Autor: Apostua, Luis. 
 Jornada Española. 
 Al final vencedor     
 
 Ya.    11/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Jornada española

AL FINAL, VENCEDOR

CUANDO un mes antes de las elecciones el conde de Barcelona renuncie a sus derechos dinásticos en

favor de Su Majestad don Juan Carlos de Borbón, podremos ver los españoles que ha tenido éxito

histórico su obstinada resistencia a que la Corona fuese manipulada ño importa por quién. En efecto,

Como fruto de esa resistencia, el trono no es suyo, pero son suyas las ideas que allí están. El franquismo,

en general, había concebido a la Monarquía como un apéndice dorado del Movimiento Nacional. Por

ejemplo, el desaparecido profesor Muñoz Alonso, en una conferencia en el Club Siglo XXI, vino a decir

que lo fundamental eran los Principios Fundaméntales del Movimiento y quienes los administraban, y

que la Corona sería la adjetivación monárquica del entramado político y de intereses. No ha sido así. Don

Juan Carlos ejerció desde el trono las ideas ya veteranas de su padre. La. Monarquía es una institución

niveladora y reconciliadora o no es nada. Ahora, esta cesión de derechos ha finalizado los aspectos

familiares de la cuestión, orillando las últimas divergencias de sabor legitimista que pudiera haber.

LA abrumadora proliferación de candidaturas, grave y despistante factor de estas elecciones, no nos debe

desorientar. De hecho, no desorienta, como lo revelan las cifras de los sondeos de opinión. Cualquier

grupo político puede hacer una candidatura, pero el público no está dispuesto a votar a cualquier grupo.

Es decir, la tensión personalista y partidista existe en las capitulas políticas, pero no en el electorado.

Leyendo en paralelo la relación de candidaturas y los sondeos de opinión se percibe que muchas

candidaturas se han presentado únicamente como testimonio—humanamente respetable—de un grupo

político, pero no tienen eco en el electorado. Es decir, es difícil reconocer en la fragmentada clase política

a la masa de los españoles que se dirige hacia opciones claras y trata de aglutinar sus votos. Ahora bien: la

cifra de indecisos es también significativamente alta. Normalmente, una elección debe arrancar a partir

del supuesto de que los indecisos son un 5 por 100, y cuando vemos que entre nosotros hay hasta el 29

por 100, es cosa de preguntarse no por las causas—de todos conocidas—, sino por el urgente remedio.

Luis APOSTUA

 

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