Autor: Medina González, Guillermo. 
   La auténtica opción del 15 de junio: Alianza Popular o Suárez     
 
 Informaciones.    18/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA AUTENTICA OPCIÓN DEL 15 DE JUNIO: ALIANZA POPULAR O SUAREZ

Por Guillermo MEDINA

A dos meses de las elecciones del 15 de junio, el panorama político y económico es desolador y el

análisis racional de las perspectivas del proceso no induce al optimismo. A riesgos de hacer de

aguafiestas, una exposición realista del cuadro general, sin triunfalismos de quienes no quieren reparar en

ios obstáculos que jalonan el proceso democratizado!", es, sin embargo, necesario para que quienes tienen

responsabilidad política eviten los peligros. Porque cualquiera que sea el porcentaje de posibilidades de

que la democracia se consolide en España, vaya por delante que ésta no será un regalo de la Historia, sino

el fruto de un esfuerzo colectivo. Y cualquiera que sea el desenlace, vaya igualmente por delante la

profunda convicción de que el sistema democrático basado en las libertades públicas representa la única

forma de gobierno civilizada frente a cualquier tentación totalitaria (ideológica) o autoritaria (personal)

que quiera descender a este país a la minoría de edad «tercermundista». La realidad del país deja ver la

desdación política causada por cuarenta años de régimen autoritario y personal. Entre una derecha unida

como partido del miedo, que vive ya y activa ski el liderazgo absolutista de Franco y que no transige ni

cede, sino que halla y explota un potencial electoral en las actitudes anticomunistas, y una izquierda

dividida por los personalismos, que tan pronto se entusiasma en ©I festival revolucionario, los

radicalismos de salón y las banderas republicanas como cede en cuestiones que deberían ser de principio

y se repliega al menor ruido de sables, sólo hay la esperanza de una tercera opción, aún vacfa de

contenido, que llamamos centro. Si es verdad que el centro político es una exigencia de la democracia en

España; si el centro —destinado teóricamente a ser la derecha democrática y reformista una vez diluida la

derecha «ancien regime»— debe impedir la polarización del país; si el centrismo—demócrata, reformista,

moderado— es el único espacio con capacidad dé pacto y negociación entre derecha e izquierda; si a

corto plazo sólo el centro puede gobernar este país democráticamente como alternativa a un continuismo

que sólo es viable con e] apoyo de las bayonetas y frente a una izquierda que no puede ni quiere ser una

alternativa de Gobierno; si la existencia, en fin, de una sólida alternativa centrista —liberal,

socialdemócrata y demócrata cristiana— parece hoy factor esencia! de estabilidad política, entonces, si

todo esto es así, la hipótesis democrática está amenazada. A dos meses de las elecciones, el Centro

Demócrata no ha planteado aún una opción definida. Un planteamiento que tendría un enorme respaldo

en una sociedad mayoritariameníe moderada, que quiere orde.,, estabilidad y paz, pero también libertad,

honestidad y caras nuevas, puede verse malogrado si los dirigentes del centro sólo se preocupan por su

imagen personal e, incapaces de ver más allá de su escaño, no están a la altura de la responsabilidad que

la coyuntura histórica´ les ha puesto en las manos. Porque la quiebra del centra político conduciría a la

bipolarización del país, cuyo reflejo en las próximas Cortés sumiría a éstas en el conflicto entre una

derecha que quiere continuidad, no Constituyentes, y una minoría izquierdista que plantearía la alternativa

republicana.

¿QUIEBRA DEL CENTRO?

Los responsables políticos del centro deben meditar que la cuestión no es encontrar un jugar seguro por

donde salir diputado, sino plantear, en el escaso tiempo que queda, una alternativa que inspire confianza

al país. De otra manera, no podrán quejarse «a posterior!» de que eí voto potencialmente centrista em-

prenda una huida en masa hacia Alianza Popular y que el empresario anímicamente Inclinado al centro —

liberal, demócrata y europeo— opte finalmente por poner tos huevos en otra cesta. En voz alta y

por la directa hay que preguntar a los dirigentes políticos del centro, que mañana vuelven a reunirse:

señores, ¿están ustedes a la altura de las circunstancias o son de tercera división? Tienen pocos días para

contestar a esta pregunta. Para evitar una imagen de frivolidad, indecisión y personalismos. Los

acontecimientos de la última semana inciden decisivamente en el cuadro político. El reconocimiento del

P.G. E. y la reacción fulminante de los anticomu- rustas no van a impedir las elecciones ni tampoco darán

lugar al cese de Suárez —lo cual, por otra parte, no interesa a nadie en estos momentos—. El efecto, sin

embargo, no es de poco alcance: se trata de erosionar la imagen y el poder de Suárez e impedir que se

presente a las elecciones al frente del Centro Demócrata, e incluso obligarle a la neutralidad. Aquí está la

clave de todo el proceso político a medio plazo. La neutralidad de Suárez equivale a su neutralización, y

ésta no sólo conduce al principio del fin de su estrella política, sino también a liquidar uno de los últimos

recursos de relanzamlento y unidad que le queda al Centro Demócrata: la opción clara de Suárez por el

espacio Centro y del Centro por cierto liderazgo de Suárez. Retirado Areilza —que representaba la

posibilidad de un Centro Demócrata autónomo del actual Gobierno—, al C. D. ¡e queda ia posibilidad de

opción Suárez, ahora en peligro por te eventual no presentación de éste. La Alianza vería así crecer

considerablemente sus posibilidades. Su objetivo ha sido bien escogido: Suárez; la cuestión comunista ha

sido sólo el instrumento empleado, porque con comunistas o sin comunistas en la legalidad, los líderes de

Alianza han percibido con claridad que la auténtica opción electoral el 15 de junio es escoger entre Suárez

y la Alianza Popular, Los rumores apuntan ahora a ministros que se «descuelgan» para encabezar la

operación centro, como alternativa a la no candidatura de Suárez. Pero esta variante (improbable) no

tendría suficiente capacidad de arrastre electoral. Queda el recurso a la TVE., cuyo empleo, se cree en las

cercanías de Presidencia, será decisivo. Pero aquí el error puede estar en creer que la TV. inducirá al voto

centrista lo mismo que en su día favoreció el «sí» en el referéndum. Sería el cuarto error grave de Suárez.

Pero de éste —y de los tres primeros— trataremos en otro artículo.

 

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