Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
   Primer toque de atención     
 
 Ya.    10/05/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

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PRIMER TOQUE DE ATENCION

UN partido político ha lanzado a la riada de la publicidad esta consigna: "Nuestro socialismo trae a.ire

nuevo y democrático". Pero el jefe del mismo partido ha dicho casi simultáneamente: "Si gana por un

amplio margen Alianza Popular, .aquí no va a consolidarse nada. Volverá la lucha a la calle, a los talleres:

que lo tengan presente todos." Naturalmente, el partido tan directamente atacado es lo de menos, y si se

quiere, igual podía haber sido otro: aquel que fuese considerado, corno el enemigo antimarxista .número

uno. Insistimos: el nombre es aparte, y lo importante y grave, la amenaza. No hace muchos días denun-

clamos aquí la existencia en España de un "eurosocialis-mo", es decir, de una violencia enmascarada con

flores, palomas de la paz y auroras radiantes, encubridoras del eterno puño cerrado. De aquella denuncia a

hoy han pasado bien pocas fechas.

¿ "Aire nuevo y democrático" ?

García-Escudero ha recordado´ el proceso de radicalización del socialismo durante el año 1936, y aún

antes. Sus palabras son bien certeras: "El comunismo no tiñó de rojo al socialismo; será más exacto decir-

que, por haberse tenido de rojo el socialismo, le fue rnás fácil al comunismo infiltrarse en él." La

responsabilidad, añadimos nosotros, es, pues, mucho mayor del socialismo que del comunismo. El 23 de

enero de 1936 el socialista—entiéndase bien, socialista—Francisco Largo Caba-gero, ya en plena

campaña electoral, dice en el periódico de su partido: "No volveremos más a guardar la vida - de nuestros

enemigos, como el 14.de abril. Eso, jamás." Seis días después Largo Caballero .pronuncia un mitin en

Alicante. ¿Qué proclama allí? .Esto: "Si,.triunfan las derechas no habrá remisión; tendremos que ir

forzosamente a la guerra civil declarada."

Hemos puesto un ejemplo tan sólo.

Alo largo de su historia España ha sufrido castigos singulares, suponemos que por sus muchas culpas.

Ha sufrido, particularmente, el egoísmo de quienes no han querido cumplir la justicia distributiva y el

rencor de aquellos que han tratado de salvar ese bache profundo, buscando uh; camino aparentemente

muy corto y desgraciadamente bira sangriento: el de echarlo todo patas arriba y terminar expeditivamente

con el contrario. He tenido ocasión de ver muchas películas documentases antiguas donde aparece una

sociedad obrera, y campesina española de hace cuarenta, cincuenta o sesenta años. Es triste y curioso el

espectáculo de aquellas mujeres espigando entre los- restos de la siega, o a los hombres haciendo, a pura

fuerza de brazos, los -trabajos más rudos, construyendo una, carretera o un embalse casi "a pulso". Son

gentes pequeñas y-que. nos parecen mas pequeñas aún de lo que son, con su atuendo, su sequedad física,

sus gestos torpes. Se diría que pertenecen más ai siglo XIX, o antes aún, que al siglo XX. Pero, para

contraste, consuelo y lección podemos repasar la historia escrita y gráfica de la evolución social de otros

países. La Inglaterra que se industrializa no arroja del campo a la ciudad gentes más robustas, mejor

alimentadas y más humanamente tratadas. La duración de las jornadas de trabajo, el empleo despiadado

en éste de niños y mujeres, la estadística de enfermedades y muertes prematuras no es para alentar a

nadie. Pero de esa. situación infrahumana para la clase trabajadora—donde -el egoísmo de los pudientes

tenía un papel destacadísimo—se sale sin más violencias que las mínimas, y, por supuesto, sin luchas

civiles. Y de. otros países, que no sean Inglaterra, podría decirse cosas semejantes. Ello plantea una

tajante verdad: no hay más fatalismos históricos que los que el propio hombre alumbra, con su torpeza y

su temperamento.

COJAMOS otra vez el libro de la historia de España. Pero no un texto determinado, sino un manojo de

ellos, escritos por ´destacados actores de aquella historia. De Azaña son estas palabras: "Una derrota

electoral, y sus desastrosas consecuencias, debe repararse en el mismo terreno"; y seguidamente, y

refiriéndose a aquella revolución que se tomó por Su mano la justicia, tras un fracaso en las urnas: "Se

habían cometido muchos errores, subsana-bles en lo venidero, pero el error de promover una insurrección

no era subsanable y pondría a la República y a España en trance de perdición." . Marcelino Domingo,

ministro varias veces durante esa República, y nada- moderado, escribió por su ´-parte que si se daba

legitimidad a la violencia por quienes más fervoros amente consideraban legítimo el régimen republicano,

se habría abierto, en pleno siglo XX, "el período de las luchas que ensangrentaron y esterilizaron -el siglo

XIX y que terminaron, en definitiva, consolidando los principios y los procedimientos ´ opuestos a los

democráticos". Claudio Sánchez Albornoz no me desmentirá estas palabras suyas: "La revolución de

octubre acabó con la República"; es decir, la violencia terminó con la democracia, que en España había

sido implantada teóricamente entre dificultades de todo orden y que pudo consolidarse, al menos en

principió.

SIRVIÓ de lección la experiencia?

Abierto el período electoral de 1936, tal lección se esfumó definitivamente. Nadie respetarla lo que

saliese de los comicios, si triunfaba el contrario, porque se había llegado a un punto extremo del que ya

era difícil volver. Y en la vida de los pueblos, como en la de los hombres, no siempre hay jornadas

recuperables. Reproducir aquí lo que se dijo en la campaña electoral aquella, en los dramáticos días de

enero y febrero de 1936, nos llevaría muy lejos. Muchos lo han hecho ya, y yo un poco también.

Pertenece ya al pasado y ojalá no s´alga nunca más de sus páginas amarillentas. Pero no es bueno que el

español comience a perder la calma» Nuestra impaciencia es siempre pereza, soberbia y falta de confianza

en sí mismos. Y si se inspira en principios extremosos puede traer el miedo. Tampoco el miedo es aconse-

jable. Los seres pacíficos acorralados suelen volverse terribles en Unos segundos y hasta acabar

enloqueciendo. Un estudiante inteligente, que acabó mandando un cuerpo de ejército en el Ebro,

comunista militante un, día y baja en el partido otro, fallecido ya y poco cita.de, Manuel Tagüeña, apunta

en sus excelentes memorias que "la impaciencia de los vencedores y el temor de los vencidos (en las

elecciones de 1936) "extendió inevitablemente un clima de violencia en todo el país"; tras él vendría la

guerra sin remisión. Na extrememos el clima de España, ahora que estamos ya en la templada primavera,

prólogo del caluroso verano nacional.

José Manuel MARTÍNEZ BANDÉ

 

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