contra

la dignidad de la persona humana, al permitir la muerte de seres humanos inocentes en los

primeros momentos de su vida. No hay razones válidas que puedan hacer honesto un acto que

priva de la vida a los que nada pueden hacer por conservarla si la sociedad no les protege».

Respectó a la postura de tos obispos españoles ante el tema, monseñor Díaz Merchán afirma

que «la enseñanza de la Iglesia es clara y la ha expuesto Juan Pablo II recientemente en

España ante millones de ciudadanos, que le ovacionaron al recordarla: "Quien negara la

defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque

no nacida, cometería una gravísima violación de orden moral. Nunca se puede legitimar la

muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad". Todos los obispos

españoles sin excepción mantenemos este principio como lo hemos recordado con frecuencia y

seguiremos haciéndolo.»

Díaz Merchán se lamenta de que el Gobierno «actúe Con tanta precipitación en un tema que

conmueve la conciencia moral de millones de ciudadanos. Me consta de muchos que han

apoyado con ilusión la opción de un Gobierno socialista para España con la esperanza de que

se abordaran con decisión las reformas sociales favorables a proteger la dignidad de la vída,

pero no suprimirla. Porque permitiendo la muerte de los débiles, ningún programa social puede

encontrar solución.»

«Considero un deber de todos los ciudadanos´—añade Díaz Merchán— tomar parte, en la

medida en que les sea posible, en la discusión de este trascendental asunto. Las Cortes

Españolas se ocuparán de él y espero que lo hagan con altura moral, como corresponde a

quienes han recibido la confianza del pueblo para legislar. Pero la participación ciudadana por

todos los medios que ofrece la sociedad democrática es deseable en un tema de tanta

importancia para la moralidad de nuestra convivencia. Tal participación deberá ser amplia,

sincera y respetuosa con los demás y en ella los objetores deben manifestar su opinión,

razonarla y hacerla valer por todos los medios lícitos a su alcance, proponiendo también

soluciones verdaderamente humanas a los problemas planteados.»

El presidente de la Conferencia Episcopal

«La Iglesia se alineará con la doctrina de Juan Pablo II» señaló también que «el problema de

la des-penalización del aborto en España no debería servir de pretexto de unos y de otros para

que el resto de los problemas urgentísimos que tiene nuestro país, como el paro y otros

muchos que afectan a amplísimos sectores de la población, pudieran dejarse en segundo

término o dificultarse por falta de entendimiento entre los españoles. Estimo que la discrepancia

en esta materia no ha de extrapolarse a otras temáticas de la convivencia. Los españoles

necesitamos resolver con amplia solidaridad los graves problemas que nos afectan en las

circunstancias peligrosas de desequilibrio internacional de la economía y en la tarea constante

y fundamental de consolidar nuestro estado democrático».

Por su parte, el secretario de la Conferencia Episcopal y obispo de León, monseñor Fernando

Sebastián, apuntaba ayer la sorpresa con que había recibido la noticia, «y con profunda tristeza

porque veo en esta decisión un paso grave en contra del rearme morar que se nos está

pidiendo».

Sobre la postura que puedan adoptar los obispos, el secretario de la Conferencia señaló que

«estaba ya prevista la reunión de la Comisión Permanente para los días 3, 4 y 5 de febrero, en

la que nos vamos a ocupar detenidamente de este asunto, y probablemente se dará un

documento colectivo para orientación de los católicos y de cuantos reconozcan el magisterio

moral, de la Iglesia. En este momento se está preparando una ponencia en la que se aborda el

derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural».

Monseñor Sebastián declaró también que «la única postura razonable y coherente que debe

mantener la Iglesia es luchar contra las verdaderas causas del aborto, favorecer una educación

sexual positiva, humana y responsable, fortalecer las medidas de protección a la mujer en

dificultades a causa de un embarazo no querido, facilitar la posibilidad de la adopción, etc. En

esta postura, el Gobierno y la sociedad entera encontrarán siempre a la Iglesia dispuesta a

prestar toda su colaboración».

«En esta cuestión —añadió monseñor Sebastián— tos obispos vamos a tratar de cumplir

nuestra misión de ser orientadores de la conciencia de los católicos, y de ofrecer a todos los

ciudadanos de buena voluntad la iluminación sobre asuntos privados o públicos que se derivan

de nuestra fe cristiana. No querríamos que esta postura a la que nos vemos forzados por las

circunstancias perjudicara el sincero propósito de contribuir a la convivencia pacífica y

respetuosa de todos los españoles, qué consideramos también un deber nuestro,»

En similares términos se expresó el arzobispo de Pamplona, monseñor Cirarda, en una homilía

pronunciada en Cintruénigo (Navarra), donde señaló qué «aunque es cierto que la ley civil no

tiene que seguir en su articulado todas las exigencias del orden moral, esto no vale cuanto se

trata de la procuración intencionada del aborto, porque éste es un pecado que consiste

precisamente en matar a un inocente». También denunció una fuerte propaganda sobre la

sociedad española a favor del aborto.

 

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