Autor: Páez, Cristóbal. 
   Nacionalizar la izquierda     
 
 Arriba.    19/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NACIONALIZAR LA IZQUIERDA

NO tiene nada de extraño que la "derecha trate de monopolizar el sentimiento de lo nacional a traves de

símbolos, gritos patrióticos, himnos, etc., pues la izquierda le ha dejado el terreno completamente

despejado para su apropiación. Ignoro hasta qué punto será posible conseguir la necesaria y apetecida

reconciliación nacional, en tanto los distintos partidos políticos carezcan de un mínimo común

denominador que exprese ostensiblemente que. por encima de la división, existen unos valores esenciales

permanentes, a cuyo respeto" y mantenimiento estamos obligados todos por igual. En un espléndido

artículo de Medardo Fraile, publicado en «ABC»-del.pasado domingo, se hace la siguiente sugerencia

utópica: «¿Por qué algunos, por lo menos, de los partidos de izquierda no se olvidan de la" "otra" rutina y

acaban sus mítines con el Himno Nacional, en lugar de cantar la "Internacional"? Música aparte —

concluye el autor—, sería más atractivo, más lógico y más político.» Se trata, sin duda, de una

«sugerencia utópica», pero que es preciso remachar, minuto tras minuto, para ver si nuestros hombres de

la izquierda, a los que nadie puede negar el patriotismo, optan de una vez y para siempre por aceptar esta

mínima y rentable nacionalización del gesto. Cuando veo, por ejemplo, al profesor Tierno Galvan saludar

a sus partidarios con el puño en alto, mi primera e instintiva reacción es llevar, me las manos a la cabeza.

El puño cerrado, el puño amenazante, el puño crispado, le sienta al viejo profesor como a un Santo Cristo

dos pistolas. No le voy a proponer, por supuesto, al líder del Partido Socialista P o p u I ar que cambie el

puño cerrado por la mano extendida, por el saludo a la rom a na . el cual, antes de politizarse, no era sino

el más antiguo, fraterno y universal de los sa-lucios, el saludo de los cristianos, el saludo más abierto,

desarmado y, por ende, tranquilizador que jamas haya adoptado el ser humano porc expresar que va en

son de paz y no dé ira. Veo mejor a Tierno Galván haciendo otro saludo que a veces, prodiga: el de la uve

con los dedos índice y corazón, al modo como lo inventó el viejo Churchill en los amargos tiempos de la

democracia europea insularizada, numan-tinizada en las islas británicas. Inglaterra, al fin y al cabo, es la

más antigua democracia viviente y en materia de polítido y_ costumbres ha sido, como decía Ortega, la

«nurse» de Europa. Insisto en que hay que repetir hasta el límite de la .fatiga y. más allá todavía, la

«sugerencia utópica» de que la izquierda nacionalice su gesto. Quien quiera podrá polemizar hasta la

saciedad el significado de la decisión partidista que voy a exponer seguidamente. Pero, adelantándose a

todos los demás miembros de su familia agna-ticia.y cognaticia, el PCE ha hecho suyo el símbolo

nacional de los colores rojo y guajda, y uno de sus conspicuos militantes, Manuel Es-cobedo, en un

reciente mitin comunista celebrado en Bilbao —leo en los p e r i ó d i-cos—, «hizo historia de la bandera

(nacional), des.de los tiempos de Carlos III, en el siglo XVIII, y su aceptación general por la nación,

dando a la bandera republicana un trato de sentimentalismo». Éstos son los hechos y no pasaré ílé ahí,

para que cada cual los interprete según su leal saber y entender. Sólo añadiré que una izquierda con

subsidíoSi titulaciones, disciplinas, himnos..., extranjeros es una izquierda que se autplimita, que excluye

y que, er> resolución, hiere de alguna manera un montón muy respetable —y aprovechable— de

sentimientos nacionales. Y lo que el país necesita es una izquierda «todo terreno», que no solamente sea

patriótica, sino que, ade; más, lo parezca. ¿Una sugerencia utópica, acaso? El tiempo nos lo dirá. La

izquierda, y muy especialmente el socialismo español, lleva demasiado tiempo tropezando en la misma

piedra. Al lado del neocomunismo es un fósil; sus jóvenes cuadros parecen detenidos en el tiempo. Si no

reaccionan ante la España de hoy, que -no es ni la de Pablo Iglesias ni la de Largo Caballero, que Dios los

coja confesados...

Cristóbal PAEZ

Martes 19 abril 1977

 

< Volver